FICHA TÉCNICA



Título obra Moby Dick

Notas de autoría Herman Melville /autor de la novela homónima; Orson Welles / adaptación; Ignacio Retes / traducción

Dirección Ignacio Retes

Elenco Narciso Busquets, Aarón Hernán, Jacqueline Andere, Héctor Andremar, José Carlos Ruiz, Tomás Bárcenas, Jorge Mateos, Daniel Villarán, Álvaro Carcaño, Roberto Rivero

Escenografía Julio Prieto

Iluminación Julio Prieto

Música Leonardo Velázquez

Espacios teatrales Teatro Xola

Notas Daniel Villarán puede ser Daniel Villagrán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 4 agosto 1963, pp. 2 y 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Moby Dick]

Mara Reyes

Moby Dick. Teatro Xola. Autor, Herman Melville. Adaptación, Orson Welles. Traducción, Ignacio Retes. Dirección, Ignacio Retes. Escenografía e iluminación, Julio Prieto. Música, Leonardo Velázquez. Reparto: Narciso Busquets, Aarón Hernán, Jacqueline Andere, Héctor Andremar, José Carlos Ruiz, Tomás Bárcenas, Jorge Mateos, Daniel Villarán, Álvaro Carcaño, Roberto Rivero, etcétera.

El Seguro Social ha escogido en esta ocasión la adaptación que para teatro realizó Orson Welles de la novela del escritor estadunidense Herman Melville.

A través de una anécdota trivial, como es la caza de una ballena, el autor proyecta sus ideas con respecto al destino del hombre y a los problemas que su religión le plantea. Los símbolos son en ocasiones obvios. Como punto primordial Melville hace un paralelo entre el viejo marino y sus acciones, con acciones narradas en la Biblia. Postula el autor que no se puede retar a Dios. Su personaje principal aparece representado en una especie de desdoblamiento. Su imagen exterior es la de un hombre cruel, vengativo, poseído por el rencor, que se siente lo suficientemente fuerte para ser rebelde y para encararse a Dios, y está representada por el capitán Ahab, y la otra faceta de su personalidad, en la que se adivina el temor a Dios, y sobre todo la sensación de no haberse encontrado a sí mismo y de haber perdido la capacidad de juicio, la razón, está representada por el negrito Pip, que no es otra cosa que el complemento de sí mismo. ¿Por qué el personaje del negrito Pipse obliga a que lo represente una mujer? Podrían darse varias explicaciones: una podría ser la de que es una forma de que la censura no brinque en las escenas de ternura, casi amorosa, entre el capitán Ahab y el negrito Pip; otra, que de este modo está representado lo que el capitán tiene de dulzura, de cobardía, de refinamiento. En rigor, ninguna de estas explicaciones es satisfactoria.

En cuanto a la construcción dramática, toda la introducción es bastante superflua. Se ha dicho mil veces que a una obra no debe sobrarle nunca una palabra, menos una escena; y en la introducción de esta obra sobra más de una palabra y más de una escena, se pretende justificar el que en el foro no aparezca una ballena, lo cual es de tan evidente, innecesario; y lo excesivamente discursivo de los diálogos, asumiendo la disculpa de que el teatro es poesía; se puede aceptar la justificación y la disculpa, pero ¿a qué viene ese recitar de diálogos de otras obras, criticando a los “divos” y directores de escena, en una obra que no tiene nada que ver con esos problemas? Esas escenas son realmente pegotes que bien podían suprimirse con lo cual la unidad de la obra saldría ganando.

Ahora que el que en la introducción se nos quiera convencer de que lo discursivo en una obra teatral no es defecto, no quiere decir que se nos haya convencido, y la obra, quieran o no los autores, resulta demasiado pesada debido a la extensión exagerada de sus parlamentos.

Muy digno de felicitación es el director, Ignacio Retes, por la fuerza dramática extraordinaria que supo imprimir a la obra. Sobresale fundamentalmente la forma en que supo aprovechar las áreas del escenario; la plasticidad de sus composiciones y sobre todo la manera de usar la iluminación. En este aspecto Retes y Julio Prieto coordinaron de manera muy efectiva los recursos y posibilidades casi ilimitadas que dan las luces. La escena en que se alternan los monólogos, por un lado del capitán Ahab, por otro de Starbuck y de Stubb, estuvo admirablemente resuelta a base de reflectores situados con distintas perspectivas. Si la obra trata de despertar la imaginación del público, la puesta en escena realmente logra estimularla, siendo la iluminación que realizó Julio Prieto, el elemento decisivo de este estímulo. El barco, gracias a esa proyección llena de plasticidad e incluso de poesía, aparece ante nosotros más que sugerido, palpable; es indiscutiblemente dicha iluminación uno de los mayores aciertos de la puesta en escena de este Moby Dick.

La actuación de Aarón Hernán colmaría las exigencias de cualquier público por severo que fuera; estamos ante la presencia de un actor que se va formando ante nuestros ojos, adquiriendo día a día una solidez y un dominio técnico asombroso.

Narciso Busquets es un actor que proyecta al público todas las emociones que anidan en el trágico personaje [p. 3] del capitán Ahab; es un actor completo, potente, con magnetismo personal.

Jaqueline Andere, Héctor Andremar y José Carlos Ruiz consiguen interpretaciones sumamente sobresalientes, bien matizadas y de una justeza teatral irreprochable.

Muchos son los actores que toman parte en esta obra y resultaría largo enumerar los aciertos de cada uno de ellos, pero todos realizan un encomiable trabajo, descontando al actor que hace el papel del tercer contramaestre, quien cada vez que abría la boca era para demostrar que una buena sopa también tiene el peligro de que en ella le caiga una mosca; por fortuna esta mosca no dañó todo el platillo. Muy bien, en cambio: Jorge Mateos, Tomás Bárcenas, Daniel Villarán, Álvaro Carcaño y Roberto Rivero.

La música de Leonardo Velázquez contribuyó a dar una atmósfera propicia a todo lo largo de la tragedia.

Si la obra, en mi concepto, como texto literario, tiene grandes méritos, como obra teatral deja mucho que desear. No obstante, la puesta en escena está llena de aciertos y es digna de aplauso.