FICHA TÉCNICA



Título obra Corazón arrebatado

Notas de Título The hasty heart (título en el idioma original)

Autoría John Patrick

Notas de autoría Antonio Hass / traducción

Dirección Xavier Rojas

Elenco Virginia Gutiérrez, Jesús Colín, Felipe Santander, Carlos Bracho, Bruno Márquez, Guillermo Herrera, Jorge Zamora (Zamorita), Alejandro Guerrero, Salvador Machado

Escenografía Armando Gómez de Alba

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 21 julio 1963, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Corazón arrebatado

Mara Reyes

Teatro del Granero. Autor, John Patrick. Traducción, Antonio Hass. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, Armando Gómez de Alba. Reparto: Virginia Gutiérrez, Jesús Colín, Felipe Santander, Carlos Bracho, Bruno Márquez, Guillermo Herrera, Jorge Zamora, Alejandro Guerrero y Salvador Machado.

En The hasty heart –título original de esta obra– John Patrick expone sus puntos de vista acerca de la convivencia humana. Sus experiencias en la Primera Guerra Mundial le hacen escribir esta pieza en la que hace aparecer como una paradoja el hecho de que cuando los hombres están luchando entre si en una guerra, es cuando más cerca están unos de otros. Hace nacer la esperanza en la Humanidad precisamente de entre las ruinas de ella. Sitúa la acción en un hospital, en una sala de convalecientes, lugar en donde un hombre –Lachie– que no confiaba en los hombres, encuentra la fe en la vida y aquilata la amistad, aunque sea a punto de morir. Llegando a decir, en uno de los diálogos esta idea igualmente paradójica: El mundo sería más sano, si todos estuvieran enfermos.

¿Por qué habla así Lachie? Porque es en el dolor en donde este personaje ha encontrado la amistad, son los enfermos quienes le han brindado apoyo, ayuda, generosidad; porque es ahí donde un ser humano le ha dicho “Yo soy la gente a quien conozco. Soy una mezcla de todo lo que he leído y visto. Aquí me apodero de una virtud... Allí de una debilidad. Soy todos los que alguna vez he amado”.

John Patrick estrenó esta obra el 3 de enero de 1945, en plena guerra, cuando los ejércitos de todos los países estaban minados ya por varios años de destrucción, de bombardeos, de muerte y es precisamente en ese momento cuando él expresa su fe en el pueblo y en la fraternidad humana.

Sus personajes son de distintos países y lugares, pero todos acaban uniéndose en un abrazo de amistad, sin importar el lugar de origen, las patrioterías; importa sólo su calidad de seres humanos. Proclama el autor que debe haber unión y amistad, que no se puede morir solo, que no se puede sacrificar por amor propio la comunicación con otros hombres, que lo más importante es la comprensión entre los seres humanos. John Patrick además de sus obras teatrales, escribió para radio y para el cine. Quizá ello influyó en su estilo, en momentos demasiado sentimentalista, casi melodramático.

Es una obra que ni pintada para Xavier Rojas, quien realizó una dirección escénica veraz, convincente, llena de vida, de agilidad. No es de extrañar que muchas buenas señoras lloren a lágrima viva, en las últimas escenas de la obra, ya que Rojas supo sacar de ellas toda la emotividad que el texto contenía. La escenografía no pudo ser más apropiada. La actividad de Rojas es abrumadora, y en esta ocasión se saca la espina de esa obra que todavía mantiene en cartel Los maridos engañan de 7 a 9, la cual no entra en el género teatral que siempre ha preferido este director.

La presentación de un nuevo actor, cuando es afortunado, siempre es motivo de satisfacción. Hoy se trata de Jesús Colín, quien saca adelante el papel central de la pieza, con aplomo, seguridad y brillantez. Su buena voz y su presencia escénica van también en su beneficio. Es en suma, una figura que promete.

Virginia Gutiérrez, actriz cuya madurez ya es un hecho, a pesar de su juventud, en momentos escasa de naturalidad, sabe sin embargo respetar el carácter de los personajes que le son encomendados.

Felipe Santander (que siempre es mejor como actor que como autor) logra una muy buena interpretación del tartamudo yanqui.

Es preciso reiterar los buenos augurios para el actor Carlos Bracho, quien toma en esta ocasión a un personaje totalmente distinto al de El guardián y lo saca con la misma limpieza, el mismo ángel y la misma propiedad.

Guillermo Herrera, retorna con más éxito que en su intervención anterior en la reposición de Inclán Hoy invita la Güera. Su voz, pequeña, no se prestaba para un teatro de la dimensión del Fábregas; en cambio aquí en el Granero puede entregarse con toda sinceridad a la interpretación, sin preocuparse de si se escuchará su voz en la última fila de butacas.

Muy bien Bruno Márquez, a quien habíamos visto en otras obras con actuaciones más rebuscadas, en cambio la que hace en esta ocasión logró darle una vivacidad natural, muy afortunada.

Demasiado engarrotado Alejandro Guerrero revela poca experiencia teatral. Y discreto Salvador Machado. Jorge Zamora (Zamorita), realiza un trabajo más bien pantomímico, de buena factura y con fuerza dramática.