FICHA TÉCNICA



Título obra Debiera haber Obispas

Autoría Rafael Solana

Dirección Hanns Anselm Perten

Elenco Gloria Marín, Alicia Montoya, Libertad Ongay, Luis Aragón, Fernando Mendoza, Carlos Monden, María Elena Orendáin, Alejandro Anderson

Notas de escenografía Antonio López Mancera / realización a partir del boceto original de la producción alemana

Notas de vestuario Berta Mendoza López / realización a partir del diseño original de la producción alemana

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Eventos Temporada de Oro de Teatro Mexicano del INBA

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 7 julio 1963, p. 2.




Título obra Los maridos engañan de 7 a 9

Autoría Sixto Pondal Ríos y Carlo Olivari

Dirección Xavier Rojas

Elenco Carmen Molina, Blanca Sánchez, Rubén Rojo, Óscar Ortiz de Pinedo, Miguel Suárez, Marina Marín

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 7 julio 1963, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Debiera haber obispas, Los maridos engañan de 7 a 9]

Mara Reyes

Debiera haber obispas. Teatro Fábregas. Autor, Rafael Solana. Dirección, Hanns Anselm Perten. Boceto de escenografía y diseños del vestuario originales de Alemania. Realización escenográfica, Antonio López Mancera. Realización del vestuario, Berta Mendoza López. Reparto: Gloria Marín, Alicia Montoya, Libertad Ongay, Luis Aragón, Fernando Mendoza, Carlos Monden, María Elena Orendáin y Alejandro Anderson.

La Temporada de Oro del Teatro Mexicano que ya se ha prolongado por más de un año, ha repuesto en esta ocasión la obra de Rafael Solana Debiera haber obispas. Para montarla en escena fue contratado el director Hanns Anselm Perten, que fue encargado de escenificar esta misma obra en Rostock, Alemania. La dirección que ha hecho de la comedia deja ver una concepción totalmente diferente a aquella de los directores mexicanos que la han montado anteriormente. Éstos se han acercado más bien al terreno costumbrista preocupándose por retratar los tipos más característicos de la provincia mexicana; en cambio Hanns Anselm Perten cuidó más el aspecto farsístico de la comedia, con gran imaginación y con una sensibilidad verdaderamente creadora. Creo sin temor a equivocarme que el propio autor de la comedia, al escribirla, tuvo una concepción más cercana a la de los directores mexicanos que han interpretado su obra; no obstante esto, la dirección de Hanns Anselm Perten no se puede decir que haya traicionado la idea de Solana, sencillamente enfatizó otros aspectos de ella, pero que estaban dentro de la comedia, o sea, no los inventó.

Este director alemán tuvo aciertos tan señalados como la forma de ligar un cuadro con otro, a base de pantomimas, semidanzas, que con música mexicana hizo ejecutar a los personajes. Ese aprovechamiento del acervo musical de México en ningún momento aparece como un anhelo de hacer folklorismo innecesario, sino sencillamente quiere aprovechar todo elemento creador que pueda aportar algo positivo a la realización escénica, dando a la obra una nueva perspectiva.

Algo que realmente llama la atención es el diseño del vestuario, original de Alemania, por medio del cual el director tipifica más que el exterior de los personajes, el interior de ellos, es decir, su sicología. Las pelucas, el maquillaje y el colorido, eran por sí mismos la mejor crítica del “vicio”, el mejor retrato de las intenciones más ocultas de cada personaje y por añadidura la mejor forma de crear una atmósfera que obliga al espectador a no perder de vista ni por un minuto el carácter satírico de la situación.

La escenografía es igualmente apropiada, imaginativa y de una gran belleza plástica. Una gran persiana que corre a todo lo ancho del foro fue de un atinado buen gusto. Toda ella habla muy en favor de los escenógrafos alemanes.

Gloria Marín se esfuerza por hacer un papel decoroso. Todos los estados anímicos por los que atraviesa su personaje fueron proyectados con gran soltura; lo mismo el resentimiento ante la humillación de que ha sido objeto, como la picardía en los momentos en que se venga de aquellos que después de haberla criticado, la adulan.

Los demás personajes a través de los cuales se desenvuelve la acción y que son a la vez los representantes de toda una comunidad que se adivina con sus mismas características e imperfecciones, fueron interpretados magníficamente.

Libertad On gay muestra una gran experiencia; lo más difícil para un actor es salir bien en un papel predestinado a pasar inadvertido. Alicia Montoya desempeña su cometido con todo el profesionalismo que la caracteriza, al interpretar con discreción un papel que se prestaba para dislocarlo, pero logra dar a éste simpatía. Fernando Mendoza y Luis Aragón, cuidados, sin desequilibrarse en ningún momento, realizan una interpretación bien entendida. De los personajes que cuentan con una mayor dosis de caricatura, y que son Tomás, Aurora y Cosme, los dos primeros fueron personificados con todo acierto por Carlos Monden y María Elena Orendáin; se advierte que el director prácticamente les puso gesto por gesto, actitud por actitud, por lo que resultaron dos trabajos extremadamente cuidados. El último, Cosme, fue interpretado por Alejandro Anderson, quien no estuvo a la altura del resto de los actores; artificial, inexperto, su dificultad de pronunciación fue francamente en su perjuicio.

La realización que se hizo en México de la escenografía, –por Antonio López Mancera– y del vestuario, por Berta Mendoza López, lo mismo que el conjunto de músicos y bailarines, contribuyeron a dar a la obra un realce inusitado.

Felicitamos asimismo a Rafael Solana por esta nueva versión de su divertida comedia, Debiera haber obispas.

Los maridos engañan de 7 a 9. Sala Chopin. Autores, Sixto Pondal Ríos y Carlo Olivari. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, David Antón. Reparto: Carmen Molina, Blanca Sánchez, Rubén Rojo, Óscar Ortiz de Pinedo, Miguel Suárez, Marina Marín, etcétera.

Xavier Rojas se va volviendo el director de las sorpresas. Tan pronto pone en escena una obra de vanguardia, como otra de retaguardia, como una comedia musical. ¿Versatilidad? ¿Comercialismo? Realmente el calificativo no importa mucho.

Muchos autores han pensado que porque una obra teatral lleva por objeto el de divertir a un auditorio, no necesita regirse por ninguna técnica, pero, señores autores, también las comedias son teatro. En Los maridos engañan de 7 a 9 no hay lo que pudiera llamarse un conflicto, una acción. Se hacen bromas, chistes, se presentan situaciones absurdas, personajes inverosímiles, como si sólo se tratara de hacer una ensalada bien condimentada.

Es una lástima desperdiciar a actrices como Carmen Molina, de quien en esta obra lo único que se puede decir es que es elegante para vestir –aunque el teatro no es un desfile de modas– o como Blanca Sánchez que hace un buen intento por realizar un doble papel. Óscar Ortiz de Pinedo que tanto hace reír a su público, es y será siempre sólo Óscar Ortiz de Pinedo. Ni Miguel Suárez, ni Rubén Rojo –el del papel inverosímil– ni ningún otro de los actores logran sacar adelante este remedo teatral de Sixto Pondal Ríos y Carlo Olivari –dicen que lo que no ven dos ojos, lo ven cuatro, aquí tal parece que ni con cuatro alcanzó.