FICHA TÉCNICA



Título obra El alquimista

Autoría Ben Jonson

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Carlos Ancira, Emma Teresa Armendáriz, Augusto Benedico, Carlos Bribiesca, Sergio Bustamante, Ángel Casarín, Ricardo Fuentes, Ángel Pineda, Enrique Reyes, María Rubio, Felipe Santander, Arturo Soto Ureña

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Teatro Club

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 23 junio 1963, pp. 4 y 8.




Título obra Tchin-Tchin

Autoría François Billetdoux

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Leonor Llausás, Guillermo Orea, Pablo Leder, Bernardette Landrú, Humberto Huerta, Stella Brunette, Luis Erazo, Mario Ochoa

Escenografía Manuel Felguérez y Fernando García Ponce

Espacios teatrales Teatro 5 de Diciembre

Notas Bernardette Landrú puede ser Bernadette Landrú

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 23 junio 1963, pp. 4 y 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El alquimista

Mara Reyes

Teatro Orientación. Autor, Ben Jonson. Dirección, Rafael López Miarnau. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Carlos Ancira, Emma Teresa Armendáriz, Augusto Benedico, CarlosBribiesca, Sergio Bustamante, Ángel Casarín, Ricardo Fuentes, Ángel Pineda, Enrique Reyes, María Rubio, Felipe Santander y Arturo Soto Ureña.

Ben Jonson, autor de El alquimista, fue contemporáneo de Shakespeare por quien sentía admiración y afecto, a pesar de las pullas que se tenían entre sí. Su obra más conocida Volpone, la llevó a escena José de Jesús Aceves en México, en las épocas en que funcionaba el teatro Caracol, en un sótano de la calle de Cuba. En El alquimista se encuentran si no situaciones similares a las que se hallan en Volpone –su obra maestra– sí caracteres parecidos: el criado habilidoso que engaña a todos con el objeto de aligerarlos de sus monedas y muchos otros; Ben Jonson era un autor interesado sobre todo en la pintura del ambiente, más que en la discusión de los problemas de la vida que tanto preocupaban a su genial contemporáneo.

En El alquimista, como en Volpone, no deja en ningún momento de presentar a sus personajes con un gran sentido humorístico: la charlatanería recibe su justo castigo, el arrepentimiento lo doblega, como buen cristiano que era.

Ben Jonson procura no salirse de los cánones y esto quizá se deba a su interés por los clásicos. La agilidad con que se desenvuelven las escenas en El alquimista y el tono satírico de sus diálogos acercan la obra a la farsa, sin que llegue a ella, quedándose en la comedia de enredo, ambiental, que no lleva otro objeto que la crítica de distintos personajes de la sociedad burguesa, como son el personaje que interpreta Carlos Ancira, o los puritanos, a los que no pierde oportunidad de herirlos con su saeta; es más que probable que al ironizar sobre éste o aquél personaje Jonson estuviera dirigiendo sus dardos a algún contemporáneo suyo, pero el hecho de que hoy no sepamos quién pudo ser aquel contemporáneo no hace perder vigencia a la severa crítica que hace de los tipos cuya bajeza descubre, y que aún podemos encontrar en nuestra época.

En lo que se refiere a la puesta en escena, el director, Rafael López Miarnau, cuidó sobre todo de dar la atmósfera que las situaciones y la época requerían. Rafael López ha sabido crear en su compañía una seriedad, una disciplina y un entusiasmo que hace de las representaciones una manifestación de verdadero arte.

Sergio Bustamante, en momentos, pícaro del Renacimiento y en otros “rebelde” del siglo XX, proyecta simpatía por su forma espontánea de actuar.

Emma Teresa Armendáriz no tiene en esta ocasión un papel de lucimiento. Al tratar de dar un carácter italianizante a su personaje, le dio más bien un acento español, pero su trabajo es limpio y lo desempeña con el amor de siempre.

Augusto Benedico sorprende con la magnífica personificación que hace de ese burlador burlado que es el alquimista.

Carlos Ancira, recuerda en cierta forma aquel personaje que interpretó en La mandrágora y no es extraño, dado el carácter italianizante de la comedia; su trabajo es como siempre, excelente. Sería imposible enumerar las virtudes de cada uno de los actores, pero puede asegurarse que todos ellos: Ángel Casarín, Carlos Bribiesca, Ricardo Fuentes, Ángel Pineda, Enrique Reyes, María Rubio, Felipe Santander, etc. realizan interpretaciones dignas de encomio.

Profesionalismo, dedicación amor a su trabajo, armonía de equipo y limpieza son las características de este grupo, Teatro Club, que sin lugar a dudas es uno de los mejores de nuestra capital.

Tchin-Tchin. Sala 5 de Diciembre. Autor, François Billetdoux. Dirección, Alexandro Jodorowsky. Escenografía, Manuel Felguérez y Fernando García Ponce. Reparto: Leonor Llausás, Guillermo Orea, Pablo Leder, Bernardette Landrú, Humberto Huerta, Stella Brunette, Luis Erazo y Mario Ochoa.

Billetdoux, es un autor que ha causado revuelo en Francia por su fuerza dramática, su sencilla exposición, su denuncia de una clase social que él ve en decadencia, su forma directa de plantear los [p. 8] problemas humanos y por la forma en que maneja los diálogos y las situaciones sicológicas. No es un teatro realista, tampoco simbolista, es una protesta que se sirve de personajes reales a través de los cuales se adivina un mundo. Cuando presenta un vicio, no es sólo el vicio el que recibe su ataque, sino todo lo que yace en el substrato de ese vicio: formas de educación, formas de convivencia, formas de adaptación –o inadaptación–, al medio, formas de relación filial, conyugal o erótica, etc...

Para la representación se sirve Alexandro, como en anteriores obras, de todos los elementos teatrales para crear su atmósfera, exprimiendo sus posibilidades al máximo. Son los personajes mudos los que hacen el ambiente, los que dan la tónica. Entre estos seres que pululan por el mundo, se mueven los agonistas, hablando en nombre de todos, como corifeos, bebiendo en nombre de ellos, riendo y muriendo también en su nombre.

Domina Alexandro la escena y a ese aliado que tiene en la mímica al cual ha sabido recuperarlo para el teatro. Además es imaginativo y la imaginación empleada con conocimiento se vuelve un factor insustituible para la escena.

La forma en que los escenógrafos, Manuel Felguérez y Fernando García Ponce resolvieron la escenografía a base de reproducciones de cuadros famosos de Picasso, Braque, etc... no pudo ser mejor.

Las actuaciones de Leonor Llausás y de Guillermo Orea, son insuperables. Escenas como aquella en que ambos se conocen, cuando ella aún disimula al beber el ron en una taza de té, o como aquella en que los dos gritan a los vecinos su verdad mientras el hijo de ella permanece encerrado dentro del ropero, y muchas otras, como las del mercado, son verdaderas cátedras de actuación. Pablo Leder, tiene momentos brillantes, a pesar de que su pronunciación, aún deja que desear, pero sabe proyectar lo que se propone.