FICHA TÉCNICA



Título obra La señora en su balcón

Autoría Elena Garro

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Lourdes Canale, Carlos Ancira, Elda Peralta, Carlos Bribiesca, Alejandro Jodorowski,Humberto Huerta

Escenografía Lilia Carrillo

Vestuario Lilia Carrillo

Espacios teatrales Teatro 5 de Diciembre

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 28 abril 1963, p. 2.




Título obra Un corazón en la corteza

Autoría Óscar Ayala

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Lourdes Canale, Carlos Ancira, Elda Peralta, Carlos Bribiesca, Alejandro Jodorowsky, Humberto Huerta, Juan de Saro

Escenografía Lilia Carrillo

Vestuario Lilia Carrillo

Espacios teatrales Teatro 5 de Diciembre

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 28 abril 1963, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[La señora en su balcón, Un corazón en la corteza]

Mara Reyes

La señora en su balcón. Teatro 5 de Diciembre. Autora, Elena Garro. Dirección, Alejandro Jodorowsky. Escenografía y vestuario, Lilia Carrillo. Reparto: Lourdes Canale, Carlos Ancira, Elda Peralta, Carlos Bribiesca, Alejandro y Humberto Huerta.

Es una lástima que las obras de Elena Garro no sean llevadas a escena con más frecuencia: su calidad poética, su valor dramático y la hondura con que aborda los conflictos más íntimos del hombre de hoy, hacen de sus piezas verdaderas joyas del teatro.

Un positivo acierto de Alexandro Jodorowsky, que vuelve a la escena como director de teatro de vanguardia, sin darse por vencido, ha sido la elección de La señora en su balcón, de Elena Garro, obra que nos habla de la frustración del hombre y de su soledad. En ella, a base de situaciones sintetizadas a1 máximo, en un lenguaje poético a la vez que directo y sin rebuscamientos, se nos aparece la civilización del hombre como algo que en lugar de llevar a la Humanidad a una elevación de sus ideales, lo mecaniza y lo priva de la alegría de vivir, minando su anhelo de belleza y su esperanza de una posible convivencia entre los hombres, quienes en lugar de aprender a comunicarse, van aislando sus respectivas soledades, hasta mutilarse a sí mismos, haciéndose contemplativos hasta llegar a una muerte virtual, antes de física. La niña comienza por descubrir los ideales, pretendiendo ir en busca de ese muladar, en el que los hombres han tirado todo lo que era bello, hasta ser destruida por la incomprensión del resto del mundo que le exige vivir sin ideales, con el mismo vacío interno de todos los que fracasados no han sabido descubrir lo que es la vida y se conforman con una existencia hueca sin sentido. La señora en su balcón es el drama de la frustración, de la soledad, de la incomunicación y la angustia que se vive en nuestros días.

De notable se puede calificar la puesta en escena que de la obra hizo Alexandro. La escenografía de Lilia Carrillo puede decirse que es magnética, el “balcón” es una obra maestra, ese balcón que es como un espejo en el que se ve cómo ha sido el pasado y cómo será el futuro, que da la simultaneidad de los siglos como si ellos pudieran verse, a un tiempo, como un eterno presente.

La técnica de que se sirve Alexandro, de la que se ha servido siempre, es mitad simbólica, mitad pantomímica y lleva por objeto utilizar cada uno de los recursos del actor, lo mismo el gesto, que el movimiento; lo mismo la nariz que un cabello, para lograr una expresión más completa, más directa, más emotiva.

Consigue sobre todo, dar una atmósfera a su teatro que da no sólo consistencia a la acción, sino que la hace trascendente.

Lourdes Canale hace una creación de su personaje que vive ante el público varias etapas de su vida, primero la infancia en la que desea ir en busca de la belleza, a pesar de las advertencias del Profesor, representante de la sociedad; después la adolescencia y la madurez en las que vuelve a encontrarse ante otros representantes de esa sociedad que se engaña a sí misma, que trueca lo que pudieran ser sus valores espirituales por intereses bastardos, que ha hecho de la cultura una cárcel; del amor, un comercio o un intercambio de agresiones embadurnadas de costumbre, de conformismo, de rencor, de frustración compartida.

La calidad de la interpretación de Lourdes Canale, en esta ocasión es bien superior a todo lo hecho por esta actriz con anterioridad, inclusive su trabajo en el teatro japonés “Noh Moderno” que llevó a cabo hace algún tiempo en el Teatro del Granero.

Carlos Ancira vuelve a ser el gran actor que se transforma, que derriba las fronteras de una personalidad, para llegar a tener tantas como infinitas pueden ser el número de personalidades que habitan en las páginas de la historia teatral. Carlos Ancira, por la calidad de su interpretación, nos recuerda la época de Fin de partida, La lección, Las sillas, La sonata de los espectros, obras en las que se perfiló como el más grande actor de nuestros escenarios; y Carlos Ancira sigue siendo el múltiple, el mutable, el profundo, el único.

Carlos Bribiesca, por primera vez en el equipo vanguardista de Alexandro, logra una interpretación bastante completa del Profesor, hay en él todo cuanto pudiera pedirse: voz, agilidad, expresión, precisión en su mímica, emoción.

Elda Peralta, recordando bastante su trabajo en La sonata de los espectros, logra una actuación sobria, a la vez que emotiva, es junto con la que hizo en aquella obra, una de las mejores interpretaciones que ha realizado esta actriz, entusiasta del teatro nuevo. Un actor que es una revelación es Humberto Huerta, quien hace un magnífico trabajo.

Un corazón en la corteza. Teatro 5 de Diciembre. Autor, Óscar Ayala. Dirección, Alejandro. Reparto: El mismo de La señora en su balcón.

El programa que dirige Alexandro es de dos obras mexicanas y así como fue un acierto la selección de la pieza de Elena Garro, así, esta de Un corazón en la corteza, de un autor que se firma con el nombre de Óscar Ayala, puede decirse no sólo que no fue un acierto, sino qué es lamentable el que haya sido escogida por Alexandro.

La obra tiene la pretensión de ser de vanguardia y trata de justificar el serlo, poniendo como personajes hombres piedra y “bestias”, además de una pareja atada con una cadena, que según explica el autor –¡ah!, porque eso sí: cada cosa que escribe, la explica meticulosamente, como si el público no tuviera ojos y cerebro para sacar por sí mismo sus conclusiones– la forman los eslabones de las costumbres que hay en cualquier liga de tipo conyugal.

Este género de obras son las que desprestigian al teatro vanguardista, ya que caen en la cursilería y en el lugar común, aunque estén disfrazados y ocultos tras acciones insólitas; estos autores toman muy en serio eso de que el teatro de hoy es el “teatro del absurdo” y creen que mientras más absurda sea una acción, la obra es de mayor calidad. Parece que el autor haya visto aquella obra que se montó en la Sala 5 de Diciembre (también) hace varios años, en la que actuaba Carmen Montejo y Rafael Banquells, y que era la historia de una pareja que empieza mostrando las primeras ilusiones, después las pequeñas desavenencias, para terminar en el engaño y por fin en el perdón. Sólo el tratamiento está ligeramente cambiado, aunque la historia es la misma, sin embargo, la cursilería de esta obra de Ayala supera con mucho a la que pudo tener aquella obra que no presumía de vanguardista.

Pero el personaje que da el remate a la obra, haciéndola que se derrumbe al más profundo abismo del mal gusto, es el de “la bestia”, que según anuncia el autor es el símbolo de “los celos” y cuya intervención es nefasta para la obra, cada parlamento es no sólo absurdo, no sólo pobre, no sólo chabacano, sino que llega al ridículo. Es una lástima que el esfuerzo de todos los actores y actrices que forman el grupo de Alexandro, el del propio director y el de la escenógrafa caiga en el vacío con esta obra de tan limitadas proporciones. Por más que se esfuerzan, actuando con verdadero virtuosismo, el propio Alexandro hace una actuación bastante lúcida junto con Lourdes Canale, su gasto de energía constituye un verdadero desperdicio.

Elda Peralta hace un trabajo más que meritorio, lo mismo que Carlos Ancira y Juan de Saro, pero el que es digno de las mayores condolencias es Carlos Bribiesca, que se enfrenta con el peor personaje que haya tenido que interpretar en su brillante y ya larga carrera de actor: el de “la bestia”.

La escenografía y el vestuario de Lilia Carrillo son extraordinarios y de un buen gusto increíble, cosa que junto con el trabajo de los actores y del director, hace gran contraste con la calidad ínfima de la obra.