FICHA TÉCNICA



Título obra Micaela

Autoría Joaquín Calvo Sotelo

Dirección Julián Duprez

Elenco Lorenzo de Rodas, Antonio Carbajal, María Idalia, Luis Aragón, Luis López Somoza, José Peña (Pepet), Ingrid Solveig, Consuelo Monteagudo

Escenografía Abel Cano

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 7 de abril 1963, p. 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Micaela]

Mara Reyes

Micaela. Teatro Sullivan. Autor, Joaquín Calvo Sotelo. Dirección, Julián Duprez. Escenografía, Abel Cano. Reparto: Lorenzo de Rodas, Tony Carbajal, María Idalia, Luis Aragón, Luis López Somoza, etc.

Hay obras teatrales que son verdaderos documentos sociales gracias a los cuales puede conocerse el ambiente de un país, sus costumbres, sus dramas o simplemente sus preocupaciones. Tal es el caso de Micaela, de Joaquín Calvo Sotelo.

Micaela quiere ser una comedia, pero lo que puede verse en ella está muy lejos de lo que pretende ser. A través de sus personajes y de la situación que se crea, puede adivinarse la tragedia de un país, en el que el sacerdote no es sólo un servidor de Dios, sino el amo y señor de cada familia, con mando y gobierno en cada hogar.

El ambiente en el que se sitúa la comedia representa la provincia atiborrada de prejuicios, en donde nadie puede moverse sin que cada movimiento no sea vigilado por todo un pueblo.

A pesar del ingenio que trata de demostrar el autor en su anécdota, desde otro punto de vista, la obra refleja la inconsistencia de un teatro que no tiene ambiciones, que no busca una condición artística, sino una forma de huir del pensamiento.

Si el teatro español está reducido en términos generales a esas libertades y atrevimientos, es muy de compadecerlo, y si Lope de Vega reviviera, él mismo lo compadecería.

¿Dónde está la producción teatral española, representativa, combativa o de búsqueda hacia algo nuevo, que hable de lo que preocupa a su pueblo, o que procure abrir nuevas trayectorias dentro del campo puramente estético?

De no ser La camisa pieza de denuncia, de Lauro Olmo, que conocemos gracias a la publicación que de ella hizo la revista Primer Acto, a México sólo llegan los ecos de Ruiz de la Fuente, con sus obras truculentas, de Iriarte, de Alfonso Paso y ahora esta voz poco afortunada de Joaquín Calvo Sotelo que coincide con la de esos autores en su banalidad.

Así como se habla del teatro de vanguardia, debiera hablarse del teatro de retaguardia, y éste indudablemente sería el teatro español. Ahora bien, los actores que interpretan esta comedia no tienen ninguna culpa de las deficiencias del autor salvo Lorenzo de Rodas por haberlo escogido, y muy por el contrario tratan de hacerla divertida, aunque mal pueden hacer gozar las muecas de un agonizante, pues mucha es la diferencia entre una comedia que hace una crítica de costumbres y que se mofa de una sociedad caduca o ridiculiza los vicios de la época que le toca vivir, a otra que es consecuencia de esos vicios y que trata de divertir a aquellos que los producen, acatando de antemano sus costumbres.

La dirección de Julián Duprez es correcta, con detalles muy bien hallados, llenos de gracia. Todo el juego escénico de los hermanos, con sus despedidas, bendiciones y coincidencias, está logrado a la perfección.

Lorenzo de Rodas y Tony Carbajal hacen una mancuerna ideal y bordan materialmente sus papeles con gran finura, haciendo alarde de actuación que es muy de aplaudirse, así como el trabajo de María Idalia quien es demasiado actriz para tan poco papel.

Luis Aragón hace una interpretación bastante original, despreciando los moldes, lo que habla en su favor. El retorno a la escena de Luis López Somoza, que hace varios años había desaparecido de ella es una buena readquisición. José Peña “Pepet”, como siempre buscando la risa del público y consiguiéndola a base de los mismos trucos, Solveig Ingrid, discreta, lo mismo que Consuelo Monteagudo, que ahora no sobreactuó.

Esperamos que la próxima pieza que seleccione Lorenzo de Rodas sea por lo menos más moderna, y no hablo de la fecha en que fue escrita, sino de la forma y del contenido de la obra, ya que se nos ha demostrado con Las troyanas, que una obra escrita hace más de dos mil años puede ser más moderna que otras fechadas el día de hoy.