FICHA TÉCNICA



Título obra Mi adorable Dushka

Autoría Jean Valmy

Notas de autoría Antonio Haro Oliva y Carlos León / traducción y adaptación

Dirección Julián Duprez

Elenco Nadia Haro Oliva, Luis Manuel Pelayo, Alejandro Ciangherotti, Miguel Manzano, Antonio Brillas, Marina Isolda, Marcela Daviland, Mario Vega, Graciela Lara

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Productores Antonio Haro Oliva

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 31 marzo 1963, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Mi adorable Duschka]

Mara Reyes

Mi adorable Duschka. Teatro Arlequín. Autor, Jean Valmy. Traducción y adaptación, Antonio Haro Oliva y Carlos León. Dirección, Julián Duprez. Escenografía, A. López Mancera. Reparto: Nadia Haro Oliva, Luis Manuel Pelayo, Alejandro Ciangherotti, Miguel Manzano, etcétera...

La obra en turno en el teatro Arlequín es Mi adorable Duschka, de Jean Valmy, el mismo autor de La vedette y el cardenal, que tanto éxito de taquilla tuviera en este mismo teatro. La comedia, ligera, divertida, salpicada de momentos picantes y momentos románticos, sirve de pretexto para el lucimiento de Nadia Haro Oliva.

Hace tanto tiempo que Nadia se ha dedicado a este tipo de teatro, que ya se ha ido borrando la imagen que tuve de ella en aquella Madame Bovary que representó allá por enero de 1951, si mal no recuerdo, en el Palacio de las Bellas Artes, bajo la dirección de Víctor Moya, cuando éste aún se preocupaba de montar en escena Los de abajo, de Azuela. En aquella época dije que Nadia me parecía una “artista de fina sensibilidad que logró interpretar con acierto los sueños, las pasiones y los desengaños de su difícil personaje”.

¿Qué le hizo a Nadia cambiar el rumbo de su inicial trayectoria? ¿A qué se debió ese súbito cambio de interés de un autor como Flaubert, uno de los creadores del realismo literario, por los autores de éxito efímero como son los del teatro llamado boulevardier, que se ha dedicado a interpretar en los últimos años? ¿Y por otra parte a qué se ha debido el éxito del teatro Arlequín, que ha venido a constituir un fenómeno en el ámbito de nuestro teatro?

Si observamos a qué se debió en Francia la aparición de los teatros boulevardiers, vemos que en México han aparecido circunstancias económicas más o menos similares, que hacen explicable ese fenómeno. Este género de teatro tuvo su auge después de la Revolución Francesa, ya que ésta llevó a la clase llamada burguesa a un nivel económico al que no estaba acostumbrada, sin las bases culturales suficientemente sólidas pero con una necesidad hedonista que los hacía buscar en el teatro un simple y pasajero placer. Tenía pues por fuerza que surgir un tipo de teatro que fuera expresión de esta necesidad. Y es precisamente en la época actual, después de nuestra Revolución, que la misma clase social tiene los mismos intereses, y siente las mismas necesidades y predilecciones, las cuales debe satisfacer un género teatral acorde con ellas. El mayor Antonio Haro Oliva y Nadia Haro Oliva, productor y actriz, respectivamente, han sabido proporcionar a su público del teatro Arlequín, ese género teatral cuya única finalidad es dar un poco de distracción a quien la busca.

Por lo tanto, las obras que presente este teatro, no son de fama imperecedera, pues inclusive los más famosos autores de boulevard han acabado por ser olvidados; recuérdese lo que cuenta, por ejemplo, D'Amico de cuando un día Émile Augier oyó decir al entonces director de la Comédie Française, en 1860, a quien le mostró una tarjeta de alguien que lo buscaba: “Dígale a ese impertinente que espere”, el impertinente era “el hombre que durante cuarenta años había sido el ídolo de los teatros boulevardiers de los artistas y del público: Eugéne Scribe”.

Y ya que se trata de una necesidad de nuestra sociedad –si bien en mucho provinciana, de pretensión metropolitana– se hace indispensable que exista un tipo de teatro como el que presenta Antonio Haro Oliva, y lo importante en este caso viene a ser no el buscar la gloria futura, sino la risa breve del momento, y hacerlo dignamente, como hasta ahora ha sabido hacerlo el teatro Arlequín, con producciones limpias, actuaciones cuidadas, e inclusive con lujos de vestuario en las presentaciones.

Y si Nadia Haro Oliva tiene facultades como actriz muy superiores a los escarceos que realiza en el teatro boulevardier, muy en su daño, aunque en su gusto, va el no pretender ir más allá de hacer pasar un buen rato a una clase social determinada, haciendo personajes artificiales, sin la ambición que como verdadera actriz debe tener, aunque sea muy escondida en su fuero interno, de penetrar en el mágico mundo de la creación de personajes valederos para el teatro realmente humano, que es el teatro de todos los tiempos.

Ahora que el llenar una necesidad dentro de una sociedad, ya es algo, y bien está que se haga, sobre todo cuando como el teatro Arlequín ha sabido satisfacerla plenamente.

Del resto de los actores que toman parte en la representación se puede afirmar categóricamente que todos están realizando un trabajo al máximo en el aprovechamiento de sus respectivos papeles: Luis Manuel Pelayo, con su sencillez inquebrantable; Alejandro Ciangherotti con su comicidad un poco relamida; Antonio Brillas con su sobria vis cómica; Miguel Manzano, con una superficialidad como lo exige el personaje; Marina Isolda, haciendo esfuerzos por no estar bajo el nivel de los demás actores, aunque no tenía qué temer, pues tiene buenas facultades; Marcela Daviland correspondiendo perfectamente a la descripción que de ella hace uno de los personajes; Mario Vega, discreto, lo mismo que Graciela Lara.

La dirección de Duprez, sin ningún alarde de imaginación, es eficiente ya que no es obra a la que se pueda sacar mayor provecho.

La traducción, como siempre adaptada a la mentalidad y al ambiente de nuestra capital, adicionada con morcillas actualizadas, viene a ser correlativa del original.