FICHA TÉCNICA



Título obra La muerte da un paso atrás

Autoría Horacio Ruiz de la Fuente

Dirección Ricardo Mondragón

Elenco María Teresa Montoya

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro D'Alarcón

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 10 febrero 1963, p. 14.




Título obra La hija de Rapaccini

Autoría Octavio Paz

Dirección Salvador Téllez

Elenco José Luis Méndez, Juan Manuel Díaz, Julia Alfonzo, Alfonso Asencio Ruiz, Marystell Molina, José González

Escenografía José González

Espacios teatrales Teatro del Periodista

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 10 febrero 1963, p. 14.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[La muerte da un paso atrás, La hija de Rapaccini]

Mara Reyes

La muerte da un paso atrás. Teatro D'Alarcón. Autor, Horacio Ruiz de la Fuente. Dirección, Ricardo Mondragón. Escenografía, David Antón, Actuación: María Teresa Montoya.

Con todos los recursos melodramáticos y una colección de lugares comunes, Ruiz de la Fuente habla del amor no muy maternal de una mujer hacia su hijo; escoge para tratar el tema, la forma monologada en la que no falta ni el consabido teléfono, ni los diálogos con personajes imaginarios cuya aparición en escena es anunciada por algunos compases musicales, ni el equívoco –que por otra parte se adivina desde que se conoce el nombre de la pieza– y que es tan elemental, como elemental es el propósito del autor de tocar las fibras sensibleras de un público acostumbrado a oír comedias radiofónicas.

Son los últimos vestigios de ese teatro español de principios de siglo que si al nacer pudo tener alguna razón de ser, ahora no la tiene ya, y si aún entonces había en él algún signo de decadencia, hoy esa decadencia es bien notoria.

A pesar de esto no resulta ilógico que esta obra haya sido llevada a la escena por María Teresa Montoya, ya que ella fue una intérprete nacida de aquel teatro cuyo mayor exponente fue Benavente y al cual ella trata de asirse por instinto de conservación, aunándose el hecho de que es un monólogo que se supone da opción a la actriz a un gran lucimiento personal.

En cuanto al trabajo interpretativo de la actriz, puede advertirse en ella el dominio absoluto de una técnica teatral, que si bien no iría de acuerdo con las obras modernas, al estar encuadrada en el marco apropiado, deja entrever el por qué de su éxito y renombre como actriz. El aprovechamiento que hace de las situaciones es exhaustivo, no hay frase que deje pasar sin intención. Es tan común encontrar intérpretes que sólo “dicen” el texto que ver a una actriz que como María Tereza juega con cada palabra, matiza hasta en las pausas y les da su medida justa, es ya insólito. Sus pausas recuerdan aquellas de Margarita Xirgu, en las que se está llevando al espectador de la mano hacia donde la intérprete desea llevarlo, sin dejar nada al azar.

Lástima que esa técnica sea inoperante para los tiempos actuales y que el resultado que puede observarse en La muerte da un paso atrás, sea la de ver un teatro anticuado.

La hija de Rapaccini. Teatro del Periodista. Autor, Octavio Paz. Dirección, Salvador Téllez. Escenografía, José González. Reparto: José Luis Méndez, Juan Manuel Díaz, Julia Alfonzo, Alfonso Asencio Ruiz, Marystell Molina y José González.

Haciendo un contraste rotundo con la obra del Teatro D´Alarcón, se presentó una reposición de La Hija de Rapaccini, de Octavio Paz, en lo que la poesía toma un lugar preponderante, y tanto, que lo dramático pasa a segundo término; es la poesía lo que da valor a la pieza de Octavio Paz.

Esta obra, encuadrada más bien dentro del teatro sobrerrealista, con una anécdota en la que aparece la ciencia como envenenadora del alma humana y destructora del amor, es por su contenido como una manera de constatar la crisis humana que se deriva de los progresos científicos que han llevado a la Humanidad a una pérdida total de valores y a la destrucción de aquello que más se ama, que es lo mismo que una autodestrucción.

La puesta en escena por un grupo experimental, es un esfuerzo digno de aplauso. La dirección de Salvador Téllez buscó la plasticidad como apoyo principal, y fue un buen camino. José Luis Méndez, Juan Manuel Díaz y Julia Alfonzo ponen todo su empeño y logran una interpretación de buena factura. Es un teatro sin alardes, pero con inquietud de buscar nuevas formas.