FICHA TÉCNICA



Título obra Antígona

Autoría Bertolt Brecht

Notas de autoría Rafael López Miarnau / traducción

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Emma Teresa Armendáriz, Augusto Benedico, Carlos Ancira, Ángel Pineda, Mercedes Pascual, José Carlos Ruiz, Héctor Andremar, Ángel Merino, Sergio Jurado, Amparo Villegas, Antonio Alcalá

Notas de escenografía Basados en diseños originales de Gaspar Neher de la producción alemana

Notas de vestuario Basados en diseños originales de Gaspar Neher de la producción alemana

Grupos y compañías Teatro Club

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 3 febrero 1963, p. 7.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Antígona]

Mara Reyes

Antígona. Teatro Orientación. Autor, Bertolt Brecht. Traducción y dirección, Rafael López Miarnau. Decorados y vestuario, Según los diseños de Gaspar Neher. Grupo: Teatro Club.

Se está llevando a cabo con gran éxito la temporada del Teatro Club, en la que han llevado a escena una obra hasta ahora desconocida en México: Antígona de Bertolt Brecht, escrita por este autor en 1948, o sea en plena posguerra, latente aún la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, esta circunstancia es esencial tomarla en cuenta, ya que Brecht parte fundamentalmente, para crear su teatro, de la idea de que el hecho individual no puede ser mirado sino como una resultante de los procesos sociales, de la oposición de las clases; por tanto su teatro escrito no puede ser considerado ajeno a esos procesos, como no lo puede ser su labor de director o de teórico. Brecht busca su expresión siempre dentro del acontecer social, de ahí que sus obras que podrían ser tomadas como históricas simplemente o, como en Antígona, basadas en un tema clásico, pierdan su carácter de historicidad y se conviertan en presente, y más aún, en presente social.

Esa necesidad de Brecht de situar el acontecimiento dentro delas circunstancias socio-político-económicas, lo hace requerir para su teatro un tipo de espectador diferente, que en lugar de identificarse con el héroe, y de olvidarse su “yo”, vea la escena como una visión que le enseña bajo qué presiones vive su propio “yo”, bajo qué fuerzas. Pero ese tipo de espectador había que crearlo; entonces Brecht se sirve de su propio espectáculo para formar este nuevo género de espectador, naciendo de este modo el teórico que elabora todo un mecanismo dialéctico para poder llevar a cabo sus ideas sobre el teatro.

La manera que encuentra para poder crear ese nuevo espectador, es la de no producir un sueño hipnótico, no hacer del teatro un lugar de magia, sino una cátedra de universidad; de este modo da a su arte un carácter didáctico, y así como la pintura sirvió tantos años a la Iglesia, él hace que su teatro sirva a la clase trabajadora. Esta actitud de Brecht puede sintetizarse con una frase de él mismo: “Nosotros deducimos nuestra estética, como nuestra moral, de las necesidades de nuestro combate”.

Para Brecht el hecho de que su teatro no pretenda producir una emoción, no es un fenómeno aislado, ya que según él, lo mismo en la música que en la pintura que en otras artes, se ha visto que existe una crisis de la afectividad; el hombre abandona en nuestra época el sentimiento para refugiarse en la razón, quizá posteriormente se generen las circunstancias apropiadas para una nueva era emocional, pero no de sentimentalismo, sino de verdadera emoción.

Cuando Brecht nos pinta a Antígona –que fue muy bien interpretada por Emma Teresa, Armendáriz– no es la concepción sofocleana la que estamos contemplando. No es la Antígona que muere porque su destino así lo tenía previsto y que lo arrostra con orgullo, sino la mujer víctima de una tiranía, simplemente una mujer, no una heroína que muere a pesar de sí misma.

El paralelismo que hace Brecht entre Creón y Hitler da una nueva significación a la tragedia de Antígona, es la lucha entre el derecho de vivir y el poder que anula ese derecho; entre el derecho de ser libre y la tiranía que priva de esa libertad; y es también la lucha entre la paz y la guerra, entre el pueblo y el individuo que lo sojuzga.

Es imprescindible, al ver una obra de Brecht, conocer sus actitudes como teórico del teatro, no porque su obra dramática no valga por sí misma como obra de arte, sino porque para servir mejor a los propósitos del autor es preciso conocer esos propósitos.

En lo que toca a la representación, el director de escena, Rafael López Miarnau, procuró seguir los lineamientos de esos objetivos que se trazó Brecht. Resaltó el hecho social, así como produjo los efectos de distanciamiento respetando a tal extremo la puesta en escena que hizo autor de esta tragedia en Alemania, que inclusive la escenografía y el vestuario son réplicas del montaje original diseñados por Gaspar Neher.

Si se aprecia cierto estatismo, como si fuera más que la representación de un hecho en movimiento, una pintura con texto, es porque así lo exige la obra. La línea de acción es interna más que externa. Es la lucha de dos contrarios –ideológicos– que se resuelve en tragedia.

Debe tomarse en cuenta que esta obra fue escrita para dirigirse a una clase trabajadora que asiste al teatro y cuyo nivel cultural es muy elevado; lo que suscita el problema de una inadaptación a un medio, ya que la obra es vista por un espectador para el cual no fue escrita, lo que hace que muchas de las situaciones den la impresión de ser poco teatrales. Si una obra es escrita para niños, debe ser vista por niños, y si fue escrita para adultos debe ser vista por adultos, de otro modo, o resulta obvia para unos, o incomprensible para otros.

Los personajes de Antígona nunca pierden su dimensión humana, ni siquiera el adivino Tiresias –que Augusto Benedico interpretó con gran propiedad– que es presentado como un hombre capaz de observar aquello que lo rodea y de esas observaciones deduce cuál es la verdad y cuál es el probable futuro; que Antígona, que nunca deja de ser mujer, con sus debilidades y flaquezas; que Creón, que es susceptible de ser herido como un hombre y no invulnerable como un dios, o que inclusive el coro, que aparece con todas las características humanas de la clase privilegiada.

Carlos Ancira, uno de los actores más recios de nuestros escenarios, una vez más tiene oportunidad de ejercer la autoridad del actor que domina su oficio. Emma Teresa Armendáriz tiene poca oportunidad de lucimiento, quizá por la concepción; desmesuradamente sobria del director, pero lo mismo ella, que el resto de los actores: Ángel Pineda, Mercedes Pascual, José Carlos Ruiz, Héctor Andremar, Ángel Merino (estos tres últimos forman el coro), Augusto Benedico, Sergio Jurado, Amparo Villegas, Antonio Alcalá, etcétera... realizaron un trabajo correctísimo.

En la traducción, de López Miarnau, se advierte un gran esmero por el lenguaje. Es Rafael López uno de los directores más respetuosos de la obra ajena y que además de conocer a fondo las obras que interpreta, les imprime un sello de seriedad del que no puede sustraerse ningún actor.