FICHA TÉCNICA



Título obra Los duendes

Autoría Luisa Josefina Hernández

Dirección Xavier Rojas

Elenco Rosa María Moreno, Luis Bayardo, Alicia Quintos, Enrique Aguilar, Alma Martínez

Escenografía Leoncio Nápoles

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 27 enero 1963, p. 7.




Título obra El vendedor de muñecas

Autoría Nemesio García Naranjo

Dirección Óscar Ledesma

Elenco Carlos Navarro, Lorena Velázquez, Carlos Monden, Fernando Mendoza, Manuel Zozaya, Amalia Tuero, Marcela Davilland, Carlos Quintero

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Eventos I Aniversario Temporada de Oro del Teatro Mexicano

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 27 enero 1963, p. 7.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Los duendes, El vendedor de muñecas]

Mara Reyes

Los duendes. Teatro del Granero. Autora, Luisa Josefina Hernández. Dirección. Xavier Rojas. Escenografía, Leoncio Nápoles. Reparto: Rosa María Moreno, Luis Bayardo, Alicia Quintos, Enrique Aguilar y Alma Martínez.

La primera obra mexicana que se estrena en el año ha sido la comedia de Luisa Josefina Hernández: Los duendes, la cual había sido montada anteriormente por dos grupos experimentales: en la Sala Villaurrutia primero y en el Teatro Pánuco, después.

En esta obra la autora presenta al amor como una fuerza extraordinaria, capaz de embellecer todo lo que toca. La frescura poética del diálogo, la finura con que están manejadas las situaciones, el ritmo ágil, y la descripción diríase plástica de los personajes, hacen de esta comedia una obra de gran mérito y coloca a la autora en la primera fila de la dramaturgia mexicana.

Al dirigirla, Xavier Rojas puso a prueba su sentido de la sinceridad, ya que en general las obras que él escoge se prestan al efectismo, en cambio esta comedia por llevar en sí misma un tono de irrealidad, precisa una gran sencillez en la dirección, sencillez que si bien logró Rojas en casi toda la obra, hubo ciertos detalles en los que se escapó su malicia; su forma de recalcar algunos momentos chuscos de la comedia le hacían a ésta perder en finura lo que ganaba en comicidad. Supo Rojas llevar el hilo poético sin arrastrarlo hacia lo meloso o hacia lo corriente, puede decirse que lo más importante para la dirección era el saber darle su atmósfera de cuento y esto lo logró plenamente.

El personaje de la abuela, que es el que sirve de enlace entre todos los personajes, es también el que con su contrapeso da ligereza a la obra, su acción es la que rompe cualquier posible monotonía en el tono, y la que da el sabor de irrealidad desde el primer momento; este personaje, decía, fue caracterizado por Rosa María Moreno, quien se merece una muy buena acogida –después de su ausencia muy notoria en nuestros escenarios– por haber hecho de la “abuela” toda una creación.

En general la interpretación de la obra no pudo ser más afortunada, la de Alicia Quintos –en el papel de Arabella (que también hizo este papel cuando se montó en el teatro Pánuco bajo la dirección de Óscar Ledesma) es acertadísima y de gran mérito si se toma en cuenta el gran número de sus dificultades, ya que es ella la que da a la obra su sentido mágico, además de ser el personaje que se transforma en mayor dosis al sentirse amada, hecho que le da una nueva significación a su vida.

Una revelación fue la actuación de Alma Martínez en el papel de Francina, a medida que la obra transcurría, su primera inseguridad fue desapareciendo hasta asentarse totalmente. Gran porvenir cabe augurarle a esta nueva figura femenina de la escena mexicana.

Los papeles masculinos, los dos, fueron magníficamente interpretados por Luis Bayardo y Enrique Aguilar. El primero en el papel de Enrique, personaje al que se le ve mudar su personalidad a causa del amor; que se olvida del tiempo, que antes tanto le preocupaba, a medida que va sintiendo el amor como un aliento de vida y el segundo personificando a Gastón, el hombre que con su amor da vida a quien se sentía sin derecho a vivir y la embellece. Es la obra en que el amor aparece como un hada madrina que hace milagros.

Esta comedia es un modelo para muchos dramaturgos que creen que para hacer “obras para divertir” se debe rebajar la calidad y sacrificar el buen gusto y el arte. En ella, Luisa Josefina da una muestra de que se puede hacer reír a la gente con una comedia de gran altura, de profundidad sicológica y de poesía verdadera.

El vendedor de muñecas. Teatro Fábregas. Autor, Nemesio García Naranjo. Dirección, Óscar Ledesma. Escenografía, David Antón. Reparto: Carlos Navarro, Lorena Velázquez, Carlos Monden, Fernando Mendoza, Manuel Zozaya, etcétera...

La Temporada de Oro del Teatro Mexicano cumplió su primer aniversario, el cual fue celebrado con la puesta en escena de El vendedor de muñecas, de Nemesio García Naranjo. Una obra que a pesar de haber sido escrita hace un cuarto de siglo soporta el peso de los años.

Comedia que no lleva otra finalidad que la de divertir (es extraño que no la haya puesto nunca Nadia Haro Oliva) de diálogo que trata de ser ingenioso, “moderno”, con personajes “tipos”, sin pretensiones y como tantas otras comedias de este género ligero, sin aspiraciones artísticas genuinas, y que no se avergüenza de recurrir a los fáciles medios del vodevil.

Óscar Ledesma, quien con esta obra se sitúa definitivamente en el teatro profesional, dio a la comedia la agilidad necesaria, y si bien pudo haber evitado caer en lo barato en algunas escenas, logró a pesar de todo sacar el mayor provecho de la obra y de algunos de sus intérpretes: de Lorena Velázquez por ejemplo, que es de las mujeres la única que se salva por la sobriedad en su actuación, la que realiza con dignidad y aplomo; de Carlos Navarro, quien se supera cada día, y al que hemos visto cada vez con mayor seguridad en su trabajo y mayor capacidad de transformación en los papeles que interpreta en cada obra; de Carlos Monden, que tiene una actuación discreta y adecuada; de los demás, poco puede agregarse. De Manuel Zozaya, sólo puede decirse que se repite a sí mismo; de Fernando Mendoza, que después de mucho tiempo de interpretar el papel de Fernando Mendoza, se sale de ese eterno retrato y realiza la personificación de un hombre distinto, mérito que debe reconocérsele. Amalia Tuero, sobreactuada, revela un pésimo gusto, a más de vulgaridad. Marcela Davilland muy inferior a otras interpretaciones que ha realizado y las demás actrices no vale la pena ni mencionarlas.

Otra de las actuaciones corrientes es la de Carlos Quintero en papel del afeminado Ramón. El que haya en la obra varias actuaciones vulgares, acusa al director como el directamente responsable. ¿A qué puede deberse esto, cuando hemos visto al propio Óscar Ledesma dirigir con toda finura obras como El anzuelo de Fenisa o Los duendes (cuando se puso en el teatro Pánuco)? Yo lo atribuyo a que trató de hacer de la obra una farsa, siendo que es una comedia, y no es fácil cambiar el género a una

La escenografía, de David Antón, de dos decorados, ofrece un cierto atractivo en el segundo de ellos, aunque no llega a figurar entre las mejores de Antón.