FICHA TÉCNICA



Título obra Escándalo en Puerto Santo

Autoría Luisa Josefina Hernández

Dirección Dagoberto Guillaumin

Notas de dirección Socorro Merlín y Salvador Carrillo / ayudantes de dirección

Elenco Juan Manuel Díaz, Luis Castillo, Yolanda Guillaumin, Eduardo Borja, Socorro Merlín, Eduardo Ríos, Dolores Linares, Mauro Dau, Manuel Garrido, Vicente Gutiérrez, José Luis Méndez, Graciela Martínez, Alfonso Ascencio, María Teresa Monroy, Cecilia Alatorre, Ana Iris Camargo, Ernesto Castillo, Víctor Hugo, Xavier Rojas, Wilebaldo López, Juan Manuel Haro

Escenografía Guillermo Barclay y Augusto Ramírez

Iluminación Joaquín Armando Chacón

Música Leonardo Velázquez

Notas de Música Miguel Mendizábal / grabación

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 2 diciembre 1962, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Escándalo en Puerto Santo]

Mara Reyes

Escándalo en Puerto Santo. Autora, Luisa Josefina Hernández. Director, Dagoberto Gillaumín. Escenógrafos, Guillermo Barclay y Augusto Ramírez. Música, Leonardo Velázquez. Grabación, ingeniero Miguel Mendizábal. Iluminación, Joaquín Armando Chacón. Ayudantes de dirección, Socorro Merlín y Salvador Carrillo. Intérpretes: Juan Manuel Díaz, Luis Castillo, Yolanda Guillaumín, Eduardo Borja, Socorro Merlín, Eduardo Ríos, Dolores Linares, Mauro Dau, Manuel Garrido, Vicente Gutiérrez, José Luis Méndez, Graciela Martínez, Alfonso Ascencio, María Teresa Monroy, Cecilia Alatorre, Ana Iris Camargo, Ernesto Castillo, Víctor Hugo, Xavier Rojas, Wilebaldo López y Juan Manuel Haro.

La Escuela de Arte Teatral del INBA ha venido desarrollando un trabajo constante, lo que ha repercutido en provecho de los alumnos de arte dramático que en ella preparan sus carreras de actores, directores, escenógrafos y dramaturgos. Esta vez, Dagoberto Guillaumín –director de la escuela– ha seleccionado una buena obra de Luisa Josefina Hernández (Escándalo en Puerto Santo) que junto con La paz ficticia e Historia de un anillo forman un grupo de obras didácticas muy diferentes a las otras obras de la autora, de tipo realista como Los frutos caídos o semisurrealistas como Los duendes.

Escándalo en Puerto Santo está elaborada con una técnica más depurada que la anterior producción de Luisa Josefina: Historia de un anillo (dada a conocer también en la Sala Villaurrutia por los alumnos de la Escuela Teatral).

En Escándalo, la autora, por medio de la teoría brechtiana del distanciamiento de un hecho, logra presentar con toda claridad el choque entre dos diferentes clases sociales (simplificando el problema al máximo), la burguesía y la clase trabajadora, que aparece siempre como la más limpia moralmente y capaz de ser noble, en cambio la burguesía es criticada severamente pues hace caer en el vicio a sus representantes.

A propósito de la obra, señala el director de ella, Dagoberto Guillaumín, que la autora enfoca los problemas desde un punto de vista y un estilo mexicanos y que “responde a una unidad temática, elige conflictos representativos, crea tipos –no caracteres–, y los anuda al hilo conductor de un narrador que enjuicia y critica e impide cualquier arrastre emocional que amenace con destruir el juicio objetivo del público”.

Todas esas características pertenecen al teatro brechtiano, así como la de presentar al hombre no como un ser inmutable y conocido de antemano, sino como alguien por investigar, sujeto a las leyes de la transformación; es por eso que inclusive el tópico amoroso aun cuando queda planteado en forma esquemática se advierte como una relación pronta a modificarse.

Los diálogos, en los que la información para el público está tan bien entrelazada con la propia acción, dan entrada suavemente a la posición del espectador como juez y tienen como característica principal la sencillez además de una gran frescura.

La dirección escénica, fluida y bien resuelta. El director supo entrar con discreción a la técnica brechtiana de interpretación, en la que los actores deben evitar la vivencia de los conflictos psicológicos de los personajes, ya que si ésta ocurre se pierde la sensación de distanciamiento entre la anécdota y el espectador; si en este tipo de obra el actor vive su papel, hace que el público se emocione en vez de pensar y el objetivo de las obras didácticas es que el espectador reaccione ante los hechos similares que observe en la vida, relacione la paradoja con la realidad y de este modo la representación sea para él una enseñanza. Y esto queda siempre en manos del director, quien en este caso captó perfectamente las necesidades de la obra y realizó una escenificación de acuerdo a los requerimientos de la autora.

Los escenógrafos Guillermo Barclay y Augusto Ramírez resolvieron bien los muchos cambios del decorado aun cuando con cierta ingenuidad. Los actores todos cumplen bien con su cometido, especialmente Yolanda Guillaumín (quien ya ha sobresalido en teatro profesional), Juan Manuel Díaz, María Teresa Monroy (a quien vemos por primera vez en un papel protagónico y con cuya interpretación se vislumbra como una nueva actriz pronta a despuntar), Alfonso Ascencio y, en general, todo el grupo está correcto en sus respectivos trabajos.