FICHA TÉCNICA



Título obra Teseo

Autoría Emilio Carballido

Dirección Salvador Novo

Elenco Alberto Sayan, Héctor Ortega, Antonio Gama, Mercedes Pascual (Meche), Yolanda Guillaumin, Pilar Souza

Escenografía Julio Prieto

Vestuario Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Xola

Eventos Programa de repertorio en los Clubes Teatrales de los Centros del IMSS

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 18 noviembre 1962, p. 3.




Título obra Cuauhtémoc

Autoría Salvador Novo

Dirección Salvador Novo

Elenco Juan Felipe Preciado, Alberto Sayán, Antonio Gama, Ángel Pineda, Ricardo Fuentes, Clementina Lacayo, Yolanda Guillaumin, Helio Castillos, Ricardo Fuentes, Carlos Pouliot

Escenografía Julio Prieto

Vestuario Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Xola

Eventos Programa de repertorio en los Clubes Teatrales de los Centros del IMSS

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 18 noviembre 1962, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Teseo, Cuauhtémoc]

Mara Reyes

Teseo. Teatro Xola. Autor, Emilio Carballido. Dirección, Salvador Novo. Escenografia y vestuario, Julio Prieto. Reparto: Alberto Sayán, Héctor Ortega, Antonio Gama, Meche Pascual, Yolanda Guillaumín, Pilar Souza, etcétera...

Con la presentación de dos obras cortas: Teseo y Cuauhtémoc, de Carballido y de Novo respectivamente, se abre una nueva etapa en los teatros del IMSS, ya que son parte de un programa cuyo propósito es dotar de repertorio a los Clubes Teatrales de los Centros de Seguridad Social para el Bienestar Familiar. Esta preocupación del Seguro Social por ayudar a la creación de un repertorio de obras mexicanas destinadas al pueblo, es encomiable, y más aún cuando al ser llevadas a escena en forma profesional, se han empleado para su interpretación a los jóvenes valores, salidos de las escuelas de arte teatral. Esta última generación de actores es la esperanza del teatro en México, esperanza para su renovación, para la abolición definitiva de los vicios histriónicos de que adolecen aquellos intérpretes formados dentro del teatro español melodramático y superficial, que por fortuna está siendo combatido desde los escenarios experimentales y algunos profesionales, desde hace ya varios años.

Con Teseo, Carballido demuestra una vez más ser uno de los autores mexicanos de mayor consistencia. Aun cuando esta tragicomedia no es de las mejores obras de este autor, se advierte en el transcurso de toda su obra creadora una continuidad de la que pocos dramaturgos pueden preciarse. Sus obras, por diversos que sean los géneros por él seleccionados para expresarse, siempre arrojan un coeficiente de rebeldía ante la injusticia social, o ante las tiranías despóticas, o ante los vicios de cualquier género en una sociedad. Sea apenas visible o sea enérgicamente, su producción siempre lleva impresa una denuncia, un hálito de valentía y de solidez ideológica; esta misma solidez puede apreciarse en su técnica; domina su oficio y todas sus obras acusan un estilo propio –aun cuando unas hayan tenido mejor fortuna que otras– cimentado firmemente en una técnica bien asimilada.

En esta obra, Carballido presenta a Teseo como un personaje diferente de cómo lo pinta la mitología, con el objeto bien determinado de hacer patente cómo un hombre que parece que va a destruir un mal de la Humanidad: la subordinación injusta de los hombres a otros hombres, cae en la tentación y se convierte también él, en subordinador. Para ello sólo le basta al autor trocar lo que la mitología describe como un descuido (el no izar las velas blancas) en un acto deliberado y consciente. Desde luego dando al personaje una conducta coherente con esta actitud.

El personaje más difícil de delinear –y de interpretar– es sin duda el Minotauro, al que presenta lo mismo agresivo que capaz de ternura, lo mismo acusador que culpable, lo mismo renuente a todo contacto con la realidad que ávido de conocer el mundo que lo rodea; igual solitario que necesitado de comunicación, igual despótico que dócil. Héctor Ortega, que desempeñó este difícil papel, hizo de él una creación. No hubo matiz que no correspondiera con el exacto estado de ánimo que prevalecía en ese momento en el Minotauro. En cuanto a sus movimientos, dotó al hombre-toro de una gran pureza plástica.

Alberto Sayán –que interpretó el Teseo– es un hallazgo para nuestro teatro. Su figura, su presencia escénica, lo favorecen, y con un poco más de experiencia su temperamento lo hará descollar como un actor vigoroso sin duda.

Antonio Gama es de los actores que han ido superándose y añadiendo con cada presentación un peldaño más a su carrera profesional. En la personificación del Rey Egeo se advierte ya en él madurez interpretativa. Sobresalen igualmente Pilar Souza, Meche Pascual y Yolanda Guillaumin, tres actrices de verdad.

La dirección escénica es fluida, ágil, intencionada y convincente, a pesar de la poca ayuda que recibió de la primera escenografía de Julio Prieto, la cual, con ese barquito un poco de caramelo impide al público fijar toda su atención en los acontecimientos a que la acción conduce, ya que distrae, en vez de rendirse a las necesidades de la obra. En cambio, la escenografía del laberinto sí creó un ambiente y un estado de ánimo propicio en el espectador, cosa que el director supo aprovechar.

Cuauhtémoc. Teatro Xola. Autor y director, Salvador Novo. Escenografía y vestuario, Julio Prieto. Reparto: Juan Felipe Preciado, Alberto Sayán, Antonio Gama, Ángel Pineda, Ricardo Fuentes, Clementina Lacayo, Yolanda Guillaumín, etcétera...

Es para el autor de esta obra un mal antecedente haber estrenado su Cuauhtémoc después del sonorísimo fracaso de la obra que con el tema de la conquista española en México Corona de fuego realizara uno de nuestros más insignes dramaturgos: Rodolfo Usigli. A aquellos que la recuerden quizá les espante un poco asistir a un nuevo Cuauhtémoc, pero por fortuna la obra que ahora nos ocupa, menos ambiciosa que la de Usigli, pero más sincera, es en su género ejemplo de sentido dramático.

Esa actitud del autor ante el hecho histórico, confesada a través del indio actual (que después toma el papel de Cuauhtémoc) de que nosotros tenemos la libertad de pensar en los héroes pasados, no como ellos fueron en realidad –eso es lo que menos importa– sino en “cómo hubiéramos querido que fueran”, dado que en esta forma son más vigentes para nosotros, es una postura que obliga al autor a un tratamiento mucho más elástico, imaginativo y a la vez directo, que el que se requeriría de atenerse estrictamente a la historia rigurosa y a veces ofuscada del investigador. En una palabra, en Cuauhtémoc hay arte al mismo tiempo que es el grito de una raza que siente sublevarse en su interior el instinto que clama por la libertad material y espiritual. ¿Y podemos negar, parece decir el autor, que actualmente hay otros conquistadores, igualmente ambiciosos, igualmente subordinadores [sic], igualmente destructores de nuestra consciencia y nuestras costumbres, que aquellos españoles del siglo XVI, de los cuales, como Cuauhtémoc, tendremos que defendernos, y contra los cuales es nuestro deber luchar hasta el fin? Es por esto que el indio de hoy, de ahora, de nuestro tiempo, de nuestra segunda mitad del siglo XX, es el que encarna a Cuauhtémoc. Es por esto que Novo se sirve del recurso del “distanciamiento”, un poco a lo Brecht, para hacer claro al espectador que aquello que ocurrió en aquel tiempo puede ocurrir hoy –si no es que está ocurriendo. Puede decirse que la utilización de este recurso le abre al autor un campo insospechado a su producción, ya que muestra una enorme fluidez en el manejo de esta técnica. Por otra parte, su labor como director fue acertadísima.

La interpretación de Cuauhtémoc está a cargo de uno de los jóvenes actores y directores que más han sobresalido en el campo experimental: Juan Felipe Preciado, quien en esta ocasión entra por la puerta grande al teatro profesional. Ojalá que ello no le perjudique como a otros que se dejan llevar por la facilidad y no saben mantenerse en el nivel que han alcanzado. Juan Felipe Preciado merece una buena acogida ante todo por la firmeza con que supo tomar las riendas de ese personaje legendario al que ha interpretado con toda propiedad.

Sobresalen por su correctísimo trabajo: Antonio Gama, Alberto Sayán, Ángel Pineda y en general todos los actores: Clementina Lacayo, Yolanda Guillaumín, Helio Castillos, Ricardo Fuentes, Carlos Pouliot, etcétera... cuidan igualmente sus interpretaciones.

La escenografía de Julio Prieto, sencilla, aprovechando niveles y planos mejor que grandes construcciones, resultó sencilla, de buen gusto y más al servicio de la obra.