FICHA TÉCNICA



Título obra Una bomba llamada Abelardo

Autoría Alfonso Paso

Dirección Miguel Córcega

Elenco Bárbara Gil, Miguel Córcega, Lupe Llaca, Raúl Farell, Marcela Daviland. José Peña (Pepet), Santiago Gil, Sergio Morante, José Mora, Carlos Pouliot, Antonio Guaida, Gonzalo Lara, Marta Beatriz Carrillo, Mauricio Ferro

Espacios teatrales Teatro Ofelia

Productores Miguel Córcega

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 30 septiembre 1962, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Una bomba llamada Abelardo]

Mara Reyes

Una bomba llamada Abelardo. Teatro Ofelia. Autor, Alfonso Paso. Dirección y producción, Miguel Córcega. Reparto: Bárbara Gil, Miguel Córcega, Lupe Llaca, Raúl Farell, Marcela Daviland, etc.

Miguel Córcega continúa haciendo experimentos; no se encuentra, busca y no da con la línea de teatro que prefiere, ya ha probado un poco de todo; ahora es una farsa de Alfonso Paso (parece que es el único autor “comercial” dada la preferencia que tienen por él los empresarios que buscan resolver el problema de la taquilla).

En esta farsa, Paso, ridiculiza todo el mundo de la guerra fría, con sus pugnas entre el comunismo y el capitalismo, con sus bombas que pueden destruir a dos millones de hombres en 35 segundos y que son la esperanza para el “progreso”. Hace del delegado soviético un clown demasiado burdo y del norteamericano un hombre de negocios poco recomendable; se burla del matrimonio por conveniencia e ironiza sobre el afán del hombre por matar. Se ríe de las teorías que el hombre ha fabricado y se enoja, por boca de Manuel, ante la inercia con que éste va dejando que la vida se le escurra por los dedos.

Si bien el resorte que mueve la acción es imaginativo y abre las puertas a la bufonería, no por ello Paso, rompe ninguna traba tradicional. La farsa, que es una forma de desahogo insolente derivado de la inconformidad del mundo en que se vive, halla en este autor a un tradicionalista por excelencia.

Miguel Córcega resolvió el problema de hacer mantener a todos los personajes el tono que este género teatral requiere, difícil sobre todo por lo numeroso del reparto. Su dirección cuajada de detalles hace descubrir en él a un director de recursos; puede verse sin dificultad que ha sabido aprovechar la experiencia adquirida al lado de Rambal en cuanto a esa manera de bordar una dirección de escena. La secuencia de la vicetiple es un hallazgo, tanto por la forma en que está escrita como por la manera en que la dirigió Córcega y por la interpretación que de ella hizo Bárbara Gil, quien se lleva las risas más francas del público. La gracia que pone en juego Bárbara es sorprendente.

Aun cuando todos los papeles son breves, cada uno tiene su momento de lucimiento. En la farsa no puede hablarse de sinceridad en la actuación, pues por el contrario en ella lo artificial es lo que da la verdad escénica, y quienes mejor logran esta verdad, además de Bárbara Gil, son Marcela Daviland, José Peña “Pepet” (aunque pierde el ritmo quizá por inseguridad en sus parlamentos), el propio Miguel Córcega, Lupe Llaca, Raúl Farell y Santiago Gil. Bien Sergio Morante, aunque todavía inseguro, otros actores, como José Mora, Carlos Pouliot, buscando la naturalidad del teatro realista no encajan totalmente en el ámbito de la farsa. Carlota Solares muy a la española, cae en el efectismo hueco. Antonio Guaida y Gonzalo Lara atinados y Marta Beatriz Carrillo y Mauricio Ferro en dos papeles incidentales bien realizados.

La escenografía cumple su cometido.

Ya sólo cabe preguntarse ¿hasta cuándo nos perseguirá el teatro comercial español?