FICHA TÉCNICA



Título obra Gedeón

Autoría Paddy Chayefsky

Notas de autoría Eugenia Avendaño y Claudio Brook / traducción

Dirección José Solé

Elenco José Gálvez, Pedro Armendáriz, José Elías Moreno, Eduardo Alcaraz, Tomás Bárcenas, Roberto Rivero, Alonso Castaño

Escenografía Julio Prieto

Coreografía Moshe Kedem

Música Moshe Kedem

Vestuario Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Gedeón”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 22 julio 1962, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Gedeón

Mara Reyes

Teatro Xola. Autor, Paddy Chayefsky. Traducción, Eugenia y Claudio Brook. Dirección José Solé. Escenografía y vestuario, Julio Prieto. Música y coreografia, Moshe Kedem. Reparto: José Gálvez, Pedro Armendáriz, José Elías Moreno, Eduardo Alcaraz, Tomás Bárcenas, etc.

Dos años ha cumplido el Seguro Social desde la inauguración del Teatro Xola, de hacer teatro. Desde entonces, este teatro ha estrenado catorce obras, incluida la que ahora nos ocupa: Gedeón.

Esta obra es del autor norteamericano Paddy Chayefsky –aunque muchos dirían por su apellido que es ruso y que recibe oro de Moscú. Quien haya visto la película Marty, sabe ya qué clase de escritor es Paddy Chayefsky; ésta fue su primer éxito, escribió después las historias deBachelor party, The goddes, Themother, The big deal y Thecatered affair. Casi todas estas cintas han recibido algún premio de la crítica. Además de sus obras teatrales: Middle ofthe night y The tenth man.

En Gedeón, resulta casi increíble cómo este autor logra, apegándose estrictamente al relato bíblico, plantear la problemática del hombre frente a la divinidad y al mismo tiempo dar a su obra un tratamiento en el que la ironía se mezcla con la dramaticidad. Es una comedia con atisbos de tragedia y de sátira.

La obra está trazada en tres planos diferentes, uno estrictamente humano, otro divino y otro intermedio, como una especie de semidivinidad. La divinidad se humaniza para acercarse a Gedeón, sin llegar nunca a lo humano, conserva siempre sus atributos; su capacidad de ira, de orgullo sublime, de vanidad, su egoísmo; al hombre, creado a su imagen y semejanza, Jehová no le permite tener sus atributos, y lo que reclama de él es amor y entrega absolutos.

Gedeón, es un hombre común y corriente, más bien sencillo que ha pensado en los dioses y no cree mucho en ellos, pero Jehová se llega a él y comienza a elevarlo, surge entonces el tercer plano –semidivino– en el que Jehová se mantiene siempre sobre Gedeón. Pero es Jehová mismo quien ha dado a probar a Gedeón la manzana, la sensación de la divinidad a la que éste ya no podrá renunciar. Gedeón no puede conformarse, necesita desplazar a Jehová, sabe que si no lo hace volverá a descender irremediablemente al plano del que salió, comienza obedeciendo las instrucciones de Jehová, aún sin comprenderlas, hasta llegar el momento en que ya decide sobre “quién ha de morir y quién ha de vivir”. “¿Acaso te crees Dios para dar la vida a quien yo se la he quitado?”, le dice Jehová. Y es que Gedeón ha comprendido la verdad: “todos los hombres somos en realidad trozos de materia suspendida que se agitan desesperadamente en el vacío buscando algo a qué asirse, mientras caen y caen hasta hundirse aullando de terror en la sofocación infinita”. Gedeón tiene, pues, que dejar de creer en Dios porque su amor lo “convierte en algo sin razón de ser”. Tiene que hacerse la ilusión de que “Dios es un sueño, un nombre, un pensamiento, pero no es real”. Gedeón comienza entonces a dar más valor a la vida de los hombres que a la palabra de Dios. Necesita colocarse en el plano superior, sentirse semidivino, ya que es la única forma de hacer de su existencia algo verdaderamente humano, y lo hace. “¡Oh, Dios! ¡No puedo creer en Tí! Si me amas, deja que crea al menos en mí mismo!”, grita a Jehová, quien al sentirse incapaz de hacer retornar a Gedeón al plano del que lo sacó, le deja el sitio para volver a su plano divino en soledad absoluta. Deja a Gedeón ensayar ser un dios, lo deja ponerse sobre el cuerpo la ofrenda que aquél había creado para Jehová y explicar a los israelitas que “La guerra contra los madianitas no fue un misterio sino el resultado inevitable de las fuerzas histórico-económicas, socio-psicológicas y culturales imperantes en esta región”.

Queda pues planteada por una parte, la pretensión de Dios de anular al hombre y la incapacidad del hombre por amar a Dios: “Para amarte bien, yo también tendría que ser un Dios”, dice Gedeón, pues sólo temor puede sentir hacia él, y por otra parte, la absoluta necesidad del hombre de creer en sí mismo. ¿Cómo puede el hombre conformarse con ser únicamente un instrumento de Dios, un juguete?; ¿orgullo? ¿vanidad? Sean bienvenidos, parece decir el autor, si con ellos podemos dar una razón de ser a la existencia humana.

La habilidad con que Chayefsky va entretejiendo esa disyuntiva actual del hombre de creer en sí mismo, rechazando todo contacto con la divinidad, ante la otra de sucumbir y quedar anulado, recuerda la técnica de Anouilh –del que se muestra como un descendiente– al tomar temas antiguos y darles una intemporalidad que los haga trascender hasta nuestra época, técnica por otra parte bien diferente de la de un Gressieker –Juego de reinas– aun cuando lleve la misma finalidad. No falta en la obra ni siquiera la crítica a los sacerdotes que se dejan llevar por el lucro: “Pero nosotros los abiezeritas somos pobres y el levita se fue a Silo. Son más sustanciosos los diezmos en Silo”, cuenta Gedeón.

La traducción de Eugenia Avendaño y Claudio Brooklogró belleza en el lenguaje, que es literario en grado sumo.

José Solé se saca en esta ocasión la espina de Los caballeros de la mesa redonda, ya que logra esa fina amalgama entre los sentidos: irónico, dramático, cómico, trágico, lo que es especialmente difícil, sobre todo cuando el carácter de los personajes está además, apegado al pasaje bíblico, pues Chayefsky presenta a cada uno en su verdadera dimensión: Jehová, el iracundo Jehová de la Biblia: vengativo, apasionado, impulsivo, que lo mismo bendice o ama, que maldice y mata sin misericordia, de un orgullo tal que requiere la anulación del hombre frente a él. Personaje que por otra parte estuvo interpretado muy por abajo de lo que se precisaba, debido a la débil personificación que de él hizo Pedro Armendáriz, llena de asperezas, pobre, sin matices; todo lo que se veía en el personaje era el nerviosismo del actor, esto es lo peor que puede sucederle a un intérprete.

José Solé cuidó ante todo el personaje de Gedeón, el cual, debe mantener un equilibrio constante entre el ser personaje y ser símbolo. José Gálvez, por lo demás, lo interpretó con maestría, sabía ser a la vez Gedeón, hombre, con sus características propias y representar al mismo tiempo a un pueblo que siempre tuvo un matrimonio mal avenido con Jehová. Es satisfactorio verlo renovarse hasta lograr una creación de su personaje llena de visos diferentes, como una joya que se ve desde diversos ángulos y no obstante es la misma joya.

En fin, que Solé logró pintar extraordinariamente a ese pueblo israelí que tan pronto olvidaba al dios de Moisés para adorar a Baal o a Istar y a toda clase de dioses, como lo amaba cuando un nuevo profeta le hacía recordar a Jehová una vez más. Logró sostener el tono en esta comedia de tan difícil tratamiento y dio una composición siempre plástica a todas las escenas.

Julio Prieto ha reencontrado la sencillez y esto va en su alabanza, excelente ha sido en esta ocasión su trabajo, tanto en lo que se refiere a la escenografía como al vestuario. Lo mismo que es muy de tomarse en consideración la música y la coreografía de la danza, de las que es autor Moshe Kedem, del Ballet INBAL de Israel.

Es imposible hablar detalladamente de cada uno de los actores que toman parte en la obra, ya que el reparto es muy numeroso. Sobresalen desde luego, Tomás Bárcenas, Eduardo Alcaraz, Roberto Rivero; José Elías Moreno, disparejo, con el texto inseguro, no obstante de la impresión de que en unos días, ya dominando el nerviosismo del estreno, logrará una muy buena interpretación. Bien Alonso Castaño, más o menos exagerado.