FICHA TÉCNICA



Título obra Bajo el bosque blanco

Notas de Título Under Wood Milk (título en el idioma original)

Autoría Dylan Thomas

Notas de autoría Juan José Gurrola / traducción

Dirección Juan José Gurrola

Escenografía Juan José Gurrola y Feliciano Béjar

Música Beatrice Gaspar

Notas de Música Daniel Jones / canciones

Vestuario Pixie Hopkin y Luz del Amo

Grupos y compañías El Estudio de Investigaciones Escénicas A. C. (Nombre anterior Teatro de la Escuela Nacional de Arquitectura)

Espacios teatrales Anfiteatro San Ángel Inn

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 10 junio 1962, p. 4.




Título obra Cacería de un hombre

Autoría José María Camps Regas

Dirección Fernando Wagner

Elenco José Luis Jiménez, Mario Orea, Dolores Tinoco (Lola), Mario García Gonzalez, Sergio Bustamante, Stim Segar, Gloria Leticia Ortiz

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Eventos Temporada de Oro de Teatro Mexicano del INBA

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 10 junio 1962, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Bajo el bosque blanco, Cacería de un hombre]

Mara Reyes

Bajo el bosque blanco. Anfiteatro San Ángel Inn. Autor, Dylan Thomas. Traducción y dirección, Juan José Gurrola. Música, Beatrice Gaspar. Canciones, Daniel Jones. Escenografía, Juan José Gurrola y Feliciano Béjar. Vestuario, Pixie Hopkin y Luz del Amo. Reparto: Grupo de El Estudio de Investigaciones Escénicas A. C.

Juan José Gurrola vuelve a tomar su puesto de director del mismo grupo que dejó al irse becado a los Estados Unidos de Norteamérica, aunque el nombre ha dejado de ser el de Teatro de la Escuela Nacional de Arquitectura para tomar el de El Estudio de Investigaciones Escénicas A. C.

La obra seleccionada por Gurrola para reiniciar sus actividades ha sido Bajo el bosque blanco (Under Milk Wood –Bajo el bosque de leche– de Dylan Thomas, escritor nacido en Swanses, Gales, en 1914 y que murió a la edad de 39 años sin ver representar su obra que se llevó a escena en Edimburgo en 1956), pieza [columna añadida a partir del original de la autora] que el propio Gurrola tradujo cuidando sobremanera que no se debilitara el enorme lirismo de ella.

El haber escogido Bajo el bosque blanco indica que Gurrola no quiere abandonar la línea en la que se inició como actor y que lo llevó a trabajar en los programas de Poesía en Voz Alta y es que la obra de Dylan Thomas es verdadera poesía en voz alta. Los personajes magníficamente trazados, las costumbres descritas en forma admirable y el lenguaje que es todo él imagen poética, hacen de esta obra una pieza literaria de gran belleza, pero no una obra teatral, porque el teatro no es sólo pintura de un ambiente, metáfora y riqueza literaria, el teatro es ante todo acción y conflicto. Una acción que se sirve del lenguaje, del movimiento, del gesto, del sonido como medios de expresión; en Bajo el bosque blanco hacen acto de presencia estos medios, pero no hay acción que los motive, es como un reloj que tuviera péndulo, manecillas, carátula, pero que estuviera privado de la maquinaria fundamental que le da sentido a esa forma externa del reloj.

La obra consiste sólo en la descripción de la vida de una aldea durante una noche y un día. Podría comenzar lo mismo por la mañana y describir los acontecimientos primeros del día y después de la noche, y ello no cambiaría en nada su desarrollo; por otra parte quizá esto hubiera sido preferible, pues de esta manera el espectador habría estado más familiarizado con los personajes en el momento en que éstos comienzan a soñar y, al conocer mejor las distintas personalidades comprendería mejor sus sueños.

Tomando en cuenta la falta de acción de la pieza, es admirable cómo Juan José Gurrola logra dar vida y animación a la escena; logra darle una actividad plástica que toca los lindes de la pintura. Se sirve del canto, así como de la diversidad de actitudes corporales que son en sí una búsqueda de la capacidad del cuerpo humano como instrumento de expresión. Aunque no es quizá culpa de la puesta en escena, sino de la obra misma, esta forma de actuación tiene un cierto aspecto superficial, como si todo lo que ocurre fuera sólo la cáscara de algo que en realidad no se llega a conocer.

La actuación del grupo es muy digna de consideración, ante todo por la indagación que representa su ya mencionada plasticidad. No puede hablarse de cada intérprete en especial, debido al gran número de actores que participan en el espectáculo, pero sí puede decirse que todos ellos hacen trabajo muy encomiable. El camino de investigación escogido por Gurrola es interesante y digno de ser visto y no puede dejar de aseverarse que el Anfiteatro de San Ángel Inn es un local que a pesar de su lejanía se presta maravillosamente para este género de experimentos y que la escenografía logró un ambiente ideal para esta “pieza para voces” de Dylan Thomas.

Cacería de un hombre. Teatro Fábregas. Autor, Jose M. Camps. Dirección, Fernando Wagner. Escenografía, David Antón. Reparto: José Luis Jiménez, Mario Orea, Lola Tinoco, Mario García González, Sergio Bustamante, Stim Segar, etc...

Hasta ahora la Temporada de Oro del Teatro Mexicano que está llevando a cabo el INBA se había desarrollado con el montaje de obras ya estrenadas antes, de diversos autores: Sergio Magaña, Emilio Carballido y Celestino Gorostiza; Cacería de un hombre –cuarta obra de la temporada y cuarta que se representa en México de José María Camps– es, pues, el primer estreno de la temporada. Desgraciadamente la obra resultó ser una burbuja que se deshace en el aire. El autor, teniendo como resorte una premisa poderosísima como es la de que un hombre para salvar su vida tiene que decidirse a matar a sangre fría y escoger entre cuatro personas a las que sólo les debe gratitud, desperdicia el tema para caer en la sensiblería. Pretende ser una obra de mensaje y éste resulta ser un lugar común, también pretende hacer suspense y sin embargo éste no sólo no existe sino que la trama se conoce de antemano, inclusive desde antes de que el “abuelo” hable de los chichicuilotes a los que nadie se atreve a matar precisamente por ser tan indefensos.

La acción (si es que hay alguna), está situada en un pueblo tropical de vegetación “lujuriante” del sur de México; no obstante, los personajes que habitan el pueblo pueden identificarse mejor como españoles por el tipo de relación que existe entre ellos y su comportamiento. Otro error del autor, fue su preocupación constante por hacer que los personajes hablen un lenguaje literario, lo que da por resultado que todos se expresen en igual forma, o sea con el lenguaje del autor y no con el suyo propio, con el que correspondería a su nivel social y cultural.

Cuando la obra termina se llega a la conclusión de que no ha sucedido nada y que aquello que podría haber ocurrido no le importa a uno. Triste es para un autor despertar esa sensación en su público.

La dirección de Wagner, por si fuera poco lo anterior, se sintió desganada, lenta, provocaba aburrimiento en vez de interés; y la escenografía, de David Antón, quizá por esa ubicuidad tan dudosa de la obra, resultó también anodina.

En cuanto a los actores, Sergio Bustamante, a quien hemos visto interpretaciones excelentes, interpretaciones mediocres, otras profundas y serias y otras en juego, irrespetuosas, en esta ocasión se decidió por la del juego, con lo que en vez de parecer un pistolero sanguinario que siente por vez primera que alguien le brinda afecto, parecía un aprendiz de “rebelde sin causa”, pero sin agallas.

La obra se la lleva Mario Orea, que es el único que tiene oportunidad de lucirse en su personaje del borracho Efraín, pues Dimas, que podría haber sido un personaje interesante y al que Mario García González habría resaltado sin lugar a dudas, está totalmente desperdiciado por el autor. Los agentes norteamericanos son personajes incidentales, carentes de importancia e interpretados decorosamente, y el resto: el abuelo, Eufrasia y Silvia, tomando en consideración todas las fallas del trazo que de ellas hizo el autor, puede decirse que José Luis Jiménez, Lola Tinoco y Gloria Leticia Ortiz, los interpretan, respectivamente, lo mejor que pueden.