FICHA TÉCNICA



Título obra Aprobado en castidad

Autoría Narciso Ibáñez Serrador

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Gloria Guzmán, Enrique Herrera, Guillermo Herrera, Freddy Fernández, Aurora Walker

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro de los Insurgentes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Una Gloria sin gloria y un espectro de Espectros”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 27 mayo 1962, p. 3.




Título obra Espectros

Autoría Henrik lbsen

Notas de autoría Salvador Novo / traducción

Dirección Lew Riley

Elenco Jorge del Campo, Guillermo Zetina, Dolores del Río, Adriana Roel, Julián Soler

Escenografía David Antón

Vestuario Andrés Valdés Peza

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Una Gloria sin gloria y un espectro de Espectros”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 27 mayo 1962, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Una gloria sin gloria y un espectro de espectros

Mara Reyes

Aprobado en castidad. Teatro de los Insurgentes. Autor, Narciso Ibáñez Serrador. Dirección, Luis G. Basurto. Escenografía, David Antón. Reparto: Gloria Guzmán, Enrique y Guillermo Herrera, Freddy Fernández, etc.

Movido por la más pura intención Luis G. Basurto, en premio a sus habilidades en el extranjero, logró traer a México a la primera actriz argentina: Gloria Guzmán –realmente creemos que hay ocasiones en las que conseguir la “gloria” hace arrepentirse de las virtudes–, esta actriz encarnó a la madre de familia inglesa de la obra del también argentino Narciso Ibáñez Serrador: Aprobado en castidad. Es de adivinar que el ambiente de la obra tenía tanto de inglés como de chino puede tener un italiano.

Es inconcebible cómo muchos tratan a toda costa de hacer del teatro un espectáculo de lucimiento personal en vez de un fenómeno de arte. Con el pretexto del “teatro para divertir” se irreverencia la verdadera faz del teatro.

La representación mantuvo, por otra parte, un desequilibrio constante en el tiempo, a cada momento se venía a la mente una pregunta: ¿estamos en 1962? Gloria Guzmán es comparable a nuestras “eximias” de la vieja guardia que probablemente estaban muy bien en su tiempo, dentro del género de teatro de entonces y para el público de aquella época, pero que sería tan absurdo que hoy se presentaran ante el auditorio en idénticas condiciones de aquéllas, como si una señora de sociedad fuera a misa vestida de madame Pompadour.

Hoy la técnica de actuación ha variado, lo mismo que varía la ciencia en sus procedimientos. La evolución se aplaude, la involución se reprueba.

Y de este nefasto resultado no sólo tuvo su parte Gloria Guzmán; sino también Luis G. Basurto, cuya dirección cayó en los viejos vicios del teatro caduco español, quizá para hacer juego con la actriz, con Enrique Herrera y Aurora Walker.

La obra, literariamente hablando, es una farsa breve que el autor se empeñó en hacer comedia –en cuatro cuadros–, a base de repetir las mismas frases una docena de veces, lo que acaba por matar la gracia y provocar el bostezo.

El único que se salva con decoro –entre todos los integrantes, incluido el escenógrafo–, es Freddy Fernández, un actor que sabe dominar sus actitudes y sobre todo con “ángel”.

¿Era necesario traer a Gloria Guzmán para que supiéramos lo que es una actriz argentina, teniendo aquí a Berta Moss, que sí es realmente una actriz?

Espectros. Sala Chopin. Autor, Henrik lbsen. Dirección, Lew Riley. Traducción, Salvador Novo. Escenografía, David Antón. Reparto: Jorge del Campo, Guillermo Zetina, Dolores del Río, Adriana Roel y Julián Soler.

Siempre han sido las piezas del tercer período de Ibsen las escogidas de entre su amplia obra para ser llevadas a escena, aunque no con la frecuencia que sería de anhelar. Esto ha hecho que sean las de este período las piezas más conocidas, ya que de sus obras llamadas heróicas y de las simbolistas rara es la ocasión que se tiene de ver alguna escenificada.

Espectros, como muchas obras de este autor –Casa de muñecas, Un enemigo del pueblo, etc.– plantea la lucha de un ser humano en contra de toda una sociedad que lo oprime, que quiere obligarlo a falsificarse. Ha querido verse en el Oswaldo de Espectros sólo un caso clínico que ha perdido vigencia hoy gracias a la penicilina, los que así lo han hecho no se han dado cuenta que el tipo de enfermedad es lo que menos importa. La herencia funesta que recibe Oswaldo es la de los prejuicios, la de las lacras de un mundo que ata y esteriliza a aquéllos que buscan nuevas concepciones, nuevos derroteros.

Strindberg en La sonata de los espectros –véase cómo hasta el título tiene la misma significación– también hace un planteamiento similar al presentar a la hija del falso coronel como una belleza inválida, que se marchita en medio de una impotencia absoluta para luchar en contra de todas las ligaduras del pasado.

La actitud de Ibsen no obstante en Casa de muñecas, en Un enemigo del pueblo y en Espectros varía; en la primera, Nora logra liberarse de una familia que la había nulificado hasta entonces, en la segunda el Dr. Stockman unido a su familia se enfrenta con entereza a su medio ambiente y no se permite a sí mismo sucumbir, en cambio Oswaldo no tiene armas para luchar, el pasado pesa sobre él en forma determinante a tal grado que pide a ese mismo pasado que lo aniquile ¿que representa para él su madre sino su propio pasado?

Espectros es el fruto de una sociedad que a pesar de que quiere ocultar sus lacras al mundo, éstas afloran y que al no tener los medios para mejorarse se siente impotente y se aniquila a sí misma. Claro que de todas estas implicaciones de la obra ibseniana, parece que Dolores del Río ni se enteró.

Para la actriz, llena de vanidad, lo único importante era lucir bien su vestido verde diseñado por Valdés Peza. Que la voz fuera monótona, sin matices, eso ¡qué importa! Dolores del Río confundió lo que es la acción interna de un personaje, con la no acción. Inútil es decir que la presencia de Julián Soler hacía caer como una cortina de humo sobre la escena. Es terrible que un hombre que ha dedicado su vida a la actuación, nunca pase de ser un mal principiante.

Por fortuna había dos luces que hacían huir del escenario la monotonía: Jorge del Campo y Guillermo Zetina. Actuación joven y ante todo emotiva. El verlos a ellos era como volver a respirar después de una larga contención del aliento.

Magnífica la traducción de Salvador Novo y muy digna de mención la escenografía de David Antón que da un ambiente justo a la obra, una de las más dramáticas de Ibsen.