FICHA TÉCNICA



Título obra Testigo de cargo

Notas de Título Witness for the prosecution (título en el idioma original)

Autoría Agatha Christie

Notas de autoría Manuel Sánchez Navarro / traducción cotejada con la adaptación de Juan Bustillo Oro

Dirección Manolo Fábregas

Elenco María Teresa Rivas, Manolo Fábregas, Andrés Soler, Prudencia Grifell, Luis Aragón, Carlos Ancira

Espacios teatrales Teatro de Los Insurgentes

Notas Manolo Fábregas es Manuel Sánchez Navarro

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Testigo de cargo de Christie, en el teatro de Los Insurgentes”, en Novedades, 15 febrero 1956.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Testigo de cargo de Christie, en el teatro de Los Insurgentes

Armando de Maria y Campos

El melodrama Witness for the prosecution de la escritora inglesa Agatha Christie está de moda en el mundo entero. Apareció en Nueva York, interpretada por Francis L. Sullivan, Patricia Jessel, Ernest Clark, Gene Lyons, Una O'Connor, Robin Craven y Horace Braham, y desde su primera representación conmovió al público de Broadway. Su autora fue desde antes de que se conociera esta interesante pieza teatral una garantía de éxito. Agatha Christie, novelista inglesa –su verdadero nombre es Agatha Mary Clarissa Miller– es una de las más leídas y buscadas y sus piezas de teatro de las más escuchadas y seguidas con pasión. Su especialidad es el género policiaco y posee una extraordinaria habilidad para complicar los temas de robos y asesinatos y resolverlos después con tanta sencillez como claridad. Se dice que ha llegado a vender más de cincuenta millones de ejemplares de sus obras, y se le compara con los maestros del género policiaco: Wilkie Collins, Conan Doyle, G.K. Chesterton, Eric Ambler, Sax Rohmer, Dorothy Sayers, Edgar Wallace. Se preguntará el lector ¿de dónde viene el apellido Christie? Esto no es un misterio y en caso de que pudiera serlo queda aclarado con esta noticia. En 1914, casó con el coronel Archibaldo Christie.

Testigo de cargo se representa actualmente en Londres, Nueva York, Austalia, Roma y Milán, Barcelona y Madrid y en Buenos Aires a pesar de los disturbios políticos. La traducción española se debe a Luis de Baeza, y la que se representa estos días en el teatro de Los Insurgentes, a Manuel Sánchez Navarro, en versión que ha precisado de una adaptación castellana a cargo de Juan Bustillo Oro, autor teatral en su juventud y muy conocido argumentista y director cinematográfico. No conozco el original de Witness for the prosecution, pero sospecho que la adaptación, si realmente existe, no es de fondo.

Testigo de cargo es un melodrama policiaco en tres actos, el último dividido en dos cuadros, y repite con extraordinaria habilidad un jurado popular, tema que es viejo en el teatro francés desde La mujer X, y que se ha repetido en piezas de corte policiaco norteamericanas e inglesas en un número que haría interminable las citas. La más famosa pieza de este género en que se escenifica un jurado popular, entre las conocidas en México, es El proceso de Mary Dugan, que hace más de veinticinco años alcanzó éxito memorable en el teatro Virginia Fábregas y formó parte del repertorio de compañías de misterio que recorrieron la república en todas direcciones. El jurado popular que se escenifica en Testigo de cargo alcanza extraordinaria veracidad. Por las fotografías que de sus representaciones en Nueva York tengo a la vista, advierto que ha sido montado en México con exactitud fotográfica en relación con la puesta en escena norteamericana. Robert Lewis, director y productor de Witness for the prosecution en Nueva York, reprodujo a su vez la corte central criminal –llamada Old Bailey– en Londres. Al levantarse el telón del Insurgentes para que dé principio el segundo acto, el público se sorprende y conmueve con el espectáculo que se presenta a su vista y rompe en entusiasta aplauso. A partir de este momento la pieza, interesante desde un principio, tiene asegurado el éxito.

¿Qué es Testigo de cargo? No relataré su argumento para no caer en la indiscreción de referirme a su desenlace, cuyo secreto debe guardar el espectador, para que el que venga detrás de él resulte también cogido en la trampa de la intriga. Testigo de cargo es una comedia policíaca de nuestros días, de ahora mismo, desarrollada con sencillez y realismo, realmente sorprendentes. Sencilla no obstante lo complicado del crimen que da base a su argumento. El tema es originalísimo, y el enredado y sugestivo asunto está desarrollado con tal maestría, que su desenlace, insospechable y teatralísimo, no se produce hasta instantes antes del telón final. Tiene, además, esta obra el atractivo de ofrecer situaciones de positiva gracia intercaladas en las escenas del mayor patetismo. Todo es lógico a pesar del empeño que como autora hábil pone Agatha Christie en que a todas luces, incluso las de la justicia, parezca y aparezca como absurdo. La postura escénica necesariamente influye en el éxito de este melodrama, y como en el Insurgentes está cuidada en sus más mínimos detalles, y las matizaciones se prodigan a lo largo de los tres actos, el público queda prendido desde las primeras escenas y no se puede zafar hasta que por sorpresa se llega a la revelación de quien resulta ser el asesino. La atención del público, captada desde los primeros momentos, va in crescendo hasta las últimas palabras de la última escena.

Manolo Fábregas, empresario, director y actor –tres actividades distintas y un productor verdadero– vio esta pieza en Nueva York, y puedo asegurar que supo trasladarla en forma precisa y magnífica. La postura escénica no deja nada qué desear. También la interpretación es excelente. La estudiosa actriz María Teresa Rivas se revela como notable comediante, con aptitudes en verdad insospechadas no obstante sus buenas actuaciones anteriores. En algunos momentos su dramatismo de buena ley conmueve profundamente. Manolo Fábregas se reservó la interpretación del galán Leonard Vole y realiza una labor perfecta y precisa. Nadie pone en duda ya lo buen actor que se ha hecho. Andrés Soler reapareció en nuestra escena después de doce o quince años de ausencia, y como quien tuvo mucho, ha retenido para su plenitud actual cualidades y matices de gran actor. Doña Prudencia Grifell crea con maestría un personaje episódico, y se mantienen a la altura de estos excelentes intérpretes Luis Aragón y Carlos Ancira. Testigo de cargo se eternizará en los carteles del teatro de Los Insurgentes.