FICHA TÉCNICA



Título obra A 8 columnas

Autoría Salvador Novo

Dirección Salvador Novo

Elenco Miguel Suárez, Mario García González, Raúl Dantés, Julio Alemán, Aurora Molina, Estela Clark

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de A 8 columnas, pieza teatral de Salvador Novo, en el teatro La Capilla, de Coyoacán”, en Novedades, 12 febrero 1956.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de A 8 columnas, pieza teatral de Salvador Novo, en el teatro La Capilla, de Coyoacán

Armando de Maria y Campos

Don Salvador Novo ha dado a la escena una nueva pieza teatral titulada A 8 columnas, dividida en tres actos. A 8 columnas, es la segunda obra de teatro seria, por cuanto a su dimensión y ambición, de este ilustre escritor, poeta y ensayista, productor y director teatral, actor también en contadas ocasiones. Además de escritor, etcétera y de Académico de la Lengua, Novo es periodista, columnista en particular y su paso por los grandes diarios de la mañana y de la tarde ha dejado huella profunda, inolvidable. En su pieza A 8 columnas Novo se coloca en la actitud de autor que critica los entresijos culpables del periodismo. Critica el mal periodismo, porque –confiesa– "una de las armas de mayor nobleza (el periodismo) no debe caer en manos innobles".

La pieza A 8 columnas se desarrolla en la antesala del director de un gran rotativo mexicano. ¿Cuál? ¿Alguno de los diarios que contó a Novo entre sus colaboradores? El título del diario a cuya intimidad administrativa nos introduce Novo lo puede revelar todo: El Mundo, porque el mundo es... ancho y ajeno. No es la primera vez que en México –o en España, hasta donde alcanzan mis recuerdos– el tema del periodismo, con la reproducción de alguna de sus salas o antesalas se lleva a un escenario. Nuestra revista de actualidad se inicia con una pieza cuyo arranque toma velocidad en una redacción: La cuarta plana de Escalante Palma y Fernández Frías, que corresponde a las postrimerías del siglo XIX –se estrenó el 28 de octubre de 1899–. Fue una revista ingenua en la que se trató de la invasión que ya se hacía sentir de la publicidad en "la cuarta plana" de El Imparcial, el mejor diario de la época. La segunda vez que con éxito se llevó a nuestros escenarios una pieza frívola con el tema de lo que ocurre en la redacción de un periódico fue con la "sátira modernista" titulada, como el periódico a que aludía El Pájaro Azul, de los periodistas mexicanos José Ignacio González y Julio B. Uranga. Como La cuarta plana, El Pájaro Azul, fue un gran éxito, éste más considerable porque estrenada la revista en las postrimerías apotéticas del porfirismo –teatro Principal, de México, 25 de junio de 1910– se refería a "un diario independiente, clarín de justicia y huracán de verdades", y se atrevió con desenfado a hablar de las inmoralidades periodísticas... de entonces y de siempre.

En España abundan las revistas que se desarrollan en una redacción, pero con todas estas piezas de argumento periodístico, barrió la farsa en tres actos El Clamor, de Azorin, Antonio Martínez Ruiz y Pedro Muñoz Seca, estrenada con extraordinario éxito y escándalo de prensa y política, en el teatro de La Comedia, de Madrid, el 2 de mayo de 1928. El pulcro estilista Azorín y el travieso chistómano Muñoz Seca se dieron vuelo ironizando, tomando en broma, zahiriendo y produciendo chistes filosóficos y del más grueso calibre sobre la vida íntima de El Clamor, periódico político y falto de escrúpulos. La pieza no alcanzó muchas representaciones, ni después de su temporada de estreno se volvió a representar, no obstante que estaba bien construida y que el público –como sucede con la pieza de Novo– podía identificar a muchos de sus personajes: el director y el editorialista, los redactores, las colaboradoras, y, claro y en primer término, a los influyentes políticos, porque en realidad los autores no se propusieron hacer una obra que pudiera envejecer en la cartelera o convertirse en pieza de repertorio.

El crítico y ensayista Guillermo Díaz Plaja comentó este comentadísimo estreno con estas palabras no por evasivas menos sinceras: "obra de intención polémica, sin otro interés dentro del conjunto del teatro azoriniano, rehuimos su enfoque, deliberadamente, con objeto de no intervenir en un tema de orden evidentemente anecdótico".

Puedo acogerme a situación semejante, por lo que se refiere al ángulo anecdótico de la interesante, divertida y más que anecdótica, histórica pieza de Novo, y me acojo desde luego. No así respecto a su mérito literario, que corresponde en todo a la ilustre pluma que la llevó al papel y a la calidad de director que la puso en escena. Si, como se sabe, en el arte del teatro el diálogo es todo, porque todo debe estar en el diálogo, la pieza de Novo es magnífica, porque toda ella es diálogo fluido, fino, irónico, cáustico y gracioso, mordaz y travieso. De Salvador Novo, en fin. Y siempre a tono con el carácter del personaje –bien sea Torritos, el segundo director, que los reporteros, uno idealista, cínico el otro; que la secretaria apta y con una madre enferma como en todo melodrama que se estime; que la columnista, mitad publicista, mitad dama y su poquito de amiga fácil–; de tal suerte que, cual debe ser aunque sea obvio insinuarlo, lo que dice este o aquel personaje sólo puede decirlo ese personaje y nadie más que él.

Como pieza de teatro está construida con sencillez –el tema, el lugar de acción, la unidad de tiempo, no da para más– y su teatralidad reside más en lo que dicen los personajes, que en la acción propiamente, que sólo es teatral al final del tercer acto. A 8 columnas, es una pieza construida con limpieza y dominio, difícil facilidad que no todos los autores alcanzan o practican.

A 8 columnas está presentada con mucha propiedad y con sobrio lujo. Un acierto del escenógrafo Antonio López Mancera, y la interpretación es excelente de parte de todos, que están como si en la vida real fueran lo que simulan en la ficción: Miguel Suárez como Torres, el editorialista de El Mundo; el diputado –un poco de apenas ayer– a cargo de Mario García González; los dos reporteros: Raúl Dantés (el idealista) y Julio Alemán –la noche que vi la pieza– (el cínico); la interesante Aurora Molina como la secretaria útil y romántica y la bella Estela Clark, como la periodista publicista. A 8 columnas es una pieza que deben ver los periodistas jóvenes. Aprenderán mucho en ella... si quieren.