FICHA TÉCNICA



Título obra Corona de sombra

Autoría Rodolfo Usigli

Dirección Ricardo Mondragón

Elenco María Teresa Montoya, Luis Beristáin, Fernando Maximiliano, Beatriz San Martín, Emilio Brillas, Rodolfo Landa, Tomás Mejía, Gerardo del Castillo, Alberto Camacho, Miguel Córcega, Luis Robles, Sergio Garza Zambrano

Espacios teatrales Teatro María Tereza Montoya

Eventos Inauguración del teatro María Tereza Montoya en Monterrey

Notas Obra y ceremonia inaugural del teatro María Tereza Montoya

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración del teatro María Tereza Montoya, en Monterrey, el 3 de febrero”, en Novedades, 11 febrero 1956.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Inauguración del teatro María Tereza Montoya, en Monterrey, el 3 de febrero

Armando de Maria y Campos

El cronista se trasladó a la ciudad de Monterrey para asistir al extraordinario acontecimiento que supone en nuestros días la inauguración de un teatro de primera categoría, el que con el nombre de María Tereza Montoya, nuestra ilustre trágica, ha sido construido en la capital de Nuevo León con la cooperación unánime de capitalistas y ciudadanos regiomontanos. Todo Monterrey estuvo pendiente durante semanas de esta fecha memorable, efemérides que se inició el jueves 2 con la bendición del local por monseñor Alfonso Espino y Silva, arzobispo de Monterrey, en sencilla y solemne ceremonia a la que asistieron los principales accionistas de Teatral Regiomontana, S.A., constructora de este coliseo.

A las 12 en punto del día 2, monseñor Espino y Silva dio su bendición a este nuevo y magnífico templo de Thalía, en solemne ceremonia a la que asistieron Antonio Muguerza y señora; Ignacio Santos y señora; Ismael Garza T. y señora; Adrián Muguerza y señora; Virgilio Larralde y señora; Andrés Chapa y señora; Rebeca y Hernán Muguerza, Joel Rocha, Ramón Cárdenas y Rómulo Garza, Matías Garza Sanmiguel, doctor Oliverio Serna Chapa y quien estas líneas escribe. Veinticuatro horas después de que la Iglesia patrocinó con sus bendiciones el coliseo de María Tereza Montoya, el Estado, representado por el gobernador constitucional de Nuevo León, licenciado Raúl Rangel Frías, inauguró oficialmente este gran centro de espectáculos. Pronunció elocuente, significativo y breve discurso el mandatario neoleonés, y en seguida se dirigió al numeroso auditorio el secretario general de la Asociación Nacional de Actores, licenciado Rodolfo Echeverría Landa, en nombre de los actores residentes en el país, lleno de júbilo por la significación que este acto tiene para el presente y lo futuro del arte teatral en México; la imponente y conmovedora ceremonia concluyó con el acto de develar el busto que la ANDA dedica a la señora Montoya, obra del escultor valenciano Albert, que se levanta, lleno de majestad y dolor, características de nuestra gran trágica, en el amplio e imponente pórtico de este soberbio coliseo. Por la noche, a las 21 horas, se inauguró propiamente el coliseo con la representación de Corona de sombra, famosa pieza antihistórica en tres actos y once escenas, de nuestro eminente dramaturgo Rodolfo Usigli, por el insuperable conjunto que para esta ocasión logró reunir doña María Tereza Montoya.

La elección de Corona de sombra para la solemne inauguración del teatro María Tereza Montoya, fue un acierto. Ninguna otra pieza de autor mexicano alcanza la categoría universal de ésta de Rodolfo Usigli, estrenada en México, como se sabe, en el teatro Arbeu, el 11 de abril de 1946 y después representada en francés en Bruselas y en París –por la radio en Francia–, en Londres –también por la radio–, en Nueva York varias veces, en Puerto Rico y por los universitarios de Texas; varias veces editada en español, francés, flamenco e inglés. La interpretación de Corona de sombra en Monterrey fue excelente, y tengo para mí, que supera a todas las anteriores, no sólo por la calidad que le otorga la intervención de María Tereza Montoya, sino también por el sobrio y notable conjunto que cubrió el numeroso reparto. Luis Beristáin estuvo severo y humano como Fernando Maximiliano, y Beatriz San Martín supo dar al personaje de la emperatriz Eugenia la gracia y frivolidad que fueron síntomas del segundo imperio francés. También se mostraron excelentes actores Emilio Brillas como Napoleón III, Rodolfo Landa como Tomás Mejía, Gerardo del Castillo como el mariscal Bazaine, Alberto Camacho como el arzobispo Labastida, Miguel Córcega como el alienista y Luis Robles como el padre Fisher. Varios jóvenes actores procedentes de los grupos experimentales regiomontanos también participaron en las cuatro representaciones de Corona de sombra, destacando la labor de Sergio Garza Zambrano, como el papa Pio IX. La presentación de la obra fue igualmente propia y soberbia, digna de cualquier primer gran teatro, y el público regiomontano, que llenaba en su totalidad las 1,300 localidades –al precio de cincuenta pesos cada una– vestido de gala como correspondía a la solemnidad del espectáculo y a la categoría de gran ciudad que es Monterrey, escuchó con creciente interés a los actores, se interesó vivamente por la representación, y al final de la función, no obstante que concluía al filo de las dos horas del día 6, aplaudió con calor y en primer término a María Tereza Montoya, a su esposo Ricardo Mondragón, quien dirigió la postura de la obra; a Luis Beristáin y a Beatriz San Martín en particular, prolongando sus ovaciones al resto de la compañía durante la docena de veces que subió y bajó el telón al concluir la memorable velada, de la que también fue héroe el autor don Rodolfo Usigli.

Como indispensable y ocasional preámbulo a la representación de Corona de sombra, se desarrolló un acto simbólico durante el que hablaron el escritor y poeta don Alfonso Junco, en nombre de los regiomontanos constructores del teatro, don Francisco Benítez, como secretario de la Federación de Agrupaciones de Espectáculos Públicos, don Rodolfo Landa, como secretario de la Asociación Nacional de Actores, don Luis G. Basurto, en representación de la Unión Mexicana de Autores y don Ernesto Finance, veterano actor, en representación de los comediantes que más han actuado al lado de nuestra ilustre trágica. Durante este acto que mantuvo el interés del noble público regiomontano no obstante que necesariamente tuvo que ser prolongado, se prendieron al pecho de María Tereza y de Ricardo Mondragón sendas medallas simbólicas y les fueron entregados diplomas en pergamino, con significativas dedicatorias, a esta pareja de comediantes, prez y orgullo de la escena mexicana.

La temporada de inauguración se prolongará durante varias semanas y serán presentadas ante el público de Monterrey aquellas obras que caracterizan la carrera ascensional de María Tereza Montoya, interpretadas por las primeras figuras contemporáneas de nuestra escena, que irán a Monterrey a actuar al lado de la Montoya, como un homenaje a este trágica, flor y fruto que se da en el teatro cuando más cada cincuenta años.