FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Vístase señora!

Autoría Georges Feydeau

Notas de autoría Raúl Zenteno /adaptación

Dirección Raúl Zenteno

Elenco Dulce María Serret (Tana Lynn), Mari Carmen Vela, Celia Montero, Pomponio, Pitouto, Marco de Karlo, Torvay, Chehuan, Víctor Manuel Castro, José Luis Moreno, Manuel Zozaya, Arana

Espacios teatrales Teatro Juárez, del Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Salubridad y Asistencia (SSA)

Productores Producciones Premier

Referencia Armando de Maria y Campos, “La misión de la crítica es valorativa y ordenadora. II”, en Novedades, 12 enero 1956.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La misión de la crítica es valorativa y ordenadora. II

Armando de Maria y Campos

La última función de estreno del sexenio –el hombre ha convenido en que es necesario dividir el tiempo por periodos, para manejarlo mejor–, ha sido lamentable, sin lugar a dudas. Ya el cronista se había puesto en estado de alerta desde que una publicidad irresponsable prevenía al público que la obra que ofrecía la empresa Producciones Premier había sido representada en París más de 1,000 veces. Mentira publicitaria e irresponsable desde luego. Bien que se refiriera a una obra vieja, del viejo repertorio de Georges Feydeau, autor dramático francés nacido en 1862 y muerto en 1922. Pero aún así es inexacto, porque se trataría de un militar[ sic] de representaciones discontinuas.

El título de la producción de éste, ambiguo y acomodaticio: ¡Vístase, señora!,que no corresponde a ninguno de los grandes éxitos del autor de Le tailleur pour dames,Amour et piano,Chat de poche,Par la fenétre, Les fiancés de Loches,Un bain de ménage,Monsieur Chasse,Champignol malgré lui,Un fil a la patte,Le ruban,La dame de chez Maxim,La duchesse des Follies-Bergére, Le circircuit, Le Bourgeon,L'affaire Edouard,que son las que forman la base de sus grandes éxitos del boulevard parisiense y en Madrid, México, Buenos Aires, etc. El tal ¡Vístase, señora! se anunció como "traducción de Raúl Zenteno", publicista chileno que en México la ha hecho de director de escena, de actor y de productor de programas de televisión.

Y bien; con ciertas reservas esperamos a que se levantara el telón y diera principio el espectáculo que acogía en su escenario el teatro del sindicato de trabajadores de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, construido, como se sabe, con el propósito de contribuir a la cultura teatral de la clase sindical. Las reservas que abrigaba el cronista podrían apartarse en la forma siguiente: a) origen de la pieza de Feydeau; b) traductor de la obra; c) intérprete de la obra. Sobre la calidad de los intérpretes no cabía duda de su ninguna responsabilidad individual para garantizar una buena intepretación. Tana Lynn, que hace mucho tiempo renunció al teatro profesional, vive entregada a actividades ajenas al arte teatral; Mari Carmen Vela no tiene lugar entre quienes hacen comedias, y Cecilia Montero, debutante quinceañera, comparte –a lo que a simple vista se ve– su vida con la del productor traductor director, es decir, que empieza su carrera teatral, como otras mil lo han hecho antes, como protegida. En cuanto a los actores, todos han hecho sus primeras armas lejos de representaciones responsables y quien no procede de las carpas populares y lleva en sus alforjas cuantos elementos del género grueso son indispensables para destacar por aquellos rumbos, es extra de cine o ha tenido programas en la televisión comercial. Pomponio, Pitouto, Marco de Karlo (sic), Torvay, Chehuan, Víctor Manuel Castro, José Luis Moreno... Y entre éstos Manuel Zozaya –discreto como profesional serio– y Arana, redicho, recalcado y subrayado... A las primeras escenas –la segunda si mal no recuerdo– salta la liebre de un argentinismo inconfundible: "mucama", por recámara o simplemente sirviente. Ya está: se trata de una adaptación argentina, adoptada por el señor Zenteno, quien no se tomó el trabajo mínimo de expurgarla de argentinismos y ponerla en un mediano castellano.

Con estos elementos, ¡Vístase, señora! resulta una representación al estilo de los más crudos o más corrientes vodeviles franceses, llevada en tono de farsa, actuando ellas y ellos en forma francamente bufa, corriente, salpicada con el lodo de chistes verdes sin gracia, calamboures, retruécanos que no estarían bien en boca de las prostitutas y de sus chulos; la más cruda representación de teatro asqueroso, durante la que las mujeres renuncian a toda dignidad femenina atentas sólo a saltar sobre una cama medio desnudas, sin quitarse el sombrero y los collares de perlas falsas, mientras los actores se portan con la crudeza propia del teatro para hombres solos. La acción lo justifica, porque ocurre en un hotel dedicado al amor mercenario. Todo adulto sabe lo que pasa en ellos, pero ¿es preciso representarlo sin pudor alguno, crudamente, gozándose en batir el lodo con el chiste verde?

Dicen que la misión de la crítica teatral consiste en extraer del "informe mentón" de las comedias o dramas que se estrenan las piezas significativas, es decir, las obras importantes, y dejar de lado lo que no cuenta, lo que no vale. La misión de la crítica es valorativa, y, en consecuencia, ordenadora. Y el resultado último es la extracción documentada y responsable de las obras significativas de la época. El efecto inmediato de la tarea crítica es la orientación pública. Por eso no podemos silenciar, a menos de hacernos cómplices, el sucio espectáculo que se presenta sobre el escenario del teatro Juárez, propiedad del Sindicato de Salubridad y Asistencia.

Puede el espectáculo del señor Zenteno continuar, por supuesto, pero sobre aviso de la crítica no hay engaño para el público de buen gusto. El espectáculo del Juárez debe ser acogido con reservas: a) porque se trata de una mala adaptación argentina de una vaudeville francés, que el señor Zenteno quiere hacer pasar como suyo; b) porque las actrices faltan al elemental pudor femenino al mostrar sin recato sus indudables encantos; c) porque el ritmo de la representación tiene un tono de farsa, de acuerdo con la calidad histriónica de los actores que intervienen en ella; y d) porque el todo del mismo no previene al público que se trata de "teatro para hombres solos", y de ninguna manera para familias.

A menos que la crítica teatral no funcione en México, nadie podrá negar al señor Zenteno que ha venido a ofrecernos el peor teatro que se ha visto en México.