FICHA TÉCNICA



Título obra Y ahora... ¿qué hacemos?

Autoría Alfonso Anaya

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Francisco Muller, José Mora, Margarita Herman, Judy Ponte, Germán Robles, Carlos Andréu, Teresa Andréu, Ismael Arrumbe, Fuyo Levi, Sara Montes

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Teatro El Caracol

Referencia Armando de Maria y Campos, “Y ahora... ¿qué hacemos?, comedia de risa de Alfonso Anaya B. en el teatro El Caracol”, en Novedades, 29 diciembre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Y ahora... ¿qué hacemos?, comedia de risa de Alfonso Anaya B. en el teatro El Caracol

Armando de Maria y Campos

Alfonso Anaya B., joven autor mexicano, autor de una graciosa comedia de entretenimiento que alcanzó un buen número de representaciones en la sala Chopin, Despedida de soltera, animado por el éxito de su primera producción ha estrenado en el teatro El Caracol –21 de diciembre último– otra comedia también intrascendente y a la que francamente califica "de risa", que lleva por título una frase que es al mismo tiempo duda e interrogación: Y ahora... ¿qué hacemos?

Después de asistir a su primera representación y de reír de buena gana con los chistes en que abunda esta pieza en tres actos –el tercero dividido en dos cuadros–, nos preguntamos, como el autor: y ahora... ¿qué hacemos? Desde luego no tomar muy en serio la pieza de Anaya como producción de teatro, porque es otro tanteo que intenta el autor para hallar el camino que lo conduzca a producir obras cómicas del tipo de... tantas y tantas como han hecho reír al público que busca en el teatro un simple medio de distracción y esparcimiento.

Seguramente que Alfonso Anaya B. llegará a escribir excelentes comedias cómicas, porque posee una vena humorística que lo llevará al triunfo definitivo, cuando, además de hacer chistes por cientos en cada obra, haga, también, la obra. Una comedia cómica debe ser, aunque esto parezca sentencia de Pero Grullo, primero comedia y después cómica. Alfonso Anaya B. todavía no hace buenas comedias, aunque las dos que le conocemos arranquen de una situación cómica y abunden en chistes hasta producir nutrida granizada, con granizos de todos los calibres y para todos los gustos, y cumplan su al parecer primordial propósito: hacer reír.

La segunda comedia de Anaya B. es inferior a la primera. Su argumento ha sido llevado varias veces al teatro. Algunos de sus tipos son tan antiguos como el hilo de coser, y por razón natural las situaciones se exponen forzadas y se precipitan sin justificación, pero como el público no cesa de reír, no se da mucha cuenta de ello y agradece al autor los puñados de chistes que arroja sobre el diálogo con el desenfado de quien avienta confeti sobre una multitud en alegre jamaica. Es natural que puesto en este plan, el autor no intente siquiera hacer sus personajes reales ni justificar sus reacciones. Le basta con que digan chistes y que éstos lleguen al público.

Yo estimulo a Anaya B. a seguir escribiendo teatro cómico, pero construyendo primero el armazón de la comedia y rellenándolo después con todo lo que su vena cómica le permita.

Yo gusto de reír en el teatro, cuando voy al teatro a reír. Recuerdo que un personaje de García Alvarez, famoso autor español injustamente olvidado decía: los burros no se ríen. Y ya que he citado con motivo de la risa a un personaje anónimo, me viene a la mente una cita que creo oportuna de Eca de Queiroz: "Una carcajada, libre, franca, resonante, cristalina, una de esas carcajadas que vienen del alma, prueba la fuerza, la salud, la paz, la simplicidad o la libertad,porque sólo las gentes honradas saben hacer reír".

Hacer reír no es cosa fácil. Porque para hacer reír se requiere de mucho más talento que para provocar la tristeza o el llanto. Es verdad, según dijo Víctor Hugo, que Dios no se ríe; y que la tierra, esta pícara tierra que habitamos, no es más que un valle de lágrimas; pero nadie negará que la risa es un signo indispensable. Un síntoma inequívoco de salud y de moralidad. Y no está mal un poco de risa moral en nuestros escenarios, como contraste a la que estos últimos meses han provocado tantas piezas por muchos consideradas como inmorales. Pero Grullo diría que esas risas son... inmorales.

Bienvenido un autor cuyo único propósito es hacer reír, y ojalá que pronto nos resulte un buen constructor de comedias. La risa nos hace falta. La risa, es un don solamente concedido al hombre; la foca y el cocodrilo lloran, la llama escupe, la araña hila y teje, la oropéndola se mece, el gato se lava la cara, el perro se rasca, el loro y la cotorra hablan y cantan, el topo es mirador, el castor es albañil... pero no hay animal que se ría; es en lo único que el hombre se diferencia de los animales, porque nuestro cerebro es más perfecto; toda idea estrafalaria nos produce una sensación, una sacudida cerebral que se traduce en ese acto exclusivamente humano que se llama risa... ¡Ah!, se me olvidaba incluir entre los que no se ríen, a la mayoría de los críticos de teatro. Yo declaro, poniendo la diestra sobre mi Rémington, que busco la risa se encuentre donde se encuentre.

¿Por qué se censura y se desprecia a los autores cómicos? ¿Es que es más fácil hacer reír que hacer llorar? ¿Es que lo primero es una misión elevada y lo segundo una ocupación inferior y denigrante? ¿Es más meritorio y útil para la vida lo primero que lo segundo? Yo me quedo con la risa, que es lo difícil de alcanzar, porque para sufrir en el teatro o en la vida siempre hay tiempo. Atreverse a decir una gansada para que la gente se ría, no tiene la menor importancia. Pero pretender decir una sentencia y resultar con un camelo o una vulgaridad, tiene la peor de las sanciones: la del ridículo más triste y lamentable. Enhorabuena que Alfonso Anaya B. nos haga reír con sus comedias frívolas y todavía mal construidas. Ojalá y aprenda pronto a hacerlas bien y sin perder su rica vena cómica.

Para piezas de este tipo y corte no hacen falta grandes actores; basta con que sepan su oficio y no carezcan de vis cómica o sentido del humor. Francisco Muller, veterano actor de El Caracol, es un buen cómico en la mejor acepción del término; es decir, es cómico. Lo mismo ocurre con don José Mora y Margarita Herman. También Judy Ponte posee vena cómica, y si el resto del reparto no lo integran comediantes cómicos, todos se ajustan a sus personajes y no desentonan en el conjunto Germán Robles, Carlos Andréu, Teresa Andréu, Ismael Arrumbe y Fuyo Levi. La protagonista de esta pieza, Sara Montes, va adquiriendo oficio, pero en verdad lo que le preocupa, y el espectador de buen gusto se lo agradece, es que la tela de sus magníficos vestidos se ciña enamorada a su magnífica arquitectura corporal. La dirección de Aceves confirma que en él encuentran los actores inapreciable colaborador. La decoración de Julio Prieto es sobria y de buen gusto.