FICHA TÉCNICA



Título obra La Fessee

Autoría Jean de Letraz

Notas de autoría Eleazar Canale, / traducción

Dirección Víctor O. Moya

Elenco Miguel Manzano, Alfredo Varela, Leopoldo Ortín, Blanca Castejón, Carmen Cortés, Berta Lomelí, Libertad Ongay, Yolanda Moro, Alfonso Fernández

Escenografía Farina

Espacios teatrales Teatro Bon Soir, en París 10

Notas de espacios teatrales Blanca Castejón / empresaria

Eventos Inauguración del Teatro Boin Soir

Notas Obra inaugural del Teatro Boin Soir

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración del teatro de bolsillo Bon Soir con la comedia La Fessee de Jean de Letraz”, en Novedades, 30 noviembre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Inauguración del teatro de bolsillo Bon Soir con la comedia La Fessee de Jean de Letraz

Armando de Maria y Campos

Un nuevo teatro de bolsillo abrió por primera vez sus puertas el sábado 26. Se llama –¡como si estuviéramos en París!– Bon Soir y es una verdadera joyita en el género. Una dama lo definió con certera frase: Una monada, una verdadera monada... Se llega a él por un pasillo, y, a mano izquierda, aparece el breve vestíbulo; en seguida la sala con algo más de cien butacas, muy confortable. El escenario es como un juguete, mejor dicho, como un estuche de alhaja. Se siente uno en la intimidad, y se recuerda la frase publicitaria de un perfume que lleva el mismo título que el teatrito: una caricia escondida en el embrujo de un perfume...

Lo ha construido para su propio ejercicio de actriz la inquieta comediante doña Blanquita de Castejón, al parecer contando con la ayuda de numerosos patrocinadores. En la lista oficial que enriquece con este dato el programa de mano aparecen los nombres de ciento cinco hombres todos ilustres en la banca, en la industria, en el comercio, en la publicidad o en la cinematografía. Es admirable el tesón, detrás del cual se encuentra el carácter de doña Blanquita. Los fracasos la crecen, como los puyasos a los toros de casta. Después de una desventurada temporada en la sala Molière, representando La suerte de los malos de Deval, en la que las drogas estuvieron a punto de ahogarla, sale a flote y reaparece con teatro propio, invencible y vencedora. Más animosa, optimista y traviesa que nunca, Blanquita eligió una obrilla que en su título –nada más en su título– lleva el escándalo: La Fessee. Por supuesto, las autoridades del Departamento Central le aconsejaron que le cambiara el título, porque, en castellano sonaba feo y podía despertar suspicacias de inmoralidad. Y doña Blanquita accedió a la indicación –para evitarse dificultades con las licencias de inauguración– y anunció la obrilla como ella quería, y a la vez haciéndole caso al jefe de Espectáculos. En la prensa: La Fessee, con este comentario: solicite su diccionario en la taquilla –por cierto no se repartió a nadie, porque no lo hubo– y en los programas: "El caso de la mujer fotografiadita". Y aquí paz y después –¡ojalá!– gloria...

Jean de Letraz, autor de La Fessee, fue un autor que gozó de extraordinaria popularidad en los teatros frívolos de París. Murió hace poco más de un año en olor de... pecado. Porque Letraz fue un excelente vaudevillista, y esta clase de autores no alcanzan nunca la gloria a que aspiran las familias decentes. Hubo ocasión, en París, por supuesto, que Jean de Letraz tuviera once comedias en ensayo y tres o cuatro en cartel. El fenómeno se explica porque los públicos buscan más que a otros los autores que les hacen reír con su poquito de picardía. Sólo André Roussin le disputaba popularidad al autor de La extravagante Teodora, y eligió este título, porque es de una comedia de Letraz que se ha representado en México, recientemente, en la sala Chopin, dirigida por Fernando Wagner. Por cierto que el director de origen teutón no entendió bien a bien el sprit, o espíritu frívolo, del autor francés. Y ya que he citado a Roussin conviene recordar que éste y Jean de Letraz coinci–[frase ausente en el original. N. del E.] se titula La petite hutte, representada en México en dos distintas ocasiones y la de Letraz Le voyage a trois, que yo creo sería de éxito si algún director hallara los intérpretes adecuados. Otras comedias de Letraz se han puesto en México, pero no recuerdo ahora cuándo ni por quién y no quiero provocar las iras de tremebundos Aristarcos o coléricos Catones con un dato inseguro.

La comedia frívola, de boulevard –o vaudeville, si queréis–, que eligió doña Blanquita para inaugurar su teatro es muy divertida y sólo pretende entretener. Trata de las complicaciones a que dan lugar unas cuantas nalgadas que como castigo a travesuras de niña traviesa y malcriada, da a su joven mujer un marido de costumbres corrientes, complicaciones que están a punto de derribar un gobierno –esto sólo puede ocurrir en París o en alguna opereta vienesa–, y que acaban por afianzarlo, todo porque una hábil reportera encuentra la forma de explicar a satisfacción de todos el regocijado suceso que da ocasión a una serie de situaciones alegres y divertidas, en las que intervienen tipos, fuera de la realidad como corresponde al tema, de lo más pintoresco. Para dar al lector una idea del argumento sería preciso contarlo con la gracia picaresca de un Paul de Kock, porque eso es La Fessee, un cuento picante muy bien teatralizado.

El director Víctor Moya, debe estar satisfecho del resultado que obtuvo con La Fessee. Hay que tener en cuenta en lugar preferente la traducción, de Eleazar Canale, fiel al original, hablada en lenguaje frívolo y fácil sin que se pierda uno solo de sus chistes al cambiar de idioma, si el aire frívolo y de fina caricatura que en ningún momento levanta del suelo basuras ni hace remolinos de dudoso gusto. En seguida, el acierto para elegir a los intérpretes masculinos. Los tres principales: Miguel Manzano, Alfredo Varela y Leopoldo Ortín crean con indudable flexibilidad los caracteres cómicos en choque. Cada uno aborda su personaje, y no sabría el cronista a quien poner delante de los otros dos, pero conviene destacar al más novel de los tres –Ortín–, porque los otros dos, Manzano y Varela, son auténticas fieras de la escena. Cuando encuentran un personaje y quieren estar bien no hay quien los mejore. La señora Castejón está fuera de edad, pero como es también excelente intérprete, se le ve en su puesto de actriz cómica al lado de Manzano, Varela y Ortín: Insuperable modista de sí misma, luce espléndidos modelos, y su habilidad para administrar recursos en la escena para hacerse notar la mantiene siempre en el primer plano de la atención. Carmen Cortés, también fuera de edad sólo que al revés, revela, al fin, lo buena actriz que siempre ha sido, y luce también tan inteligente, como hermosa y bien vestida. Berta Lomelí, muy bien vestida también –por el modista más caro del momento– logra una discreta interpretación de su personaje, el único que tiene sentido común en la comedia de Letraz, y completan con discreción el conjunto Libertad Ongay, Yolanda Moro y Alfonso Fernández. La escenografía de Farina del mejor gusto, como el mobiliario.

La inauguración del teatro de bolsillo Bon Soir –está en París 10 a la vuelta de Paseo de la Reforma– puede considerarse como el éxito frívolo del año.