FICHA TÉCNICA



Título obra Los justos

Autoría Albert Camus

Notas de autoría Guillermo de la Torre / traducción

Dirección André Moreau

Elenco Ofelia Guilmain, Beatriz San Martín, Luis Lomelí, Mario Orea, Carlos Bribiesca, Carlos Fernández, Mario Delmar, Jorge de la Cueva, Carlos Rodríguez

Escenografía Miguel Prieto

Espacios teatrales Teatro El Caballito

Productores Teatro Universitario

Notas de productores Carlos Solórzano / director artístico

Notas Semblanza de Albert Camus

Referencia Armando de Maria y Campos, “Albert Camus y el estreno en México de su pieza Los justos”, en Novedades, 18 noviembre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Albert Camus y el estreno en México de su pieza Los justos

Armando de Maria y Campos

En rigor de verdad, hasta ahora se representa en México con categoría el teatro de Albert Camus. Hace tres o cuatro años dos grupos experimentales distintos representaron en funciones con entrada gratuita El malentendido y Calígula. Al Teatro Universitario le corresponde el honor de presentar al mejor público de la metrópoli una de las más discutidas piezas de Albert Camus. Para muchos, este autor resultará un desconocido. Los enterados sabrán el sitio eminente que ocupa entre los dramaturgos contemporáneos. Para los primeros trazaré en seguida una semblanza con datos que tomo de la biografía de Camus escrita por Robert de Lupeé.

Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi, provincia de Constantina, Argelia, en el seno de una familia de obreros agrícolas. su padre, francés, fue muerto en 1914; su madre era de ascendencia española. Camus cursó estudios superiores en la Facultad de Argel, en condiciones difíciles; era alternativamente vendedor de accesorios para automóviles, meteorólogo, empleado en las oficinas de un corredor marítimo y en la Prefectura. Al mismo tiempo hacía deportes. Licenciado en Letras, presentó una tesis sobre san Agustín y Plotino. Le atacó la tuberculosis y suspendió sus estudios. Su pasión por el teatro se bosquejaba ya; creó una compañía, L'Equipe y se convirtió en animador y actor. Llevó a la escena pieza prohibidas de inmediato, como La revolté des AsturiesLa rebelión de Asturias– escrita por él mismo, que relata la rebelión de los mineros de Oviedo, de 1934. Adaptó Le temps du méprisEl tiempo del desprecio– de André Malraux, representa Le paquebot Tenacity de Vildrac, La femme silencieuseLa mujer silenciosa– de Ben Jonson, el Prometeo de Esquilo, traducido por él; Los hermanos Karamazov donde desempeña el papel de Iván. Viaja en condiciones precarias, visita España, Italia, Checoslovaquia, países que describe en sus primeras obras, en 1937 y 38. Periodista en Argel, después en París, actúa durante la Resistencia; la liberación lo sorprende como jefe de redacción de Combat, abandona ese puesto en 1945 y sus editoriales serán publicados en 1950 con el título de Actuelles. Camus tiene ya un nombre en la literatura. Después de la Liberación alcanzaron éxito sus dos obras de teatro: Le malentendu, representada en 1944 y Calígula, representada en 1945. Más tarde siguieron L'etat de siégeEl estado de sitio– y Les justes, representadas en 1948 y 50. Camus hace un viaje a los Estados Unidos en 1946. Al año siguiente publicó La peste, obra que lo señalara como uno de los maestros de las generaciones de posguerra. En octubre de 1951 aparece L'homme révoltéEl hombre revelado–.

Nos interesa exaltar en esta semblanza al dramaturgo, sin dejar de señalar la importancia que tiene su obra novelística. El teatro de Camus –sigo a Robert de Luppé– se desarrolla paralelamente a su obra de novelista y en la misma dirección. Es fácil, sin arbitrariedad, distinguir un periodo, que se ha convenido en llamar absurdo y otro periodo llamado revelado. Se agrupan en el teatro absurdo Le malentendu, representado en París al día siguiente de la liberación. A este mismo teatro absurdo corresponden Calígula. El teatro revelado lo forman, hasta ahora El estado de sitio, representado, como ya dije en 1948, y Los justos.

Camus tomó el argumento de Los justos de la historia. Lo indica él mismo en el programa vendido en las puertas del teatro Hébertot: "En febrero de 1905, en Moscú, un grupo de terroristas que pertenecían al partido socialista revolucionario organizó un atentado contra el gran duque Sergio, tío del zar. Este atentado y las circunstancias singulares que lo precedieron y siguieron es el argumento de Les justes. Por extraordinarias que puedan parecer algunas situaciones de esta pieza, son sin embargo históricas. Esto no quiere decir, como podrá comprobar el espectador, que Les justes sea una pieza histórica. Pero todos mis personajes han existido realmente y se condujeron como lo indico. Le he conservado al héroe de Les justes, Kaliayev, el nombre que en realidad llevó". El conflicto entre las exigencias de la revolución y las del corazón constituye el nudo de la pieza.

El teatro de Camus, en un estilo variado desde la sequedad de Le malentendu hasta la dolorosa densidad de Les justes, nos ofrece –resume Robert de Luppé– el mismo camino que la obra teórica o la obra novelesca. Llega al mismo punto; la defensa de los valores verdaderamente humanos; con sus medios propios; las peripecias de una acción y los conflictos de personajes, testimonia que la búsqueda de la verdad se realiza no en una paz tranquila sino en la contradicción.

Cumple puntualmente el Teatro Universitario dependiente de la Dirección de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México representando la versión castellana de este ilustre escritor francés contemporáneo, debida a la pluma también ilustre de Guillermo de Torre. La dirección artística del Teatro Universitario, al cuidado del arquitecto Carlos Solórzano, ha seleccionado un excelente elenco y, como de costumbre, ha confiado la escenografía al talentoso e inspirado escenógrafo Miguel Prieto.

Esta noche –si la presente crónica aparece con oportunidad– Ofelia Guilmain y Beatriz San Martín, Carlos Bribiesca, y Mario Orea, Luis Lomelí y Carlos Fernández ofrecerán bajo la dirección de André Moreau una digna y justa interpretación de esta conmovedora y estrujante pieza de Camus, el maestro del realismo metafísico.