FICHA TÉCNICA



Título obra Adulterio exquisito

Notas de Título Clotilde en su casa (título original)

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Notas de autoría Álvaro Custodio / adaptación

Dirección Álvaro Custodio

Elenco Manolita Saval, Amparo Villegas, Esperanza carreras, Óscar Ortiz de Pinedo, Vicente Oroná

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro La Rotonda

Referencia Armando de Maria y Campos, “Clotilde en su casa de Jorge Ibargüengoitia. Con cantables e ilustraciones musicales de Manolita Saval, en el teatro de La Rotonda”, en Novedades, 1 noviembre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Clotilde en su casa de Jorge Ibargüengoitia. Con cantables e ilustraciones musicales de Manolita Saval, en el teatro de La Rotonda

Armando de Maria y Campos

La dinámica Manolita Saval, cantante de opereta y en ocasiones de ópera, pianista y ahora actriz, ha hecho empresa teatral en el teatro La Rotonda con el propósito de presentar comedias modernas y presentarse ella misma, como es lógico y explicable. Y ha iniciado sus actividades –viernes 21– con el estreno de la comedia de Jorge Ibargüengoitia que con el título de Clotilde en su casa obtuvo una mención honorífica en el reciente concurso para obras teatrales convocado por el diario El Nacional, cuyo primer premio correspondió a la comedia Las palabras cruzadas, que actualmente se está representando en el teatro de La Comedia, también en la ciudad de México.

Para presentar la comedia de Ibargüengoitia –nacido en Guanajuato hace 27 años, de ascendencia española como lo revela su apellido de oriundez vascongada–, la señora Saval decidió no sé si por cuenta propia o aconsejada por el director de esta obra, señor Álvaro Custodio, que en otras ocasiones ha demostrado preferencias por las expresiones teatrales vaudevillescas, cambiarle título, y prefirió al sugerente e íntimo con que bautizó su comedia el autor, el ambiguo e inexplicable de Adulterio exquisito, creyendo con esto despertar la morbosa curiosidad del público de paladar grueso que gusta de las situaciones equívocas en el teatro, y al que se puede engañar sugiriéndole que un adulterio puede ser... exquisito.

A la noche de su estreno acudió el numeroso público habitual a los espectáculos en que en alguna forma destacada figuran elementos de la perdida república española. Había, claro está, una treintena de espectadores mexicanos. El resto estaba compuesto por ese elemento ya tan incorporado a nosotros, sin embargo tan estrechamente unido entre sí, que hasta hace poco se conoció por "los refugiados". Ya no lo son, que conste, pero que conste que cada vez que la ocasión les es propicia hacen acto de presencia, como en la famosa novela de Dumas, todos para uno y uno para todos...

Con esto quiero anticipar que la primera representación de Adulterio exquisito –o Clotilde en su casa– se resolvió como un éxito para la actriz protagonista, Manolita Saval, para el director, señor Álvaro Custodio, para la eminente actriz Amparo Villegas, no obstante su breve y episódico papel; para la nueva y ya veterana actriz Esperanza Carreras, tan española en su manera de hacer teatro, que cuesta trabajo creer que nació en Chiapas, y también para el actor cubano Óscar Ortiz de Pinedo, y hasta para el galán Vicente Oroná, hijo, de ascendencia paterna hispanoamericana. Fue una noche de apoteosis, incluso para el autor, de quien se dice que actualmente se encuentra en Nueva York disfrutando de una beca de dramaturgo concedida por la Institución Rockefeller.

En un prospecto costeado por anuncios comerciales que se entrega al espectador a la entrada, se trata de impresionarlo sobre la calidad del espectáculo que va a presenciar. Pero se hace en forma tan exaltada, que rebasa los límites de la discreción que debe sustentar toda nota meramente informativa. De Adulterio exquisito se dice que "es una de las obras más definitivas del teatro moderno mexicano". Y de su autor nada menos lo que sigue: "Jorge Ibargüengoitia muestra tal dominio del diálogo y de la construcción teatral, un espítitu tan moderno y una vena cómica de tal calidad, que para sí quisieran los autores más aplaudidos de Francia, Inglaterra o los Estados Unidos". ¡Ni más ni menos! ¡Ni menos ni más!

En verdad, Clotilde en su casa es una comedia fina, sencillamente cosntruida y sugestiva en su tema, que tengo para mi echaron a perder con adiciones forzosas para que quedara convertida en un vaudeville corriente, ajeno a la provincia mexicana, que termina con imprevistas escenas de melodrama, en las que quedan desvirtuados todos los personajes que se suponen cómicos, de esta pieza que puede ser en su original muy divertida, graciosa, tal vez con toques provincianos en los que pudiéramos reconocer algún rincón de nuestra patria, y con su moraleja, resignadamente provinciana, del perdón a la pobre Clotilde que en su casa fue adúltera casi sin darse cuenta.

El adulterio tonto de Clotilde con un estudiantuelo en la edad de la punzada, sorprendido, seguido y aun vigilado por dos tías solteronas, y del que resulta víctima, como es natural, un buen hombre que de improviso –figúrese lector, mientras va a comprar un tarro de alcaparras a dos cuadras de distancia de su casa– se da cuenta de todo, y que melodramatiza la sorpresa y la revelación con una botella de tequila en la mano, es un tema que tratado con ponderación (como creo lo hizo el autor), da una comedia entretenida e inocentona. Lo que vimos fue un vaudeville corriente, vulgar y con detalles –como aquel de la aparición de los dos adúlteros rendidos, arreglándose las ropas y diciendo cosas incoherentes–, que rechaza de plano el buen gusto. De nada le valen las escenas injertadas a última hora para que la protagonista revele al auditorio que tiene bella voz y toca el piano, lo que tal vez sea una comedia costumbrista, fina e irónica, ha quedado en un espectáculo de igual calidad que el que se viene representando en la sala Ródano pongamos por ejemplo de vaudeville para espectadores afectos a la sal gruesa.

La comedia de Ibargüengoitia parece arreglada o adaptada para que luzcan sus múltiples facultades la actriz empresaria Manolita Saval y el buen comediante Óscar Ortiz de Pinedo. Manolita está en Manolita. Muy graciosa, desenvuelta y nerviosa, es ella misma. Ortiz de Pinedo nos da la sorpresa de convertir su personaje del astracán más astracán al melodrama más melodrama. Hasta el final de la obra aparece la actuación en serio, no importa que sea melodramática, y que nos descubren en Ortiz de Pinedo una capacidad de interpretación honda y severa que antes no había tenido oportunidad de mostrarnos. Lo encontramos divertido al principio, y en excelente actor al final. Pero, desconcertante en suma. Las características señoras Amparo Villegas y Esperanza Carreras desempeñan con sobria realidad a sus personajes, y el galán Vicente Oroná, promete, y creemos en él como futuro actor, si se promete a sí mismo no reincidir en personaje tan inocuo y atolondrado. Creo que la dirección de don Álvaro Custodio descompuso la pieza de Jorge Ibargüengoitia. La escenografía de López Mancera cumple simplemente, a pesar del estorbo de un piano en escena para que Manolita Saval pueda desempeñar sus cantables y alborotar la acción con sus intervenciones al teclado.