FICHA TÉCNICA



Título obra Porgy and Bess

Autoría George Gershwin

Dirección Robert Breen

Elenco Levern Hutcherson, Martha Flowers, Helen Colbert, Lorenzo Fuller, John MacCurry

Escenografía Wolfgang Roth

Grupos y compañías La Ópera de Cada Quien

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Productores Departamento del Estado de Washington

Referencia Armando de Maria y Campos, “Porgy and Bess, ópera negra en Bellas Artes”, en Novedades, 22 octubre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Porgy and Bess, ópera negra en Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

La compañía norteamericana La Opera de Cada Quien, organización artística no lucrativa que, bajo los auspicios del Departamento de Estado de Washington, recorre desde hace tres años los principales países de América y Europa, el martes 11 inició una breve temporada en el Palacio de las Bellas Artes para presentar únicamente el drama lírico de George Gershwin Porgy y Bess.

George Gershwin es un ilustre compositor, muy conocido en el mundo musical antes de haber estrenado su ópera negra que ahora se representa y canta en el Bellas Artes, por su famosa Rapsodia en azul, y las no menos populares creaciones Un americano en París y Concerto en Fa Mayor, para piano y orquesta. Nació en Brooklyn, Nueva York, de origen judío, en 1898, y falleció en los Angeles, California, en 1937. Su ópera Porgy y Bess se basa en una novela del mismo título, adaptada después al teatro y representada con excepcional éxito en algún escenario neoyorquino de Broadway. La historia de la novela es pintoresca y apasionante. Se coronó de popularidad cuando dos años después de publicada alcanzó el premio Pulitzer. Su autor Dubois Heyward, que se había hecho rico con la novela, decidió convertirla en libreto de una ópera, precisamente la que George Gershwin trataba de componer. La ópera se estrenó en 1935 y hasta 1939 alcanzó un triunfo ruidoso, y el honor de ser representada en Europa. Porgy y Bess es la narración de la vida y los amores de los negros de la población de Catfish Row, barrio paupérrimo de Charleston, en Carolina del Sur.

La acción total ocurre en Catfish Row, barrio negro destartalado, al borde del agua, de la villa de Charleston, en Carolina del Sur, fundada en 1670 por colonos ingleses. Estimulados por un celo generoso y piadoso, en favor de la difusión del evangelio, así que se hubo proclamado la carta acordada por Carlos II al conde de Claredon, los colonos ingleses establecieron una plantación al norte de la Florida española. En ese tiempo, Catfish Row estaba rodeada por los castillos pertenecientes a los primeros aristócratas de Charles Tow, y "en los salones de techos altos, con sus grandes chimeneas coloniales ricamente decoradas, los gobernadores entraron y salieron, y los embajadores del rey complotaron y danzaron".

Pasado el tiempo, Catfish Row quedó habitada por los Gullah (nombrados así, tal vez por su origen esclavo en la Angola Portuguesa del Africa Occidental). Eran pescadores, estibadores, chamarileros, mendigos, etcétera, que se posesionaron de la antigua colonia anglosajona y le infundieron su espíritu de una manera indeleble.

En rigor, la trama de la novela traspasa los límites de lo puramente local porque, profundamente humana, es en verdad universal. Lo que le da inconfundible sabor original, es la partitura y también el texto del sinnúmero de canciones que figuran en la obra y que fueron escritas por Ira Gershwin, hermano del compositor y poeta de alto lirismo y profundo sentimiento. No soy, como bien se sabe, técnico en música, sino simple aficionado espectador recalcitrante. Por eso prefiero traer a esta crónica la explicación que el autor de Porgy y Bess dio cuando le preguntaron por qué esta creación suya venía a ser ópera popular: Porgy y Bess es un cuento popular. Así, pues, la gente que figura en él, naturalmente, tendría que cantar melodías populares. Cuando comencé a escribir la música decidí no usar temas populares ya conocidos, porque quería que mi música fuese integral, de una sola pieza. Por eso escribí mis propios Spirituals y canciones populares. Pero aun así, la música de Porgy y Bess es música popular, y por eso, habiendo ya escrito mi obra en forma de ópera, es evidente se trata de un ópera popular.

Porgy y Bess se estrenó en el teatro Alvin, de Nueva York, el 10 de octubre de 1935, como ya dije, con éxito resonante. El distinguido crítico del New York Times, Olin Downes, escribió sobre la ópera de George Gershwin, en los siguientes términos: "George Gershwin, conocido desde hace mucho tiempo como compositor con raigambre espiritual en lo que, intrínsecamente es música norteamericana, y poseedor de un auténtico talento para la poesía musical, muy especialmente en los temas líricos, y siempre original en sus concepciones, alcanza en Porgy y Bess el campo de la ópera. En esta obra, el compositor revela una apreciación que llamaríamos instintiva, de todos los matices del canto de los negros. Su armonización es opulenta y exótica. Se expresa idiomáticamente, en el mejor sentido de la palabra, y su música llena de vitalidad".

Tan famosa ópera constituye un espectáculo en verdad extraordinario porque tanto su trama de un interés absorbente, como su música de gran fascinación, la actuación de los artistas en el escenario y la ejecución perfecta de la música por la orquesta, constituyen otros factores tan sabia y equilibradamente mezclados, que no sabe uno cuál de ellos podría ser inferior a los restantes. Todo es perfecto y con esa sincronización que sólo se obtiene a través de los años en que un conjunto representa sin reposo y con devoción, como estoy seguro que sucede con todos y cada uno de los intépretes de Porgy y Bess. Sorprende una dirección en verdad extraordinaria, por Robert Breen, que no vacilo en declarar que es una de las más fulgurantes, sorprendentes y definitivas que he visto. Usa un escenario con tres pisos practicables y dos docenas de figuras en la escena, además de las que aparecen en puertas y ventanas, y es una lección viva de cómo mover complicadas escenas, multitud de personajes y lograr difíciles mutaciones en segundos. Cuenta para esto con una escenografía que es un triunfo de ambiente y un alarde de construcción, y que se debe a Wolfgang Roth, y con un vestuario rebosante de propiedad, que no sé a quién debe acreditarse. La iluminación, contando con el magnífico equipo que posee nuestro Bellas Artes, es, también, estupenda.

Resulta difícil para el cronista referirse en detalle a la soberbia interpretación, en la que se da igual importancia a la parte cantada, como a la actuación. Estupendas voces y excelentes actores reunidos frecuentemente en las mismas personas. Creo, sin embargo, un deber de cronista ciento por ciento ignorante en este espectáculo, citar por lo menos las magníficas voces de Levern Hutcherson, que interpretó al tullido Porgy; la de Martha Flowers encarnando a Bess; Helen Colbert, en Clara; Lorenzo Fuller, en Sporting Life; John MacCurry en Crown.

La temporada de Porgy y Bess es muy breve. El público inteligente debe apresurarse a conocerla.