FICHA TÉCNICA



Título obra Las costumbres de antaño o La pesadilla

Autoría Manuel Eduardo de Gorostiza

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Yolanda Barragán, Gina Rodríguez, Juan José Gurrola, Melchor Guardiola, Juan Marroquín, Rodrígo Martínez

Espacios teatrales Teatro de la Secretaría de Recursos Hidráulicos

Referencia Armando de Maria y Campos, “Actividades universitarias. Las costumbres de antaño de Manuel Eduardo de Gorostiza, por alumnos de la Escuela Nacional de Arquitectura”, en Novedades, 18 octubre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Actividades universitarias. Las costumbres de antaño de Manuel Eduardo de Gorostiza, por alumnos de la Escuela Nacional de Arquitectura

Armando de Maria y Campos

La Dirección General de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México viene presentando en el teatro de la Secretaría de Recursos Hidráulicos (instalado en los sótanos de la propia Secretaría) a varios grupos integrados por alumnos de distintas facultades. El primero de estos grupos representó de 6 al 9 de octubre la comedia norteamericana Biografía de S.N. Behrman, según la traducción de Rodolfo Usigli –ya representada bajo la dirección del propio traductor en el antiguo teatro Hidalgo, 1938– ahora bajo la dirección de Difusión Cultural es una antigua y divertida comedia en un acto del prócer de nuestra escena don Manuel Eduardo de Gorostiza, Las costumbres de antaño o La pesadilla.

Escrita por don Manuel Eduardo en Madrid, mucho antes de que se entregara al liberalismo que acabó por desterrarlo, es española hasta la médula. En la edición de Rosa –París, 1822– figura al frente de esta comedia la siguiente dedicatoria: "Al Rey". En posteriores ediciones aparece en la primera página la siguiente nota: "Esta comedia se escribió de orden superior y así debe reputarse como de circunstancias. Hubo en su representación singular aplauso y los periódicos de aquel tiempo hablaron de ella con los mayores elogios; pero no se ha repetido desde entonces, porque el autor no se ha atrevido a refundirla, como le sería fácil y como quizá debiera hacerlo para que la escena española se aprovechase de un pensamiento verdaderamente original y no mal desenvuelto. Consideraciones, sin embargo, de bastante bulto se lo han quitado de la cabeza, y ha preferido sacrificar Las costumbres de antaño a su posición actual. ¿Qué no se hubiera dicho de él, si en beneficio del arte dramático, hubiera suprimido en esta edición, las alusiones que tiene la comedia a la boda del rey? ¡Pobre Gorostiza!".

La acción de Las costumbres de antaño pasa en Chinchón, España, y la comedia toda es una graciosa sátira sobre los que creen que "cualquier tiempo fue mejor". Ahora la calificamos de farsa más que de juguete cómico, pero a pesar de la centuria y media más o menos que hace que fue escrita, resulta divertidísima, su acción se sigue con interés y sus escenas no dejan de causar hilaridad. A un tal don Pedro, que siempre declama en abono de tiempos y costumbres idos, unos parientes idean una broma ayudados del sacristán y de unos cómicos de la legua, para hacerlo volver a la realidad, es decir, a las costumbres del día, de sus días.

Habrá, pues tan miserable
este siglo le parece,
todo lo que el siglo trece
tenía de más amable.

La farsa consiste en que al despertar de su siesta don Pedro se encuentra con que vive las costumbres de antaño, rodeado de muebles de aquellas épocas y con personajes de remotos tiempos. Le cuesta trabajo avenirse a esta situación, pero acaba por aceptarla, atolondrado. Es entonces cuando la farsa toma su tiempo de huracán, y no faltan los chistes –a la manera de principios del siglo XIX– como éste: don Pedro pide que le traigan su chocolate de la siesta, y el escudero le pregunta: –Pero ¿qué es chocolate? A lo que don Pedro contesta convencido: –Es verdad que aún no ha nacido el buen Cristóbal Colón. El nudo de la farsa está en un matrimonio que don Pedro desea se realice según las costumbres de antaño. La doncella (doña Inés, Yolanda Barragán) le obliga a escuchar sus cuitas en bellas estrofas de arte mayor que se tienen ahora por los más bellos versos que en su vida literaria escribió Gorostiza. Son los que empiezan:

En rico abolengo nascida é criada;
de padres fidalgos habida é tenida;
con dulces presagios rescebí la vida...

y que en sus mejores estrofas tiene éstos:

Catorce vegadas he visto, con flores
ornarse los campos, e a la mariposa
mecerse en su cáliz, robando envidiosa,
a par de la abeja, sustancia e colores.

Doña Isabel continúa:

Señor Pero Pérez, amado señor,
marido me place, marido vos pido,

pues muero é me abraso, é dizque un marido
más que sanguinaria, rifresca mejor.

Don Pedro –o don Pero, como gustaba le llamasen– está a punto de ser protagonista de un desafío. Le parecen insufribles las costumbres de antaño. El autor arregla las escenas de modo que don Pedro vuelva a la realidad:

Vivamos como en Chinchón
se vive, y no nos metamos
en dibujos... que antes,
no había yo paladeado
ni aún durmiendo, el saborete
de las costumbres de antaño.

Ya en México don Manuel Eduardo refundió esta pieza para el teatro Principal y al imprimirla la dedicó: "Al ciudadano José María Bocanegra, ofrece la comedia de Las costumbres de antaño, en testimonio de su inalterable y bien correspondido afecto". La dedicatoria como se ve, corresponde a la amistad que lo ligó con el ex ministro de Relaciones Exteriores, cuando era ministro de México en los Países Bajos. Pocos supieron entonces que Gorostiza la había dedicado antes al rey Fernando VII con motivo de sus bodas. Las costumbres de antaño fue obra de repertorio en los teatros de México entre 1835 y 1854. Dice muy bien la comisión directiva de esta temporada de teatro por universitarios que "esta comedia mexicana del siglo pasado, aunque de corte más bien español, es uno de los exponentes más altos (junto al resto de la obra de Gorostiza), en la historia de la literatura dramática de nuestro país". Y ha hecho mejor en exhumarla.

La representación resultó de gran calidad, de acuerdo con los medios disponibles. Economía en decorado y vestuario, pero todo muy propio. Dirección correcta y graciosa de Héctor Mendoza, e interpretación muy responsable y desenfadada a cargo de las señoritas Yolanda Barragán y Gina Rodríguez, y de Juan José Gurrola, Melchor Guardiola, Juan Marroquín y Rodrigo Martínez.

Las representaciones de Las costumbres de antaño continuaron hasta el 16 del actual.