FICHA TÉCNICA



Título obra Palabras cruzadas

Autoría Emilio Carballido

Dirección Fernando Wagner

Elenco Gabriela Peré, Virginia Manzano, Celia Manzano, Miguel Ángel Ferriz, Guadalupe Rivas Cacho, Enrique Aguilar, Luis Bayardo, Lupelena Goyeneche

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro de La Comedia

Notas Obra inaugural de la temporada de autores nacionales, organizada por el INBA y la Unión Nacional de Autores

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Palabras cruzadas de Emilio Carballido en el teatro de La Comedia”, en Novedades, 15 octubre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Palabras cruzadas de Emilio Carballido en el teatro de La Comedia

Armando de Maria y Campos

La Unión Nacional de Autores ha iniciado una nueva temporada con obras de autores del país, esta vez con la colaboración efectiva y eficaz del Instituto Nacional de Bellas Artes, en el teatro de La Comedia y como siempre contando con el apoyo económico del Patronato de la propia Unión, que preside doña Mélida de la Selva de Warren y en el que figuran las secretarías de Educación Pública, de Hacienda y Crédito Público y de la Economía Nacional, los bancos De México, Nacional de Crédito Agrícola y Nacional de Comercio Exterior, la Financiera Industrial Azucarera, Petróleos Mexicanos, la Compañía Exportadora e Importadora Mexicana, S.A., Azúcar, S.A., los Institutos Mexicano del Seguro Social y Nacional de la Juventud Mexicana, la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, la Asociación Nacional de Fabricantes de Cerveza y los señores don Ernesto Couttolene y don Ricardo Toledo, este último concesionario de los anuncios de espectáculos en diarios y revistas de importancia.

Con tan firme apoyo económico, y tan plausible apoyo moral de parte del INBA, la nueva temporada de los autores mexicanos tiene asegurada su existencia en el caso, a todas luces improbable, de que el público no respondiera al llamado de los productores de teatro mexicano, cada vez más atendido por mayor número de espectadores y por la solvencia de los escritores que estrenan en cada temporada.

Para inaugurar ésta se eligió la comedia Las palabras cruzadas, tres actos de Emilio Carballido, que sube a escena precedida de la mejor recomendación, pues resultó triunfadora en primer lugar en el concurso para obras de teatro convocado este año por el diario oficial El Nacional.

Había expectación por conocer la nueva pieza de Emilio Carballido, joven talentoso, que ha gustado por igual la miel del éxito y el acíbar del fracaso. Con Las palabras cruzadas reafirma su categoría de buen escritor de teatro y refrenda el éxito memorable que alcanzó con su comedia de revelación Rosalba y los llaveros. Y borra, también, el mal sabor de boca que dejó su infortunada Sinfonía doméstica.

Nada hay que haga tanto bien a un autor como un fracaso grande. Carballido ha compuesto y escrito una excelente comedia mexicana, no porque esté escrita por un mexicano, pues tiene todos los ingredientes para ser nuestra en cualquier parte del mundo. Como en su primera comedia sitúa la acción en Veracruz, y sus personajes hablan, sienten, y, en fin, viven como veracruzanos, porque la acción está expuesta, llevada y sentida, y resulta de acuerdo y en el tono de la vida en un poblacho veracruzano. La anécdota es sencilla. Dos mujeres solteronas, por quedadas histéricas, sostienen y viven de un changarro, al que llegan dos sobrinos, muy jóvenes naturalmente, y por un raro quid pro quo, una de las solteronas, tía de los muchachos, cree que uno de ellos está enamorado de ella y dispuesto a llevarla al altar. Todo esto sucede porque la tía solterona que supone ser amada por un jovenzuelo está sorda de remate; sufre una sordera histérica que le permite darse cuenta a veces de lo que se dice a su alrededor, y otras ignorarlo todo. El muchacho, divorciado y a punto de contraer nuevas nupcias, siente piedad por la tía y deja correr las cosas, pero no cuenta con que su madre –que como todas las madres sueña para su hijo lo mejor, y en este caso con una muchacha limpia de polvo y paja–, y su tío, hermano de las solteronas, se opondrán de medio a medio. La comedia resulta deliciosa por sus bien mezclados ingredientes sainetescos y sus poquitos de melodrama, y al final se resuelve de acuerdo con el buen sentido de todos, porque la solterona comprende el error que vivió unos cuantos días, y deja que el amor que no es para ella pase de largo.

Carballido ha espolvoreado gracia e ingenio en los diálogos, que corren tan fáciles como fluidos. Es viable siempre cuanto dicen los personajes, y por éstos resultan no sólo interesantes y divertidos sino en la mayoría de las ocasiones muy humanos. El conflicto lo plantea Carballido con mucha malicia, lo va desarrollando con excelente técnica y lo resuelve con indudable pericia. En resumen, Las palabras cruzadas es una excelente comedia mexicana, que luce mucho porque está bien interpretada por un grupo de magníficos actores, bajo la hábil dirección, cada vez más mexicana, de Fernando Wagner.

Los personajes principales –las dos tías, el tío y la madre del novio– fueron confiados a actores profesionales; los galanes, naturalmente, a jóvenes que van en camino de serlo, y dos más a una excelente actriz semiprofesional (Gabriela Peré), y a una chica debutante en cuyo físico robusto y primaveral lleva la invitación a la carcajada. Los cuatro actores profesionales se muestran dignos de su categoría. Virginia Manzano, en la tía y frustrada novia, está como lo que es, en gran actriz y aprovecha toda la gama de recursos de efecto seguro que una comediante inteligente y con malicia guarda y reserva para emplearlos en la ocasión propicia. Compone su personaje con gran artificio, pero lo compone tan bien, que logra imprimirle conmovedora humanidad. Celia Manzano, en la otra solterona, desempeña una labor más limpia, más transparente y, para mi gusto, más lógica y desde luego excelente. Miguel Ángel Ferriz está en todo momento en el personaje que representa ser, tan natural y convincente, que da la impresión de que nadie lo podría hacer mejor que él. Y Lupe Rivas Cacho, eminente actriz de carácter cómica, borda con esa naturalidad que sólo otorga el dominio del oficio, un tipo de madre amorosa e inconforme, que no se puede pedir más. Los dos galanes, Enrique Aguilar y Luis Bayardo, cumplen más allá de cualquier estricta exigencia. Los dos tienen un amplio camino que recorrer y un rico porvenir si no se tuercen o malogran; de más importancia el personaje que crea Aguilar, se le ve más a éste que a Bayardo, pero los dos completan con dignidad la interpretación del conjunto. Gabriela Peré en sus episódicas apariciones no desmerece y la debutante, Lupelena Goyeneche hace reír de buena gana, y no otra cosa es lo que requiere su personaje.

La escenografía de Antonio López Mancera ambienta con gusto y fidelidad la acción de la comedia que ha sido dirigida, como se ha dicho antes, con mucho dominio del clima mexicano por Fernando Wagner.