FICHA TÉCNICA



Título obra Anna Christie

Autoría Eugene O’Neill

Notas de autoría Adolfo Fernández Bustamante / traducción

Dirección Tulio Demicheli

Elenco Silvia Pinal, Felipe Montoya, Wolf Rubinski, Maruja Grifell

Espacios teatrales Sala 5 de diciembre

Referencia Armando de Maria y Campos, “La nueva versión de Anna Christie, por Silvia Pinal, Felipe Montoya y Wolf Rubinsky. II”, en Novedades, 13 octubre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La nueva versión de Anna Christie, por Silvia Pinal, Felipe Montoya y Wolf Rubinsky. II

Armando de Maria y Campos

En rigor de verdad qué importa cuántas veces ha sido representada Anna Christie en México antes de ésta que para lanzar a Silvia Pinal como actriz dramática después de su aparición como vedette de televisión se presenta en la sala 5 de Diciembre. Lo que debe contar en primer término es la forma en que ahora se presenta, muy reducida en su duración a dos horas que originalmente alcanza tres, por un director italoargentino, Tulio Demicheli, que con esta postura escénica hace sus primeras armas como director de teatro.

La traducción conserva poco del original. Y se explica, por qué para traducir a O'Neill es preciso conocer a fondo más que la lengua inglesa, el slang en que hace hablar a sus personajes del mar el gran autor norteamericano. La interpretación no pasa de discreta, dígase lo que se diga entre la familia cinematográfica, tan inclinada siempre a ver maravillas siempre en el teatro las pocas veces que asiste a él y sólo cuando actúan miembros de la dicha prole. Silvia Pinal, que posee no poco oficio como comedianta, no está aún madura para interpretar un personaje de esta categoría. Habla bien, habla claro, y hasta entona con precisión y justeza, pero le falta impostar sus parlamentos en... el corazón, en el temperamento. No es, todavía al menos, una actriz honda y profunda; muy glamorosa sí que lo es, y con un brillante porvenir al frente. No logró entrar en el personaje, rozándolo apenas con indudable estudio. Felipe Montoya compuso un Chris con recursos muy usados, aún gastados, en el teatro de melodrama en que brilló como figura excepcional su padre, don Felipe Montoya y Alarcón. Dice sus personajes en un tono ampuloso y se ve a las claras que ve a las claras que está representando –sobre actuado–, que es lo menos que debe hacer todo buen actor. Wolf Rubinsky, en el galán marinero, está siempre más atento a lucir su musculatura de cintura para arriba, a aparecer grosero –repitiendo el personaje de una pieza de Tennessee Williams– y a expresarse a gritos, como si un marinero enamorado, tuviera que hacer el amor a base de alaridos. Maruja Grifell creó su personaje tipificándolo con ponderación reduciendo al mínimo los recursos fáciles que siempre propone la embriaguez en el teatro. La interpretación estimable y todo, no logra estremecer al público como comedia de pasiones, y no llega a interesarlo como melodrama pasional, no obstante los ruidos –sonido– tempestuosos, horrendos, con que el señor Demicheli quiso adobar el clima de la pieza. La dirección de Demicheli resulta, en verad, elemental. Inexplicablemente oscurece las áreas de actuación según le conviene, y se da el caso de estar un actor leyendo un periódico dentro del área apagada. ¿A él se deben las mutilaciones de que fue objeto la pieza para dejarla reducida el "tiempo" habitual entre nosotros? Se deban a quién se deban la obra perdió en profundidad en la reducción y la acción no ganó en agilidad.

Merece, sin embargo, elogios la buena voluntad de la bella e inquietante Silvia Pinal, para incorporar a su naciente repertorio un personaje de tan comprometida categoría, que ha tenido la fortuna de ser creado, en el teatro y en el cine, por grandes actrices. Recordemos en este aspecto los nombres que muchos de nuestros lectores recordarán con nosotros. En primer término, Greta Garbo, que no logró triunfar en tan difícil personaje. Esta película de la Garbo está considerada como una de las menos afortunadas en su larga carrera de triunfos. Aún se recuerda que la noche de la premiere abandonó la sala antes de terminar la exhibición, y que al día siguiente no vaciló en reconocer que la verdadera triunfadora había sido la gran actriz Marie Dressler, en el personaje que ahora le vemos a Maruja Grifell. Antes de esta versión cinematográfica que esperó con interés el mundo cinéfilo, Anna Christie ya había sido filmada en 1922 con Blanche Sweett, en versión muda, naturalmente. Después fue creada por Marlene Dietrich, que con esta versión del famoso drama se presentó por primera vez en una película sonora. Finalmente a los veinticinco años de aquello, la Metro Goldwyn Mayer ha empezado a preparar una nueva versión de Anna Christie a base de un guión de Dorothy Kingsley, con ilustraciones musicales. Los papeles principales serán desempeñados por Ava Gadner y Howard Keel. Se le propuso a Marlene Dietrich que encarnara un papel muy secundario, a la Marty, a manera de homenaje simbólico a su éxito de 1930, pero la actriz se ha negado. ¿Vale la pena recordar que en México han creado, aunque fugazmente, sin pena ni gloria y antes de Silvia Pinal el personaje de Anna Christie actrices de tan diversas categorías como Virginia Fábregas e Isabela Corona pasando por Kika Meyer? Creo que no.