FICHA TÉCNICA



Título obra Anna Christie

Autoría Eugene O’Neill

Notas de autoría Adolfo Fernández Bustamante / traducción

Elenco Silvia Pinal

Espacios teatrales Sala 5 de diciembre

Notas Comentarios sobre la obra Anna Christie y sus antecedentes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Anna Christie de Eugene O'Neill, en la sala 5 de diciembre, por la vedette Silvia Pinal. I”, en Novedades, 8 octubre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Anna Christie de Eugene O'Neill, en la sala 5 de diciembre, por la vedette Silvia Pinal. I

Armando de Maria y Campos

Hace más o menos veinte años, que anda rodando por las contadurías de los teatros de la ciudad de México, la traducción de Anna Christie de Eugene O'Neill, firmada por el autor Adolfo Fernández Bustamante, hace veinte años más o menos, ejecutivo de la Unión Mexicana de Autores y ahora omnipotente y caprichoso jefe de la Oficina de Espectáculos del Departamento Central. Poco a poco va saliendo Fernández Bustamante de sus viejas traducciones, hechas cuando vivía exclusivamente de lo que le producían los derechos de autor. Anna Christie fue traducida, al parecer, para que la interpretara doña Virginia Fábregas, pero la ilustre actriz consideró que ya no estaba en tipo para crear este personaje. Anna Christie fue ofrecida, después, a Fernando Soler, habida cuenta de que originalmente esta pieza de O'Neill tenía por el personaje central al marinero, padre de Anna. En efecto, el antecedente de Anna Christie, es Chris Christopherson, que no se publicó nunca. Chris se habrá estrenado a mediados de 1919.

La representación por primera vez en México, de una pieza de O'Neill, no importa que sea por artistas modestos o vedettes de cine y TV, un poco infladas por la publicidad, pero todos animados por la mejor intención, vale la pena de un amplio comentario, sobre todo después de un ayuno de asuntos teatrales como el que hemos padecido durante varias semanas. Lo intentaré, y el lector me perdonará que lo haga a saltos, pues habré de interrumpirlo para referirme en su oportunidad al estreno de la comedia de Emilio Carballido elegida para la inauguración de una nueva temporada de autores mexicanos y a la relampagueante y sorprendente actuación de la extraordinaria cantante Victoria de los Angeles, en el Bellas Artes.

Comencemos, como es natural, por el principio. El antecedente lógico de Anna Christie es Chris Christopherson, su padre. De esta obra dijo el propio O'Neill:

"Mi nueva obra Chris, que se estrenó en Atlantic City hace dos semanas, no va muy bien financieramente y dudo que llegue a Nueva York con el empresario actual. No por eso me siento menos complacido. La acortaron despiadadamente durante mi ausencia forzosa (arguyendo, ¡imagínese!, que había una decisión adversa de la censura), y lo que queda, a mi juicio, es poco.

"Está escrita en seis cuadros (otro experimento) y el telón baja antes de las 10:30, después de los cortes. Puede usted imaginarse el efecto cinematográfico. Estoy tan harto, que no he querido ver una representación, pero mi agente y mis amigos de Filadefia me han dado noticias. El reparto es miserable. Como es un estudio de caracteres que va formándose palmo a palmo, puede usted darse idea de lo que han conseguido con sus métodos abusivos. Confío que algún día, dentro de poco, pueda usted leerla. Conozco los defectos; pero con eso y todo, no creo que merece su actual destino, y, tratada con mayor simpatía, encontraría su público".

Anna Christie fue escrita en 1920 y estrenada ese mismo año. En su versión definitiva, Anna Christie es una obra de mujer. Al principio, como queda dicho, el personaje principal es el padre de la mujer. O'Neill conoció personalmente a Chris Christopherson en la taberna de Jimmy the Priest, en Nueva York; es decir, al hombre que transformó en Chris Christopherson. Más aún, los dos fueron compañeros de cuarto. En un reportaje que apareció en diciembre de 1924 en el New York Times, firmado por Louis Kalodyne, refirió O'Neill algo interesante que conviene recordar ahora: "Tanto había navegado por el mar, que sólo de oírlo nombrar le daban náuseas. Pero era el único trabajo que conocía. En la época en que compartió mi misma habitación, estaba sin trabajo, no quería embarcarse y se pasaba la vida emborrachándose con whisky y blasfemando contra el mar. Con el tiempo le asignaron el cargo de capitán de una 'chata' carbonera. La Nochebuena se emborrachó ferozmente y a las dos de la madrugada se marchó haciendo eses para volver a su barco. A la mañana siguiente lo encontraron congelado sobre un gran trozo de hielo entre las pilas y la cubierta. Al tratar de subir a la chata, trastabilló en la planchada y se cayó".

El argumento de Anna Christie tiene que ver con la regeneración de Anna bajo la influencia del mar y el amor de un hombre. Transcurre, sin embargo, mucho tiempo después de su llegada a la taberna, antes de que su padre se entere de que durante un tiempo ha hecho vida de prostituta. Pero se aclara, se afirma y se reitera, que ha conservado su alma virgen, y cuando le confiesa a Burke que hasta el instante de conocerce jamás amó a un hombre, el

espectador se siente inclinado a creerla... de momento. Viviendo dichosa en la barca de su padre, está preparada para un amor puro, cuando su héroe surge de la oscuridad de la neblina. La pasión crece rápidamente hasta el punto de que Anna confiesa, y entonces el hombre reacciona rebelándose instintivamente contra la idea de casarse con una mujer de igual clase de las que ha solido alquilar en algunas ocasiones. Pero después de emborracharse, vuelve a ella, y los dos se unen.

Sorprende el final de "se arregla todo" de Anna Christie. El propio autor se rebeló un poco contra el forzoso final de su obra. En una carta que escribió en 1921 al crítico George Jean Nathan, le dice: "El final feliz es simplemente la coma que termina la brillante frase introductora, de la cual no está escrito aún el cuerpo de la oración. En realidad, en un momento pensé bautizar a la obra con el título de Coma. Por supuesto, esta vida encerrada dentro de los adornos y colgajos del teatro no puede, a mi juicio, ser proyectada claramente. Las dos cosas se anulan y se niegan una a otra, resultando una transición. ¿Quiere decir que el propósito es que se entienda bien que el final es infortunado? Confié en el último parlamento del padre acerca de la incertidumbre de la superstición para hacer que el tema de la obra prosiguiera indefinidamente. Pero esto no ocurre con toda propiedad. En resumen, al finalizar la obra, todos tienen un vago presentimiento de que, aunque han pasado por su gran momento, la decisión sigue dependiendo del mar, que ha realizado la conquista de Anna. El telón cae; atrás del telón bajo, las vidas siguen..."

Anna Christie se representa por primera vez en México. Así debemos entenderlo. Esta aclaración no es hecha a humo de pajas. Porque no podemos tomar en serio algunas representaciones de esta pieza hecha hace tres años, en la sala Guimerá por una extra de nestro cine. Ahora, con Silvia Pinal, parece que sí va en serio.

Ya diré a ustedes, lectores, la verdad –mi verdad– en próxima crónica.