FICHA TÉCNICA



Título obra Breve kermesse

Autoría Theodore Apstein

Notas de autoría Theodore Apstein / traducción

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Isabela Corona, José Elías Moreno, Antonio de Hud, Judy Ponte, Yolanda Mérida, Antonio Raxel

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro de La Comedia

Productores INBA, Sección de Teatro Infantil

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Breve kermesse de Theodore Apstein, en el teatro de La Comedia”, en Novedades, 7 agosto 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Breve kermesse de Theodore Apstein, en el teatro de La Comedia

Armando de Maria y Campos

Theodore Apstein, autor de Breve kermesse, comedia en tres actos y seis cuadros, estrenada el 3 de agosto en el teatro de La Comedia, por una compañía formada y dirigida por José de Jesús Aceves, es un escritor de características universales, pero fuertemente ligado a México por la vecindad en sus primeros años, absoluta identificación con nuestras costumbres y sólidos lazos de cariño. No es esta la primera vez que Apstein estrena en México, aunque sí en español. Porque Apstein es un autor formado en los Estados Unidos, que escribe teatro en idioma inglés. Durante una temporada del llamado Teatro Panamericano que dirigió Fernando Wagner entre 1938 y 1940, subió al escenario del Palacio de Bellas Artes una comedia de Apstein titulada Mañana is another day, naturalmente representada en inglés por discípulos del señor Wagner. Fue una farsa cuya acción ocurría en la "Pensión Díaz para turistas", en Cuernavaca, donosa sátira contra el turismo norteamericano de medio pelo, que es plaga, inofensiva, en más de medio mundo. La representación de esta farsa de Apstein se vio enriquecida con una curiosa circunstancia, que fue la de que una actriz mexicana, Clementina Otero, actuara en idioma inglés.

En aquella ocasión revelé que Apstein había nacido en Kiev, Rusia, en 1918, y que había llegado a México con sus padres, rusos también de nacimiento, en 1925.

De intento no dije en el párrafo anterior que Ilusión es esta comedia que con el título de Breve kermesse ha sido estrenada en el teatro de La Comedia. Rodolfo Usigli, amigo desde México de Apstein, la conoció en uno de sus viajes a los Estados Unidos, hace tres años, y se la trajo a Aceves, quien aceptó montarla desde luego. Después de tres años de tenerla en contaduría la ha montado con Isabela Corona, José Elías Moreno, Antonio de Hud, Judy Ponte, Yolanda Mérida y Antonio Raxel. Breve kermesse, escrita primero en inglés y traducida al español por su propio autor, es una excelente y bien construida comedia dramática sobre un asunto que nos toca muy cerca y muy hondo a los mexicanos. Es el drama común y corriente de una muchacha. Es el drama común y corriente de una muchacha mexicana, de algún estado del norte, de las más humilde clase media, que se casa con el "gringo", que viene a trabajar al país por accidente, y que pertenece también a la más humilde clase media de su país. Vuelve el norteamericano a su tierra, se instala en Washington, y el matrimonio procrea dos hijos, que conocemos cuando entran a su adolescencia. El padre es un trabajador amargado por el mucho trabajo y la escasa remuneración –$65.00 dólares a la semana–, atrofiada su sensibilidad y que ha olvidado que su esposa nació en otro país, menos cuando le reprocha su falta de adaptabilidad a una nueva vida, no obstante los 18 años de matrimonio.

El drama está en el choque de dos sensibilidades diferentes, producto de costumbres distintas. El padre ama y odia, contradictoriamente, a sus dos hijos, que llevan en la sangre la sensibilidad y un anhelo de aventura, herencia materna. La aparición de un conferenciante que tiene para la pobre esposa, atenciones –antes y después de una kermesse–, despiertan en la mujer, tratada siempre como una cosa, una ilusión y una esperanza. Mientras tanto, el hijo mayor se alista en la marina, y la hija, incomprendida en su vocación musical, está a punto de perder el equilibrio mental. La ilusión pasa por el alma cándida de la sencilla y desventurada mujer mexicana, y cuando todo queda aclarado y ella sabe que el conferenciante está a punto de casarse con su joven secretaria se refugia en el viejo marido, que, herido por la realidad violenta que le abre los ojos, se humaniza un poco, y... la vida sigue.

El acierto de Apstein está en el bien comprendido carácter de la humilde mujer mexicana, y en el planteamiento y desarrollo de la acción, y también el desenlace, que corre natural, lógico y cargado de sorpresas para el público. Una arbitraria distribución en los cuadros desconcierta un poco al espectador. En efecto, el primer cuadro del tercer acto, es el tercero del segundo. Aceves agrupó los cuadros de dos en dos, y le restó interés al final del segundo acto, porque trasladó el tercer cuadro al tercer acto, con lo que quedó flojo el telón del segundo acto. Si con la experiencia del estreno agrupa los cuadros como lo pensó el autor, el segundo acto concluirá en forma emocionante, y la comedia tendrá un relampagueante y dramático final, con el breve último cuadro.

La interpretación es muy digna, muy sobria y muy emocionada. Isabela Corona está en gran actriz, cuajada, segura, muy humana, y llena de exquisitos matices, y lleva muy bien las diversas transiciones de su ilusionada y dramática aventura sentimental. Es ésta, tal vez, la mejor interpretación que le he visto. Excelente también está José Elías Moreno en el burdo y sencillo marido, y revelándose como galán de insospechadas posibilidades, Antonio de Hud. Judy Ponte se muestra una vez más inteligente y dúctil actriz, y Antonio Raxel representa con naturalidad y sencillez un difícil personaje que requiere un dominio absoluto para el equilibrio de escenas contradictorias. La señorita Yolanda Mérida, en un ingrato personaje, muestra sus dotes de actriz en constante ascensión. La dirección de Aceves, excelente en todos los detalles y el escenario de Julio Prieto, sobrio y funcional, acertó a darle a la doble acción de la cocina y la sala de estar la categoría que ambas habitaciones tienen en los hogares de clase media norteamericana.