FICHA TÉCNICA



Título obra El pájaro azul

Notas de Título L'oiseau bleu (Título en el idioma original)

Autoría Maurice Maeterlinck

Notas de autoría Concepción Sada / adaptación

Dirección André Moreau

Elenco Nicolás Rodríguez, Zoila Quiñones, Unger, Ricardo Cedillo, Marcelino Jiménez

Escenografía Antonio López Mancera

Grupos y compañías Alumnos de la Escuela Dramática del INBA

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Productores INBA, Sección de Teatro Infantil

Referencia Armando de Maria y Campos, “El pájaro azul de Maeterlinck, gran producción de teatro infantil, en Bellas Artes”, en Novedades, 3 agosto 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El pájaro azul de Maeterlinck, gran producción de teatro infantil, en Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

El teatro para niños –particularmente los niños de ahora, habituados al cine de muñecos animados y a la TV– no es fácil de hacer. Los niños de ahora son "grandes" para su época, y cuántos "grandes" de este tiempo poseen mentalidad infantil. Un teatro para niños presentado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, que es un organismo depositario de la cultura nacional, debe ser de calidad de su fondo y en su forma, en su presentación y en su representación. Estimo como un acierto presentar el poema teatral El pájaro azul, de Maurice Maeterlinck (Gante, 1862-Nueva York, 1945).

Maeterlinck, belga de nacimiento, llegó a París –como lo saben los enterados– a los veinticuatro años de edad, por el año 86, y su amistad con los poetas franceses simbolistas determinó el camino de su carrera literaria. No voy a hacer juegos malabares de modesta erudición sobre Maeterlinck y su L'oiseau bleu, pero sí conviene, para mejor destacar el acierto del INBA, referirse, a vuelo de teclas, a los principios del teatro de este autor, llamado a raíz de su primer estreno, el de La princesse Maleine, en París (1889), el Shakespeare belga. El artículo de Octave Mirbeau, publicado en Le Fígaro, hizo famoso de la noche a la mañana al poeta y autor de veintisiete años. A La princesa Malena siguieron Aladino y Palomides, La muerte de Tintagiles, Interior, Pelléas y Mélisande y Monna Vanna, conocida en México, en 1902, en traducción del ilustre poeta Balbino Dávalos. Pero, sin duda alguna, el más célebre de todos sus dramas, el que ha dado a conocer el nombre del poeta en el mundo entero, es El pájaro azul. Maeterlinck escribió esta obra en la Abadía de Saint-Wandrille, cerca de Rouen, en Francia, donde vivió largos años. Cuando la obra estuvo concluida, la envió a Stanislavsky, director del Teatro de Arte de Moscú quien la estrenó allí en idioma ruso; montada con clima de fábula y ensueño alcanzó más de trescientas representaciones consecutivas. En 1909 fue representada en Londres, con éxito parecido. Luego, en Francia y en Bélgica, y también en la India y en el Japón, según fichas que tengo a la vista. No viene al caso recordar cuánto escribió para el teatro Maeterlinck después de El pájaro azul.

"Las primeras obras dramáticas de Maeterlinck –recuerdo al crítico Thibaudet– están escritas en un estado de visión poética que no se preocupaba para nada de la escena y se incluyen en el alegre movimiento del simbolismo belga, o, más precisamente, flamenco; teatro de la vida interior, decoración que no se puede soñar de otra manera que en los marcos de Memling". La creencia de lo inevitable del destino humano lleva a un hondo pesimismo, a la sumisión, renuncia absoluta de la lucha. Sólo es posible una "dicha interior" que se concibe sin el menor nexo de la realidad concreta: es esta situación "optimista" que desarrolla Maeterlinck en El pájaro azul.

En 1940, a raíz de la ocupación de Bélgica y Francia por las tropas hitlerianas, Maeterlinck hubo de cruzar en calidad de fugitivo las fronteras de los países invadidos. Atravesó España, fue a Portugal y, en Lisboa, se embarcó con su esposa, en dirección de los Estados Unidos. Llegó allí pobre y arruinado ya que todos los bienes materiales del poeta y autor de El pájaro azul habían sido confiscados por los invasores de su tierra natal. En los Estados Unidos dio conferencias, primero o último recurso de los fugitivos políticos, y en 1944 estuvo a punto de venir a México, en ocasión de una representación en Bellas Artes de su Sor Beatriz, dirigida por S.M. Vermel y André Moreau, él mismo, este último, que ahora dirigió El pájaro azul, Maeterlinck había aceptado venir a México –yo vi el "cable" azul en que anunciaba su viaje, "agradecido y lleno de júbilo", pero la enfermedad que el año siguiente lo llevó al sepulcro se lo impidió. Sor Beatriz fue representada en nuestro máximo coliseo el 11 de noviembre de 1944, según la versión de Martínez Sierra, por Amparo Villegas, Ana Sáinz, Beatriz San Martín y Gustavo Rojo.

El INBA, por conducto de su Sección de Teatro Infantil que está a cargo de la comediógrafa dona Concepción Sada, ha representado El pájaro azul como un extraordinario espectáculo de comedia, pantomima y ballet, con la fantasía, suntuosidad, musicalidad y luminotecnia –toda y muy digna proporción guardada– que la mejor película de muñecos animados que pueda producir el cine universal. Doña Concepción Sada hizo la adaptación para el caso de la pieza maeterlinckiana, aunque sin revelar el origen de la traducción, que puede ser de ella misma, y le injertó cuantas escenas de ballet fue indicando la acción, que con esta abundante aportación balletística ganó en fantasía, irrealidad y, desde luego, en espectáculo. Todos los personajes de la fábula, menos los humanos y reales, Tylyl y Mytyl, y sus padres, actuaron en pantomima, saltando y bailando un poco, y como en todos los momentos de las escenas decora a la acción música convenientemente arreglada de Tchaikowsky, la ilusión de cuento y fábula no se perdió un instante. Muy bellos y cargados de fantasía todos los cuadros, tal vez llegaron más a la conciencia infantil los del bosque que se anima como si los árboles fueran seres animados, y el delicioso interpretado por parvadas de chiquillos, del plano ideal en que se hallan los niños que aún no nacen, animado por un diálogo sencillo, ingenioso y certero, lo mismo para el público de niños grandes, que de grandes niños. Ambos cuadros, por su decoración, iluminación, vestuario, movimiento e interpretación, valen otros tantos potosís, y justifican, aun cuando el resto no fuera lo excelente que es, la categoría artística de teatro para niños, que hace de El pájaro azul un feérico espectáculo excepcional.

Más de un centenar de actores, incluyendo a los bailarines, intervienen en la interpretación de El pájaro azul, y todos están en papel y personaje, gracias, sea dicho en gracia a la verdad, a la excelente preparación que reciben los alumnos de la Escuela Dramática del INBA, y prueba de ello es que muchos ya campean por sus méritos en el teatro profesional, y a la habilidad del director André Moreau para hacerlos hablar –en particular a los niños–, moverse, bailar, y, en suma, tomar vida real en la fábula irreal. De tan largo reparto es difícil destacar, sin caer en el desaire para los que por razones obvias de espacio no pueden ser listados, a todos los que merecen un comentario o un elogio. Los niños que hacen de Tylyl y de Mytyl y llevan el peso del relato y de la acción –Nicolás Rodríguez, Zoila Quiñones– actúan con emocionante sinceridad, y el resto de los personajes reales, fantásticos o simbólicos, los corean, formando siempre un clima de fantasía y sorpresa, y todo ello un espectáculo grato al entendimiento, a los ojos, a los oídos; a los ocultos sentidos del alma, en fin. Todo ello se logra en gran parte por virtud de la fantasía, técnica y buen gusto del gran escenógrafo que es Antonio López Mancera.

Todos los niños –¡de cualquier edad!– de México deberían ver El pájaro azul de Maeterlinck, y de Concha Sada, Moreau, López Mancera, Unger, Cedillo, Marcelino Jiménez, etcétera, etcétera, para saber, y guardar en su corazón el mensaje de la obra: "A tu lado está lo que por el mundo buscas ansiosamente. Aprende a verlo; aprende a apreciar lo que te rodea..."