FICHA TÉCNICA



Título obra Concha la limpia

Autoría Serafín Álvarez Quintero y Joaquín Álvarez Quintero

Dirección Cipriano Rivas Cherif

Elenco Pilar Sen, Cipriano Rivas Cherif

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Productores Aquiles Elorduy

Notas Temporada de teatro español

Referencia Armando de Maria y Campos, “Nuevo estreno de Concha la limpia, en el teatro Sullivan, en temporada de altas comedias”, en Novedades, 31 julio 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Nuevo estreno de Concha la limpia, en el teatro Sullivan, en temporada de altas comedias

Armando de Maria y Campos

En agosto de 1925 conoció el público de México la comedia Concha la limpia de Serafín y Joaquín Alvarez Quintero, estrenada y aun editada el año anterior en España. La presentó la compañía dramática de María Fernanda Ladrón de Guevara y Rafael Rivelles, en el teatro Principal, en la que también subieron a escena, de los mismos hermanos Quintero, Cancionera, Las de Caín, La prisa, Malvaloca, El genio alegre, Mi hermano y yo, Las hijas del rey Lehar y Las flores, la mayoría de ellas ya de repertorio, como había de serlo años después esta Concha la limpia, desconocida en absoluto para las nuevas generaciones mexicanas, con la que ha inaugurado una ambiciosa temporada de teatro español el licenciado don Aquiles Elorduy con la colaboración como director y consejero de don Cipriano Rivas Cherif.

Para el gran público de ahora que ignora quiénes fueron los famosos comediógrafos Serafín y Joaquín Alvarez Quintero traigo a la crónica fugaz un bello soneto en que estos autores nos manifiestan la magia de su alma unida:

Nacimos entre espigas y olivares;
el uno esperó al otro en la lactancia
y en el primer pinito de la infancia
ya escribimos comedias y cantares

Después... libros y novias y billares
–memorias que iluminan la distancia–;
luego... una juventud cuya fragancia
envenenan agobios y pesares.

Fuimos... cuanto hay que ser; covachuelistas,
estudiantes, "diablillos", editores,
críticos, "pintamonos", retratistas...

Y hoy, como ayer, sencillos escritores
que siguen, a la luz de sus conquistas,
sembrando sueños porque nazcan flores.

Para el público de ahora, el teatro de los Quintero es sorpresa y desconcierto. Sin embargo, pocos autores teatrales han logrado un teatro tan personal como estos ilustres andaluces. De ellos escribió Leopoldo Cano algo que es oportuno reproducir ahora:

"Sus cuadros son abocetados, pero con pincelada firme, de seguro efecto; su lenguaje jerga andaluza, sazonada con la sal gorda del modismo popular; el argumento, cualquiera cosa pequeña, pero llena de gracia; los caracteres exagerados, para ser comprendidos por los tardos de entendimiento, parecen arrancados de la realidad y en la plenitud de la vida y el donaire". Cierto que, como opina Sáenz de Robles, no pocos defectos tiene el teatro quinteriano. Todo hay que decirlo. Cierta sensiblería. Cierta dulzonería, algo de "cursi"; ciertos temas muy repetidos, ideas de vuelo corto, pero nada empaña su Andalucía llena de optimismo, ventana siempre abierta al sol; Andalucía distinta tal vez a la verdadera, porque es la de Serafín y Joaquín Alvarez Quintero, quienes, por otra parte, no aspiraron a más, según confesaron en su soneto "Cómo escribimos una comedia":

Se elige un tema que brotó en la mente
al soplo de una historia conocida,
como la sangre roja de la herida,
o como el agua clara de la fuente.

Se infunde luego, con amor consciente,
en la ficción que habrá de darles vida;
se hace nacer a gente no nacida,
se estudian sus pasiones y su ambiente.

Y a dialogar sin mañas ni resabios:
a que al choque fecundo de las almas
salgan, hechas palabras, por los labios.

Y a soñar con Ristoris y Talmas,
y a que digan los simples y los sabios,
y a que suenen los pitos o las palmas.

Esta noche –jueves 28 de julio–, sonaron palmas para los Quintero –Serafín (1871-1938), Joaquín (1873-1994)–, para los intérpretes de su ingenioso diálogo en tres actos con sólo dos personajes –Concha, Pilar Sen; Pedro Antonio, C. Rivas Cherif–, y para el entusiasta empresario a nombre de varios generosos españoles, don Aquiles Elorduy, quien abrió la cortina para pronunciar "unas cuantas palabras" y explicar los generosos propósitos y entusiastas proyectos que le darán vida a esta temporada de recuerdos para unos y de revelaciones para otros.

La pieza de los Quintero sigue siendo típica y no dejará nunca de ser tópica, como lo son las claves andaluces o la guitarra de moruna oriundez. Se oye con gusto, por muy quinteriana, y ya entenderá el lector cuántas cosas decimos con esto, y con interés, por la clara habilidad con que están llevados argumento y acción, himno a la honestidad de la mujer sevillana. Lo que le ocurre a esta limpia Concha bética es tema de copla andaluza, semilla de cuatro versos que la magia de los Quintero convirtió en comedia en tres actos y dos personajes, y en teatro que gustará en España y en la española América mientras Sevilla no deje de serlo, lo que nunca ocurrirá, porque todos sabemos que es la tierra de María Santísima...

La inteligente y estudiosa actriz Pilar Sen, veterana en el género español no obstante su maciza juventud, representó muy bien la protagonista de esta pieza quinteriana, sobria en el gesto y en el ademán, segura en la dicción, apasionada, convincente actriz en todas las escenas. Don Cipriano Rivas Cherif, que no es actor profesional como se sabe, y creo que nunca pretendió serlo, dijo su papel de P. Pedro Antonio con claridad y sincera pasión, y lo actuó con sencillez, sin dirigirse a sí mismo, y con ello salió airoso, sobre todo porque nunca perdió un emocionado, indeciso, aire de sencillez y espontánea emoción, y como quiso agotar la oportunidad que este suceso extraordinario le proporcionaba, cerró el programa inaugural con la interpretación muy personal y también muy emocionada que él hace de un cuento de Edgar Allan Poe, El corazón delator, traducido por él, tan dramático y teatral que, como saben muchos, tentó hace años al gran actor italiano Ruggero Ruggieri, quien con él alcanzaba en noches especiales triunfos memorables. El señor Rivas Cherif revela en la interpretación del cuento de Poe a qué alturas lo hubiera llevado el arte de representar de haberse dedicado a él en la mejor estación de su vida.

A esta función inaugural asistieron llenos de fe en el pasado numerosos contemporáneos de los mejores triunfos quinterianos, nutrida y selecta representación de la colonia española de origen republicano, y hasta dos –¿o fue solamente uno?– de los jóvenes cronistas de teatro contemporáneo. ¡Ellos se lo pierden!