FICHA TÉCNICA



Título obra Esperando a Godot

Notas de Título En attendant Godot (título en el idioma original)

Autoría Samuel Beckett

Dirección Salvador Novo

Notas de dirección Salvador Novo / traducción

Elenco Antonio Passy, Carlos Ancira, Raúl Dantés, Mario Orea

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Armando de Maria y Campos, “Esperando a Godot de Samuel Beckett, en el teatro La Capilla, de Coyoacán”, en Novedades, 28 junio 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Esperando a Godot de Samuel Beckett, en el teatro La Capilla, de Coyoacán

Armando de Maria y Campos

El 5 de enero de 1953 subió a la escena del teatro Babilonia, de París, la comedia, en dos actos, Esperando a Godot de Samuel Beckett. La representación de esta extraña, audaz pieza comicotrágica, grávida de originalidad, poética y humorística, a un mismo tiempo, produjo en París extrañas reacciones. Hubo quien dijera que desde la aparición de Pirandello –con Seis personajes en busca de autor– no se había representado nada más nuevo y humano. Es una comedia triste... dijo uno; se trata de un gran diálogo para clowns que tengan sentido de lo dramático, sentenció otro. No faltó quien afirmara que no había visto nada mejor en su vida de espectador de teatro durante más o menos medio siglo. ¿Cómo la interpretarían Chaplin y Grook –en Estragón y Vladimiro, respectivamente– si pudieran reunirse sobre un escenario universal estos dos grandes clowns...? ¡Está pidiendo la arena circense, mejor que la escena teatral! Y, así, y sin faltar quien afirmara que sólo la entenderán los filósofos, y tal vez los intelectuales. Y... ¿por qué no –digamos en México– los que gustan y entienden a Cantinflas? (¿Tendrá noticia Samuel Beckett de cómo improvisa, dialogando, el presonalísimo Mario Moreno?) Lo cierto es que Samuel Beckett –irlandés de nacimiento–, autor de dos novelas por lo menos –L'innommable, y What–, se ha colocado de golpe y porrazo en la primera fila de los autores teatrales contemporáneos, y su nombre se cita al lado de Pirandello y de Crommelynck –el de Le cocu magnifique– entre los muertos, y de Fry entre los vivos, y son muchos los que ligan su visión teatral con la mejor de otro inglés ilustre: Chaplin. Y aun lo encasillan, por lo desolador de su teatro, a la vera de Kafka.

Ya el lector se estará dando cuenta de que se trata de teatro experimental en el más exacto y honesto sentido del término. Nadie, pues, mejor que Salvador Novo, verdadero creador del teatro experimental entre nosotros –agosto de 1928–, dueño de un local para representar, empresario, director y traductor –y hombre rico y culto paradójicamente, también–, el indicado para traducir, dirigir y producir como empresario En attendant Godot.

Pido permiso al lector para que me permita ponerlo en mejores antecedentes críticos. Karl Korn dijo en Francfort: "Beckett ha salvado al existencialismo de la charlatanería"; Dusaane, en Samedi-Soir: "Una bufonada casi shakespeariana, de la cual os salta bruscamente a las narices una poesía que rechina como un diablo a resorte..." En Le Figaro Littéraire escribió Jacques Lemarchand: "Una obra hermosa, pero de una hermosura insólita; nueva, pero realmente nueva; tradicional, pero de alta tradición; hábil, pero de una habilidad que no pueden enseñar los profesores más hábiles; inteligente, en fin, pero con esa clara inteligencia que no se adquiere en las escuelas. "Una obra hermosa, pero de una hermosura insólita; nueva, pero realmente nueva; tradicional, pero de alta tradición; hábil, pero de una habilidad que no pueden enseñar los profesores más hábiles; inteligente, en fin, pero con esa clara inteligencia que no se adquiere en las escuelas. Agregaré que Esperando a Godot es una obra resueltamente cómica, con una comicidad tomada de la del circo, que es la más directa". Un personaje dice: "No pasa nada, nadie viene, nadie se va, es terrible". Nada mejor resume la acción externa de la gran pieza de Beckett. "No queda más remedio que sacarse el sombrero (hongo, desde luego, como en la obra; los mexicanos lo llamamos "de bola") –dice Jean Anouilh en Arts– y rogar al cielo que nos dé todavía un poco de talento. La grandeza, el gusto del juego y un estilo: estamos en algún lugar del teatro. El sketch de los Pensamientos de Pascal por los hermanos Fratellini".

Novo ha sentido miedo, miedo a equivocarse, al montar en su teatro La Capilla esta pieza rara, desconcertante y magnífica, y ha escrito: "Por primera vez en mi carrera al servicio del teatro, ignoro totalmente cómo pueda reaccionar el público frente a Esperando a Godot. Tengo al respecto la más apasionada curiosidad. He puesto en la difícil, laboriosa preparación de esta obra de cuatro personajes masculinos, sin lujos, sin estrellas, el máximo esfuerzo. Me fascina el test de averiguar si dura en cartel unos cuantos días –los precisos para ofrecerla a unas cuantas personas capaces de recibir su impacto o de disfrutarlo– o si hay muchas, inteligentes, sádicas, masoquistas o deseosas de buen teatro, y entonces dura mucho". Debe durar, y si el espectador mexicano en general no capta su mensaje... "que se ahorque de un árbol, será lo mejor". Porque, ¿quién que es, no es romántico y está esperando a Godot...?

Acierto indudable de Novo orientar al espectador con estas explicaciones: Estragón y Vladimiro, en su invalidez, citados en el Tiempo y en el Espacio por un Godot –¡Dios mío!– a quien no conocen, pero que les castigaría si le desobedeciesen, encarnan a la humanidad. Su única ocupación es pasar un Tiempo que se alarga en la espera y durante el cual sufren el hambre, el frío, el miedo, la esperanza, y experimentan todas las pasiones humanas: la ira, la ternura, la curiosidad, el ensueño, el recuerdo. Mientras esperan a Godot –¡oh, Dios mío!– llegan Lucky, que es la Esclavitud, y Pozzo, el Poder látigo en mano. El Tiempo se detiene; el esclavo Lucky piensa, con permiso y por orden del amo Pozzo. Cae la noche y un ángel disfrazado de pastor dice a Estragón y Vladimiro que Godot no vendrá sino al día siguiente. El árbol –único símbolo real en la escena– florece al día siguiente, en otra etapa del Tiempo, que pasa como las naves, como las nubes, como las sombras. Vuelven Pozzo y

Lucky, aquél, ciego y carente de todo –porque la riqueza es arena–, y éste, mudo para siempre. Estragón y Vladimiro siguen esperando a Godot y piensan si no será mejor esperarlo dormidos para siempre, pero comprenden que el suicidio no resolvería nada, porque, tal vez, no llegarían a ver a Godot, y se conforman y seguirán viviendo en el Tiempo y en el Espacio, optimistas, porque vuelve el ángel en la personilla del pastor, a anunciarles que Godot no vendrá sino hasta al día siguiente...

Nos quedamos –el público– con el corazón en un puño y qué remedio cristiano ¡esperando a Godot...! Repuestos del impacto de símbolos y de valores religiosos y humanos se deja en nuestra conciencia la pieza de Beckett, sentimos cómo la sangre corre jubilosa y nos calienta las manos, prontas al aplauso para el director extraordinario que acertó a mover como espectáculo de teatro y de circo el juego de frases, pensamientos y sentencias que es el diálogo entre los dos vagabundos pascalianos, o chaplinescos o cantinflistas, pero geniales, y a darle forma humana al Poder idiota, que representa Pozzo, y el esclavo filósofo que es Lucky. Labor magnífica la de Novo como traductor y director, creador en fin, de Esperando a Godot.

Halló Novo a cuatro grandes actores jóvenes: Antonio Passy (Estragón), Carlos Ancira (Vladimiro), Raúl Dantés (Lucky) y Mario Orea (Pozzo). Cualquiera que sea la suerte comercial que corra la pieza de Beckett, el triunfo de interpretación y sentimiento de los cuatro será memorable, y los ha redimido de cuanto después de ahora hagan en repertorios de taquilla, particularmente, por la importancia de sus clownescos personajes, Passy y Ancira. El árbol desesperado que creó para cubrir la escena Antonio López Mancera vive, también, y morirá esperando a Godot. El clima eléctrico, impresionante durante toda la acción, y visible en su invisible presencia.

El estreno de Esperando a Godot constituye una efemérides extraordinaria en la vida teatral de México.