FICHA TÉCNICA



Título obra Un tal Judas

Autoría Claude-André Puget y Pierre Bost

Notas de autoría Magda Donato / adaptación y versión

Dirección Pedro López Lagar

Elenco Pedro López Lagar, Ofelia Guilmain, Eduardo Vivas, Guadalupe Legorreta, Alonso Castaño, José Muñoz, Arturo Soto Ureña, Alfonso Torres, Manuel de la Vega, Joaquín Rocha hijo, Jorge Solar, Efraín Araoz, Ramón Partida

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Trianón

Referencia Armando de Maria y Campos, “Un tal Judas de Claude-André Puget y Pierre Bost, en el Trianón”, en Novedades, 19 junio 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Un tal Judas de Claude-André Puget y Pierre Bost, en el Trianón

Armando de Maria y Campos

¿A cuál de los dos Judas se refieren Claude-André Puget y Pierre Bost en su pieza en tres actos Un tal Judas, que en versión y adaptación de Magda Donato se representa en el teatro Trianón, de la ciudad de México, a partir del miércoles 15 del actual, por el grupo de actores, en su mayoría novatos, que dirige el primer actor Pedro López Lagar? ¿A San Judas, cuya fiesta se celebra el 28 de octubre? ¿A Judas Iscariote? A éste, desde luego. Pero conviene al lector poco enterado saber que la Iglesia católica, apostólica y romana, tiene un santo llamado Judas, que no es el Judas Iscariote que vendió al Señor por treinta monedas de plata. La pieza de Puget y Bost se refiere, como es natural, a la traición del discípulo de Jesús de Arimatea.

San Judas fue uno de los doce apóstoles, llamado Tadeo, hermano de Santiago el menor y primo hermano de Jesús. Se cree que se ocupaba en las labores del campo antes de su vocación. Predicó el evangelio en Judea, Samaria, Idumea, Siria y Mesopotamia; dícese que sufrió el martirio en Persia o en Armenia. Existe de él una epístola en que combate los errores de los nicolaítas, los simonianos, los gnósticos, etcétera, y cuya autenticidad se ha puesto en duda por algunos.

Al otro Judas, que es el tal Judas de la pieza dramática de Puget y Bost, diósele el apellido de Iscariote, en opinión del historiador Josefo, porque era natural de Carioth o de Kerioth, de la tribu de Judá. Fue llamado al apostolado y encargado de la caja o de los fondos destinados al gasto común. San Juan asegura que era un ladrón –y como tal lo presentan Puget y Bost en su pieza dramática, regresando de la cárcel, después de sufrir una condena de dos años por robo, cuando Jesús entraba a la ciudad entre palmas y ramos, predicando su doctrina de humildad y de amor–; y afirma que Jesús le conocía como tal, siendo difícil comprender por qué el Maestro eligió voluntariamente este depositario infiel. Dicho evangelista es el único que hace figurar a Judas en la relación de la comida que dieron a Jesús, Marta, María y Lázaro. Refiere que habiendo derramado María sobre los pies del Salvador una libra de perfume caro y precioso, Judas manifestó que mejor hubiera sido vender aquel perfume por trescientos denarios y distribuir éstos entre los pobres, no porque él pasase algún cuidado por los pobres, sino porque era ladrón ratero, y teniendo la bolsa llevaba o defraudaba el dinero que se echaba en ella. En la historia de la pasión es donde Judas figura de una manera especial. Según los tres primeros evangelistas, Iscariote se presentó a los jefes de los sacerdotes pocos días antes de la última Pascua de Jesús y se ofreció a entregarlo a los mismos en secreto. En cambio ellos le prometieron la suma de treinta denarios de plata.

Se ha tratado de buscar otro móvil a este incentivo tan miserable en la traición de Judas. San Lucas afirma que el diablo entró en Iscariote; San Juan no vacila en hacer decir a Jesús que Judas era el diablo mismo, lo cual parece lo dijo en sentido metafórico. El momento se aproximaba: Judas lo tenía todo dispuesto con los príncipes de los sacerdotes, a quienes había tenido la precaución de decirles que aquel a quien él besase debería ser preso. Durante la cena, refiere san Mateo, con san Marcos y san Juan, Jesús declaró que uno de sus discípulos le vendería, que Judas preguntó si sería él, replicando Jesús que él lo había dicho, y Judas salió al punto a ponerse a disposición de los enemigos de su maestro. Estaba Jesús con sus discípulos en el Huerto de los Olivos, cuando llegó Judas, precedido de un tropel de gente armada de espadas y palos, y abrazando a Jesús le dijo: "Yo os saludo, Maestro"; y Judas se retiró al punto. Cuando supo al día siguiente que su Maestro había sido condenado a muerte, presa de un súbito remordimiento se presentó a los príncipes de los sacerdotes, diciéndoles que había entregado a un inocente. Habiendo éstos cargado con burlas sobre él toda la responsabilidad, arrojó el dinero en el templo y, lleno de desesperación, se colgó. "Los hechos de los apóstoles", añaden que su cuerpo reventó y sus entrañas se esparcieron por la tierra. Con el dinero entregado por Judas que, siendo el precio de la sangre, no podía depositarse en el tesoro del templo, los individuos del Sanhedrín compraron el campo de un alfarero para sepultura de los extranjeros, y este terreno se llama todavía el campo de la sangre...

Puget y Bost presentan en el primer acto a los supuestos discípulos del Maestro; un herrero, un carpintero, un abarrotero, un caravanero, un aprendiz de alguno de los dos primeros oficios; comentan la entrada de Jesús a la ciudad, en presencia de Lea, una prostituta, amante de Judas, que ese día sale de la cárcel, purgada una condena de dos años por robo. Otros personajes necesarios para ligar la acción intervienen también. Se habla, se habla, y llegamos al segundo acto, concluida la cena durante la que el Maestro ha revelado que uno de los presentes le hará traición. A los personajes del primer acto se han sumado borrosas siluetas del resto de los discípulos de Jesús. Ya ha aparecido un policía (sic) que trata de ver cómo, al hombre extraordinario que dicen hace milagros y trae revuelto al pueblo. Entonces, piensa Judas: "Si Jesús realiza un milagro extraordinario, convencerá a todos". Y decide entregarlo, para que se opere el milagro. Pero Jesús nada hace para evitar lo que le ocurre, y muere en la cruz. Judas comprende que se ha equivocado, porque hasta la prostituta de su amante lo repudia, y, acorralado, se cuelga de un árbol. Es entonces cuando se opera el milagro: Jesús ha resucitado. Lea corre a participarle a Judas el milagro de los milagros. Ya es tarde. Judas ha entrado a la historia como el traidor máximo...

Puget y Bost construyeron con este tema un magnífico acto, un segundo menos que mediano, y el tercero cargado de pasión y dramatismo. Tratan, como es natural, de justificar su tesis. Creo que no lo logran. Pero obtienen lo que se propusieron, interesar, apasionar al espectador.

Pedro López Lagar actúa con talento y fuerza dramática como Judas, hasta desbordarse, convenciendo y conmoviendo. Es ésta, sin duda, una de sus mejores creaciones, en plena madurez su arte de gran actor y excelente director. Ofelia Guilmain, actriz de indiscutible calidad dramática, logra magnífica interpretación de Lea, la prostituta, y tiene que desbordar su temperamento para darle adecuada réplica al volcánico Judas de López Lagar. Eduardo Vivas, veterano actor, hace muy bien el policía, y el resto de los actores, salvo alguna excepción todos son noveles, dijeron sus personajes con discreción y disciplina. Estos son sus nombres: Lupe Legorreta, Alonso Castaño, José Muñoz, Arturo Soto Ureña, Alfonso Torres, Manuel de la Vega, Joaquín Rocha hijo, Jorge Solar, Efraín Araoz y Ramón Partida. Antonio López Mancera creó tres escenarios sobrios y de buen gusto.

Obra e interpretacion gustaron mucho la noche de su primera representación, y el público aplaudió con calor y entusiasmo a López Lagar y a Ofelia Guilmain.