FICHA TÉCNICA



Título obra El lecho nupcial

Notas de Título The fourposter (título en el idioma original)

Autoría Jan de Hartog

Notas de autoría José Remírez / traducción

Dirección Salvador Novo

Elenco Carmen Montejo, Rafael Banquells

Escenografía Artis Gener

Vestuario Berta Mendoza López

Espacios teatrales Sala 5 de diciembre

Referencia Armando de Maria y Campos, “The fourposter, o El lecho nupcial, de Jan de Hartog, en la sala 5 de Diciembre”, en Novedades, 12 junio 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

The fourposter, o El lecho nupcial, de Jan de Hartog, en la sala 5 de Diciembre

Armando de Maria y Campos

Escribir una obra teatral en tres actos, con sólo dos personajes, es empresa que muy pocos autores han intentado, a menos que se sientan seguros de su técnica y que tengan en sus manos un asunto que justifique tres exposiciones distintas que vengan a ser la exposición, el nudo y el desenlace característico de una pieza de teatro estructurado conforme a reglas inexcusables. Generalmente los autores escriben estas obras a la medida de los futuros intérpretes, lo mismo cuando se trataba de una pieza para un solo personaje, que es el tratamiento moderno del monólogo que cayó en desuso.

Darío Nicodemi escribió para la eminente actriz italiana Vera Vergani una famosa pieza de dos personajes que en su título lleva el argumento tripartita: El alba, el día y la noche. Serafín y Joaquín Álvarez Quintero atacaron dos veces el problema de mantener durante tres actos a dos personajes en escena con sus celebradas piezas La flor de la vida y Concha la limpia, ambas representadas en México en los años en que el buen teatro español gozaba del mayor crédito en México.

El público mexicano recuerda el éxito que primero María Tereza Montoya y Fernando Soler y después Alfredo Gómez de la Vega y Clementina Otero alcanzaron con la obra de Louis Verneuil Monsieur Lambertier, que la Montoya y Soler representaban con el título de Celos, y Alfredo Gómez de la Vega con el más propio de El señor Lambertier. Al calor de éxito que María Tereza y Fernando alcanzaron con Celos, por cierto representada por ellos únicamente en los estados, montaron la famosa pieza de Armando Moock, Del brazo y por la calle, que hicieron primero por los estados y después con éxito resonante en el antiguo teatro que llevó el nombre de Virgina Fábregas. La Montoya y Soler se proponían dar a conocer otra pieza famosa de sólo dos personajes, de W.O. Somín, titulada en inglés Close quarters, pero por causas ajenas a su deseo de seguir actuando solos no llegó a ser representada en México. La Montoya y Soler abrigaron el ambicioso propósito de mantener ellos dos solos una larga temporada con piezas de dos personajes, y encargaron la versión de una joya de este género de Franz Moliner, titulada Día de boda, que por aquel año de 1936 representaban con éxito en el Olimpia, de Milán, Armando Falconi y Eva Maltaglati.

Otros autores de otros países han seguido escribiendo obras de dos personajes, como Jan de Hartog, que compuso la titulada The fourposter, y el brasileño Pedro Bloch la que lleva por título El enemigo no manda flores.

The fourposter se ha estrenado en México, en el teatro 5 de Diciembre, con el título de El lecho nupcial, y sube a nuestros escenarios precedida más que de su éxito teatral en Nueva York, por el que alcanzó al ser llevada al ecrán, exhibida en algunas de nuestras salas cinematográficas. No conozco la versión cinematográfica de la pieza Hartog, que dicen resultó superior a la escénica de la Ciudad de Hierro, y he de atenerme únicamente a la versión mexicana a través de la traducción de José Remírez, quien, por lo pronto, agrupó las seis escenas, o cuadros, en que se desarrolla la acción en tres actos, en vez de dos, como la planeó el autor.

De Jan de Hartog se sabe que es un dramaturgo de origen holandés, que ha vivido o tal vez vive en Nueva York. Es autor de una pieza representada en París hace años, titulada Maitre aprés Dieu, y de otra que lleva por título Skipper next to god, representada en Nueva York durante la temporada 1947-1948. Esta The fourposter (El lecho nupcial) fue presentada en Broadway durante la temporada 1951-1952, y no antes como se ha asegurado por allí. Obtuvo éxito de público porque es original y está muy bien distribuida la acción de una pareja, él y ella naturalmente, en seis épocas distintas: 1890, año en que se casan Inés y Miguel y aparecen ante el público para disfrutar de su primera noche de casados sobre el lecho de cuatro columnas; la segunda escena o cuadro es un año más tarde, y aunque ambos están enamorados "ya empiezan las dificultades". La tercera escena ocurre en 1901 y la cuarta en 1908. Inés y Miguel ya han sufrido los avatares de todo matrimonio y sienten que sólo los unen los hijos. La quinta escena se desarrolla en 1912, cuando los hijos se van, es decir, se casan, y la última en 1925, ya ancianos. Miguel e Inés, cargados de chocheces, amargados y... queriéndose aún. Jan de Hartog exhibe en estas seis escenas la historia de un matrimonio, pero lo hace con extraordinaria habilidad de dramaturgo, porque no hace intervenir en el largo diálogo que es toda la comedia, ningún elemento extraño, ni el teléfono, ni un personaje entre bastidores o desde la calle, ni carta o telegrama. Nada: él y ella nada más en seis diálogos en otros tantos momentos cruciales de su vida, frente al lecho nupcial, donde se amaron por primera vez, nacieron sus hijos, durmieron espalda contra espalda cuando llegaron los disgustos, y acurrucados, cobijados el uno por el otro, en las noches en que la edad ya no tiene sexo.

La notable actriz cubana Carmen Montejo y el discreto actor valenciano Rafael Banquells representaron –representan– El lecho nupcial bajo la acuciosa y enterada dirección de Salvador Novo. Singular atractivo presta a la acción la indumentaria que usan los personajes en cada escena, y dicho está que también el mobiliario. La suntuaria se presta a que con facilidad se caiga en la anécdota interpretativa, y que hasta se desbarre el pastiche. El buen gusto de Novo contuvo este peligro, y aunque los personajes se preocupan por aparecer vestidos según la época, en realidad esta emoción externa desaparece cuando surge la calidad humana de los mismos. Carmen Montejo está en verdad emimente; su dicción cala en los más variados matices, y en inumerables ocasiones conmueve. Salvo algún exceso en la caracterización correspondiente a la última escena, su actuación me parece perfecta. En cambio el actor Banquells, que lucha en ésta como en cualquier obra con un natural antipático, logra una interpretación verdaderamente notable en el último acto, al lado de la muy anecdótica Carmen Montejo. En general es una de sus mejores actuaciones.

La escena, como ya he apuntado, está presentada con propiedad fiel a la historia, y la iluminación es manejada con singular discreción. La escenografía se debe a Artis Gener, y el vestuario respetando las modas alusivas fue construido por Berta Mendoza López. La dirección de Salvador Novo vigilando celosamente el matiz de una obra cuya característica son los matices.