FICHA TÉCNICA



Título obra Farsas francesas de la Edad Media

Notas de autoría Jorge Ibargüengoitia / adaptación

Dirección Seki Sano

Elenco Julio Monterde, Humberto Almazán, Abraham Stavchansky, Teresa Struck, Soledad Ruiz, Hilda Vilalata

Escenografía Arnold Belkin

Vestuario Arnold Belkin

Notas de vestuario Julia Castro y Guadalupe Pérez / pelucas

Espacios teatrales Sala Molière

Notas Obra inaugural del grupo de Los 13, compuesto por Humberto Almazán, Arnold Belkin, Francisco Bolaños, Carmen Galindo, Félix González, Jorge Ibargüengoitia, Julio Monterde, Carlos Rivas, Soledad Ruiz, Seki Sano, Abraham Stavchansky, Teresa Struck e Hilda Vilalta

Referencia Armando de Maria y Campos, “Cinco farsas francesas del medioevo, ¿vienen a renovar el ambiente teatral en México?... ”, en Novedades, 30 mayo 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Cinco farsas francesas del medioevo, ¿vienen a renovar el ambiente teatral en México?...

Armando de Maria y Campos

Los 13 han lanzado un breve manifiesto al público mexicano teatrófilo. Los 13 son –por orden alfabético– Humberto Almazán, Arnold Belkin, Francisco Bolaños, Carmen Galindo, Félix González, Jorge Ibargüengoitia, Julio Monterde, Carlos Rivas, Soledad Ruiz, Seki Sano, Abraham Stavchansky, Teresa Struck e Hilda Vilalta, muchos de ellos mexicanos por la sangre, otros por nacimiento, algunos por adopción. ¿A qué vienen Los 13? ¡A renovar el ambiente teatral de México! No son una camarilla, ni una empresa comercial –dicen– sino un grupo de individuos decididos a dar el primer paso (sic) en un movimiento renovador; formarán su repertorio sistemáticamente con las obras esenciales de la dramaturgia universal, y quieren hacerlo con toda serenidad y con la mayor honradez profesional. Y aceptan, además, la colaboración de toda persona que comparta sus aspiraciones.

¡Bienvenidos, pues, Los 13!

Para inaugurar su cruzada, Los 13 se remontaron al medievo francés, y eligieron 5 de las 15 Farsas francesas de la Edad Media que figuran en el precioso tomito –el número 106– que recientemente ha publicado la editorial Aguilar –de Madrid–, según versión moderna, prólogo y notas de Santiago Magriños. Las farsas elegidas son –citadas en orden probable de representación– La farsa de la tinaja, de autor anómino, representada tal vez en 1482; La farsa del calderero, también de autor anónimo, acaso de 1500; La farsa del Puente de los Asnos, igualmente anónima, se cree que de 1515; La farsa de los dos sordos y El gotoso, que como a las anteriores, se la coloca alrededor de 1526, y la más importante de todas, por su extensión, calidad, teatralismo y en primer término por lo que se refiere a México –ya diré por qué más adelante–, la farsa de Maese Pierre Pathelin, anónima, escrita con muchas probabilidades hacia 1464. ¿Fue acertada la elección? Creo que sí, aunque para el objeto que se proponen Los 13 hubiera dado lo mismo éstas, que La farsa del pastel y de la tarta (1461), el largo monólogo de El arquero Baignolet, que data de 1470, o la divertida Farsa de la cachucha, que habrá sido representada por 1545. Todas las elegidas –menos la de Pierre Pathelin, que para su tiempo es ya mucho teatro– son sencillísimas, a las que una técnica moderna hace 20 años, saca ahora de la escena a los actores y los lleva a actuar entre el público, recurso muy usado por el director escénico de Los 13, señor Seki Sano, y tienen un movimiento espectacular no soñado por sus remontísimos autores.

¡Ojalá y que en próximos programas Los 13 vuelvan los ojos a España y la América aún no conquistada por el teatro religioso franciscano, y nos presenten sendos programas con preciosidades españolas, como el Diálogo del amor y del viejo de Rodrigo de Cota, impreso en 1515, pero representado mucho antes; la Representación del nacimiento de Nuestro Señor de Gómez Manrique, publicado ya en 1511; la égloga Plácida y Victoriano de Juan del Encina, escrita hacia 1513, y La tragicomedia de don Duardos de Gil Vicente, escrita en 1512, no menciono la Comedia de Calysto y Melybea, es decir La Celestina de Fernando de Rojas –publicada en italiano en 1506, en alemán en 1520, en francés en 1527, en inglés en 1530; o la Comedia himenea de Torres Naharro, escrita en 1817–, porque ya sería estar tan cerca de la gran realidad del teatro español, que, a lo mejor, –y no hay en esto sombra de ironía– Los 13 no las consideran, pero muy representadas relativamente, esenciales de la dramaturgia universal. También –¿por qué no?– debían intentar un programa con piezas –las recién descubiertas por el P. Angel María Garibay– de teatro náhuatl, contemporáneas de las cinco preciosidades francesas, teatro sin influencias griegas o latinas, cargado de misteriosa y poética frescura... ¡Estas sí que serían importantes para el público mexicano!

Omito datos, fichas o fechas sobre las cinco farsas francesas que representa en la sala Molière el grupo de Los 13, lleno de ambición, movido por nobles y juveniles entusiasmos. Unicamente una referencia a la Farsa de Pierre Pathelin. Esta ya es conocida del mejor público mexicano, el de los niños, por lo menos desde 1938, a través del teatro guiñol oficial. Traducida por Rodolfo Usigli, adaptada para el guiñol –teatro de funda o guante– por Roberto Lago, representada con muñecos que construyó Lola Cueto, con la colaboración del gran artista Julio Castellanos, autor también de los decorados, es de repertorio del teatro El Náhuatl, del que es director el principal animador Roberto Lago. Quienes quieran adentrarse un poco en el teatro que ahora se evoca a través de cinco farsas medievales, que vayan al prólogo de Magriños en el volumen del que fueron sacadas para ser representadas, ligeramente adaptadas por Jorge Ibargüengoitia, presentadas –vestidas, decoradas– por Arnold Belkin, con economía de trastos y aprovechando las escaleras que dan acceso a la sala de lunetas, los pasillos también –no olvidemos que la realización del vestuario y de las pelucas se debe a Julia Castro [y] Guadalupe Pérez–; y dirigidas en general por el hábil Seki Sano. Por ahora basta con lo dicho como antecedentes de este interesante espectáculo –que, a decir verdad, debía estar patrocinado por centros de cultura superior–, y porque reclama un lugar en este comentario la entusiasta interpretación, a cargo hasta donde se me alcanza, por discípulos recientes de Seki Sano. No lo fueron antes, según creo, Julio Monterde y Humberto Almazán, pero para los efectos del conjunto tan bien administrado en la escena y para la unidad del bello espectáculo, deben considerárseles como bajo la dirección del dinámico animador oriental.

Julio Monterde dice muy bien sus partes en la Farsa de los sordos y en la de Pierre Pathelin. Igual crédito merece Abraham Stavchansky por su excelente creación de Thibault, el que se finge corderillo, en la Farsa de maese Pathelin. ¿Será verdad que Los 13 se han propuesto huir del vedettismo? Humberto Almazán parece olvidarlo, y aun creo que se ha propuesto ser la estrella número 13. En La farsa del calderero roba escena sin escrúpulo, y como Pathelin está desbordado, y salta, grita y gesticula como un auténtico vedetto. En el teatro no se ve más a quien más se mueve ni se oye mejor a quien más grita. Procure no olvidarlo el joven e impaciente actor. Las tres actrices del grupo prometen, por su juventud y por su temperamento. Particularmente me gustó más que Teresa Struck y que Soledad Ruiz, Hida Vilalta, por la riqueza de su temperamento.

En suma: ¡Bienvenidos los 13!