FICHA TÉCNICA



Título obra Don Juan

Autoría Guilherme Figueiredo

Dirección Miguel Sabido

Elenco Ignacio Sotelo, Graciela Orozco, Carlos de Pedro, Rosa Furman, Juan Felipe Preciado

Escenografía Marcela Zorrilla

Vestuario Marcela Zorrilla

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 25 marzo 1962, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Don Juan]

Mara Reyes

Don Juan, Teatro de la UNAM. Autor, Guilherme Figueiredo. Dirección, Miguel Sabido. Escenografía y vestuario, Marcela Zorrilla. Reparto: Ignacio Sotelo, Graciela Orozco, Carlos de Pedro, Rosa Furman y Juan Felipe Preciado.

El estar siempre mirando la antorcha de Europa, acaba por enceguecer a quienes buscan algo nuevo en el arte. Ahora el Teatro de la UNAM que maneja Héctor Azar, ha decidido voltear los ojos hacia nuestro continente y ha abierto sus puertas con una comedia del autor brasileño Guilherme Figueiredo: Don Juan, que es la primera de una serie de obras que se llevarán a cabo en la Temporada de Teatro Latinoamericano. Esta temporada permitirá al público de México conocer la producción teatral americana y obtener de este modo una visión panorámica del teatro que se realiza de este lado del mar.

La figura de Don Juan, introducida al teatro por Tirso de Molina, ha atraído sobre sí la atención de escritores de muy diversas lenguas y países: Molière, Pushkin, Shaw, Goldoni, Lenormand, Dumas padre, Lord Byron y otros, sin contar al popular José Zorrilla. Y no sólo escritores, también músicos, ensayistas y sicoanalistas; estos últimos han estudiado concienzudamente la personalidad de Don Juan, llegando a conclusiones como la de que ese continuo buscar mujeres, no es sino una forma de afirmación de su endeble virilidad.

La concepción que Figueiredo tiene de Don Juan es bastante novedosa, a pesar de la amplia literatura dedicada a este personaje. Hace aparecer este autor en su obra a un Don Juan que no corresponde a la propaganda creada por su criado Leporello, quien construye la fama de Don Juan como un escenógrafo teatral construye un castillo de piedra en un foro con papel y pintura.

Creada la fama, las mujeres, incitadas por la propaganda que ha invadido calles, escuelas y conventos, llegan por su pie a escalar los balcones del palacio de Don Juan para “seducirlo” con los más sólidos argumentos. Pero después de seducido, es Leporello quien en la oscuridad de la alcoba substituye al bello Don Juan que no es otra cosa que un romántico, que aspira a amar a una sola mujer y a vivir en la paz del hogar.

Así como unos autores matan a Don Juan y lo envían sea al cielo, sea al infierno, según el grado de simpatía que les inspira el personaje, Figueiredo lo hace vivir y cumplir su anhelo de unirse a la mujer a la cual ama, con el argumento de que el amor es más poderoso que cualquier fuerza destructiva.

Algo que no puede dejar de mencionarse al hablar de este Don Juan, es que si bien el autor presenta la obra con la forma de una típica comedia de enredo renacentista, italiana, que en mucho recuerda a La mandrágora, de Maquiavelo (no es un azar que atribuya a Maquiavelo el tratado de El arte de hacer amantes, que sigue Leporello para crear a su Don Juan) al mismo tiempo incluye en el diálogo intencionado y ágil, una serie de comentarios a la sociedad de nuestro tiempo, al estilo de Anouilh que introduce en sus obras anacronismos que le sirven para dar mayor fuerza y trascendencia a sus críticas, aunque Figueiredo lo hace en tono frívolo.

Así habla de la estandarización de la vida moderna, de la poca confianza que debe suscitar un producto al que la propaganda hace aparecer como inmejorable, así como de otros aspectos de la sociedad actual, pero sin perder nunca el tono ligero y satírico de la comedia.

A Miguel Sabido, como director experimental, lo hemos podido observar ya tratando diferentes géneros teatrales. La dirección de obras como Anacleto Morones, de Rulfo, y de las Danzas de la muerte, pertenecían a un rumbo bien diferente de la dirección de la farsa de El señor Arenque y de esta comedia. Y puede decirse que siempre sabe captar en forma correcta el tono justo para cada obra, según el género de que se trate.

La agilidad que dio a este Don Juan concuerda exactamente con la forma del diálogo: rápido, picante y de gran agudeza. Dio a los personajes una especie de mixtura entre la naturalidad y la caricatura muy difícil de lograr pero indispensable para este tipo de comedia.

La escenografía en blanco y negro es sobria. Los cinco en la comedia realizan un trabajo digno. La bella voz de Graciela Orozco ya la hemos escuchado en el teatro clásico español –Las mocedades del Cid– además de en otras producciones en las que ha salido siempre airosa.

Ignacio Sotelo, a quien hemos visto en varias obras, demuestra tener lo que se necesita para ser un buen actor: temperamento artístico, voz, figura y lo indispensable: sinceridad. Carlos de Pedro logra un Leporello ágil, quizá demasiado ágil en ciertos momentos, cuidadoso de su personificación, su interpretación es correcta lo mismo que la de Rosa Furman, actriz que cuenta ya con una excelente trayectoria; Juan Felipe Preciado, además de ser un buen actor es un imaginativo director de escena [sic].

En suma, teatro experimental realizado en su mayor parte por jóvenes universitarios que demuestran más profesionalismo que muchos profesionales.