FICHA TÉCNICA



Título obra Despedida de soltera

Autoría Alfonso Anaya

Dirección Julio Taboada

Elenco Magda Donato, Aurora Segura, Carmen Prieto (La Chula), Georgina Barragán, Virginia Sánchez Navarro, Otilia Larrañaga, Yoya Velázquez y Judy Ponte

Espacios teatrales Sala Chopin

Notas El autor también comenta sobre la inauguración del Teatro Trianón

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Despedida de soltera del novel Alfonso Anaya B., e inauguración del nuevo teatro Trianón con una fiesta popoff”, en Novedades, 24 abril 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Despedida de soltera del novel Alfonso Anaya B., e inauguración del nuevo teatro Trianón con una fiesta popoff

Armando de Maria y Campos

A la misma hora del jueves último –21 de abril– los periodistas que ejercemos como informadores de la vida teatral metropolitana debimos estar presentes en dos sucesos teatrales igualmente importantes: la inauguración de un nuevo teatro, el Trianón, que anuncian: "más que un teatro un palacio", en la calle de Hamburgo y Génova, y la también inauguración de un nuevo y joven autor teatral, Alfonso Anaya B., quien invitaba a sus amigos y relaciones, y de paso a la crítica, a la primera representación de su pieza Despedida de soltera, en la sala Chopin. De ninguna manera los periodistas de teatro hubiéramos podido asistir a ambos acontecimientos, aun gozando del don de ubicuidad, porque no fuimos invitados a los dos; es más, se prescindió de ellos para el acto en el Trianón, cuyas primicias representales fueron reservadas para la sociedad popoff. (Ahora que será presentada de nuevo la farsa Tovarich de Deval, por Marilú Elízaga, sabrán muchos el origen del barbarismo que define en México a un mundo tan pintoresco como heterogéneo).

El cronista acudió, espontáneo como es su deber, al estreno de Despedida de soltera de Anaya B., a la sala Chopin. No obstante que la sala estuvo moderadamente concurrida, porque no todos los invitados concurrieron a la cita, no había localidades reservadas para la prensa, tan respetada en teoría, tan desairada en la realidad. Al final y gracias a la intervención del autor y empresario se halló alguna localidad decorosa para el comentarista. Es natural que así sea. ¿Qué pintamos nosotros en la vida teatral? Muy poco, en realidad, como lo exhibe y divulga el último noticiero cinematográfico Ensalada popoff de Agustín Barrios Gómez: como no gustó a la crítica Gigoló, gigoló llena todas las noches la sala Gante... Y tiene razón el ágil comentarista: por eso mismo...

Despedida de soltera es un florido haz de chistes, o un puñado de éstos de todos colores –abunda lo verde y lo rojo, según se quiera calificar pictóricamente–, ensartados en un débil hilo argumental. La farsa del joven y entusiasta autor pretende ser costumbrista, ya da pena pensar que así, esas amigas, despidan a una de soltera. Unicamente aparecen mujeres, amigas íntimas que se odian cordialmente y se dirigen puyas, y chistes, tan gemelos en su contenido e intención, que lo mismo da que los diga una a que los dispare otra. El argumento es de una sencillez pueril, como arrancado de un almanaque: una amiga, afecta a las bromas de peor gusto, le gasta una a la soltera que se despide, alquilando una dizque actriz para que simule, niño en brazos, que ha sido seducida por el presunto novio; el consorcio de amigas devuelve la broma a la bromista haciéndola creer que la futura esposa se ha suicidado. La acción naufraga en un mar de chistes, y salvo dos personajes –en la obra sólo aparecen mujeres, ocho–, la nana y una amiga ingeniosa y desenfadada, los demás no se diferencian entre sí gran cosa. El chiste que dice una, lo puede decir cualquiera de las otras, y la acción correría igual hasta el final, como mansa en cauce fijo.

Es aventurado predecir hasta dónde llegará el joven autor que en todo momento revela ingenio y fecundia chistómana, sin escrúpulo en la distribución de las bromas. Naturalmente que el teatro cómico no es nada más vertedero de chistes. Se encuentra un argumento y... se hace vida con él, no importa qué ideología, siempre que su desarrollo sea coherente. En su primera pieza, que es una farsa, Alfonso Anaya B., confirma que lo que se hereda no se hurta –es hijo del gran humorista Tito Melcocha– y que si persiste, llegará a encontrar moldes adecuados en que vaciar su burbujeante chistomanía.

Extras del cine que en él hacen bits, modelos de televisión que se encargan de ídems y la actriz Magda Donato, desfilan en Despedida de soltera –por orden de aparición: la señora Donato, Aurora Segura, Carmen Prieto (a) La Chula; Georgina Barragán, Virginia Sánchez Navarro, Otilia Larrañaga, Yoya Velázquez y Judy Ponte. La Prieto sostiene su absurdo personaje a pesar de los chistes que dispara como ametralladora. Hace sus primeras armas como director, el joven actor Julio Taboada, y cumple decorosamente.

Al día siguiente, al Trianón –más que un teatro un palacio–, con escasa concurrencia. Nosotros, los cronistas –tan poco avenidos–, y algún otro cabal. La víspera había sido la feria de la vanidad social, a beneficio del Variety Club. Al día siguiente –también mucha vanidad, pero de la otra–; el reverso de la medalla. ¿Sería porque la obra de André Roussin, muy conocida hace años, a través de una traducción libre del inefable arreglador Federico Sodi –que le agregó un epílogo–, hecha por Emilia Guiú disfrazada de javanesa y por Miguel Manzano y Rafael Banquells, no llegó nunca a interesar? ¿O por la opinión de que la crítica tiene y expone en su noticiero el empresario Barrios Gómez? La comediafarsa de Roussin es la misma y... otra. Ingeniosa sigue siendo, y con una interpretación más ponderada. López Lagar, como es costumbre en él, lo es todo. Rita Macedo, guapa y muy adelantada, y Ernesto Alonso, le hacen coro. La escena bien puesta. La traducción de Mirta Mercenario, correcta. La escenografía, apropiada.

El teatro Trianón se ha construido en la que fuera mansión de los señores Domenge, que algún tiempo fue habitada por el señor Massersmith, embajador de los Estados Unidos. No ha sufrido grandes cambios en su transformación. En lo que fue la biblioteca y la segunda sala, se construyó propiamente el teatro: escenario con telón de subir y luneta, con doscientas butacas; el comedor se convirtió en guardarropa; el hall en foyer. En el jardín se ha construido una boite, que se llamará Jacaranda; tiene clima artificial, y óleos en las paredes. En uno de los intermedios, en un saloncito frontero al foyer –el Petit Trianón– actuaron las variedades de Jacaranda, atención de la empresa teatral a la morralla cronisteril. El nuevo centro de espectáculos teatrales está montado con lujo ligeramente rastacuero, mejor dicho, un poco epatente, y se le ha querido dar un aire muy parisiense. Todo está bien, pero estará mejor si se hace, sencillamente, buen teatro. Y no hay por qué temer otra cosa...