FICHA TÉCNICA



Título obra La paz contigo

Autoría Rafael Bernal

Dirección Simón Armengol

Elenco Carlos Ancira, Yerye Beirute, Antonio Quintana, Beatriz San Martín, Mario García González, Leonor Llausás, Amparo Grifell, Kika Meyer, Marta Yolanda Yáñez, Armando Luján, Emilio Posadas, Amparo Fustemberg

Escenografía Roberto Montenegro

Notas de escenografía Rodolfo Galván / realización

Espacios teatrales Nuevo Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de La paz contigo de Rafael Bernal, sobre el martirio del P. Pro, en el teatro Fábregas”, en Novedades, 8 abril 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de La paz contigo de Rafael Bernal, sobre el martirio del P. Pro, en el teatro Fábregas

Armando de Maria y Campos

La comedia dramática La paz contigo de Rafael Bernal, en dos actos y quince cuadros, inspirada en la vida y en la muerte del P. Miguel Agustín Pro, S.J., fue escrita directamente para ser puesta en ondas radiofónicas, en serie, en transmisiones que duran catorce minutos. No estoy cierto si llegó a subir a las antenas de XEX o de XEB, aunque sí de que en ambas o en alguna de estas estaciones radiodifusoras fue anunciada profusamente. De pronto se hizo silencio en la propaganda, y toca a los auditorios de aquellas potentes emisoras decir si la llegaron a oír en sus respectivos radios.

Bernal ha dicho a propósito del estreno de La paz contigo en el nuevo teatro Fábregas: "Desde hace tiempo he venido estudiando detenidamente todo lo que se puede referir a la vida y a la muerte del P. Miguel Agustín Pro, S.J. y ahora, en esta obra, tan sólo he pretendido dar una semblanza espiritual de este hombre incomparable por su valor, por sus virtudes y por su santa alegría cristiana. Por eso he situado la acción en la cárcel, en los dos últimos días de la vida del mártir, con algunas escenas retrospectivas. El título de la obra está tomado del cánon de la misa: Haz que vivamos en paz contigo los días de nuestra vida".

Rafael Bernal ha compuesto para el palco escénico, con aquellos materiales de la serie radiofónica, una excelente pieza dramática, de carácter naturalmente religioso, biográfica no sólo de la vida del P. Pro, también de la época en que vivió su último año de sacerdote en México, por la que corre rica y transparente savia cristiana. Como él dice, la acción se sitúa en la cárcel de la Inspección General de Policía, en 1927, con escenas retrospectivas que la llevan al Seminario de Enghien, en Bélgica, en 1926; a la casa de una dama dirigente de la Liga de Defensa Religiosa, a una calle sórdida en los barrios bajos por los que pululan las infelices mujeres de la vida; dos veces a la oficina del inspector general de Policía en la época de los fusilamientos de sacerdotes y católicos, y a otros sitios –como el convento del Buen Pastor, refugio de arrepentidas y bálsamo de recogidas–, que deben haber sido otros tantos episodios de la serie radiofónica, entonces sí, creo, ensartados cronológicamente. El audaz e inteligente aprovechamiento de estas escenas para el teatro le da a la acción, que sale de la cárcel y entra a ella según conviene al autor, sólida unidad y eficaz teatralidad al argumento. Y lo que no es otra cosa que habilidad de autor que utiliza sus materiales en adecuados tratamientos, viene a resolverse en certero certero recurso para que, jugando con el pasado y el presente, exhiba una vida en sus momentos cruciales y rompa el simbólico círculo cerrado de las tres paredes de la escena. Los cuadros retrospectivos –para los que no siempre se encontraron los actores adecuados, y este detalle que no debió escapar a quienes intervienen en la producción provoca el tambaleo de la sólida estructura de los cuadros restantes en las celdas de los sótanos de la Inspección de Policía callista–, justifican plenamente el aire apostólico, redentor y cristianamente resignado del mártir jesuita. Pero al público al que va dirigida esta pieza dramática no advierte el truco de buen autor de Bernal, porque en general preocupan poco estos detalles de la creación escénica. Por lo demás, tan cargada de realidad y tan viva de espíritu cristiano se halla la pieza de Bernal, que el espectador de todas las localidades, se bebe sediento la acción y se sorbe –al par que con sus lágrimas– las escenas que enciende de interés la palabra serena que el autor pone en el personaje que resucita para el teatro al P. Pro, en vísperas ahora, como saben los cristianos, de alcanzar la beatitud, porque en mayo de 1947, la Congregación de Ritos, con sede en Roma, inició el expediente de su beatificación.

No obstante lo escabroso y peligroso del tema, si no se quiere soslayar como no se hace la tremenda verdad de los hechos que relata la comedia dramática La paz contigo, el autor encara las más duras escenas con ponderación y cristiana comprensión. Nadie queda defraudado, ni a nadie se escarnece. La pieza de Bernal es un modelo de equilibrio entre la verdad histórica y la eficacia teatral. En ambos aspectos es recomendable, y en ambos, también, excelente.

La resolución escenográfica de esta pieza se confió al buen gusto de Roberto Montenegro, que ideó decorado funcional para la acción que se desenvuelve en la cárcel –bartolinas y pasillos– y se traslada instantánea fuera de aquel recinto. Un forillo practicable y un bastidor de abrir y cerrar resuelve los cambios, no siempre bien iluminados. (En general, la iluminación es deficiente). La realización quedó a cargo de Rodolfo Galván, quien supo darle a los "separos" de la Inspección el tono sombrío y dramático que siempre tuvieron.

La interpretación del difícil personaje central fue confiada a un actor de talento, facultades y sensibilidad. Carlos Ancira, quien en todo momento lo habla con serena naturalidad, hallando el tono justo, y actúa sencillo y lógico. Es decir, que está no sólo en papel y en carácter, sino también en actor. Otro personaje histórico de importancia interviene en la comedia, el Gral. Roberto Cruz, caracterizado con sobriedad y energía –sin caer en el retratismo– por el actor Yerye Beirute, y el tacto del autor y la inteligente contención del intérprete, salvan el peligro, y la figura del "General" pasa por la escena obediente a su destino. Antonio Quintana, en el que pintase al detective Valente del mismo apellido, se le identifica, pero sólo por una frase. El resto de los personajes no reproducen a determinadas personas. La Sra. Valero es una dama de la Liga de Defensa Religiosa; el Tuercas, un magnífico tipo de ratero, del buen ratero –como aquel buen ladrón del Viernes Santo–; la mujer, una de tantas de la vida; las beatas propagandistas, el explotador de mujeres, y la Magdalena arrepentida. Todos son motivos para ilustrar la biografía del P. Pro, menos el Robles –Judas indispensable– que sí existió en la vida y muerte del sacerdote jesuita, muy sobriamente tratado por el autor, y que está torpemente interpretado por el actor encargado de él, porque le da tono de melodrama y un hablar de "maloso" de peor película.

Beatriz San Martín y Mario García González, en el buen ratero y en la infortunada mujer de la vida, se apoderan de la atención del público. Beatriz San Martín huyó de encarnar un clisé de horizontal ondulante y provocativa, a lo Leonor Llausás, o de tantas de nuestras películas de barrios bajos, y fue nada más que una pobre muchacha que ha caído, con el corazón intacto y la bondad a flor de la piel que le maltrata el consabido explotador de su desventura. Creó el personaje con responsabilidad de actriz, lo que es bastante. Mario García González acierta con el tono de expresar la ingenua filosofía de una víctima del hampa. Amparo Grifell, como la Señora Valero, exhibe su talento y su oficio, y cumplen en sus respectivos personajes Kika Meyer, Marta Yolanda Yáñez, Armando Luján, Emilio Posadas y Amparo Fustemberg.

Debutó como director el periodista de origen catalán Simón Güell Armengol –que ya se había ensayado hace dos o tres años con grupos de aficionados en la ANP– y el conjunto de su intervención es estimable, seguro anticipo de mejores realizaciones.