FICHA TÉCNICA



Título obra La manzana

Autoría León Felipe

Espacios teatrales Sala Chopin

Notas Reseña de la obra La manzana

Referencia Armando de Maria y Campos, “Explicación periodística de La manzana. II”, en Novedades, 11 marzo 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Explicación periodística de La manzana. II

Armando de Maria y Campos

Un lapsus al que no encuentro explicación fácil, que no deja de alarmarse además, me llevó a decir en crónica anterior La manzana de León Felipe, se estaba representando en el auditorio del Instituto Mexicano del Seguro Social, cuando en verdad que se representa en la sala Chopin –esquina avenida de los Insurgentes y calle de Puebla–; por cierto que la noche de la representación de esta obra no logré un asiento cómodo, y como considero que la letra Y, penúltima de la sala y del alfabeto, no es la más propicia para ver un espectáculo, por la distancia que media entre ella y la escena, reservéme para verla, como lo hice noches después. El buen juicio del lector habrá subsanado el involuntario traslado por mi parte del Teatro Español de México de un sitio a otro.

León Felipe –decía– metió mano a la mitología griega y sacó tres personajes que tienen mucho que ver con la manzana, origen de la vida y del pecado mortal. Formaron un triángulo amoroso, que se repite por los siglos de los siglos. León Felipe buscó una equivalencia contemporánea. Menelao viene a ser, ahora, Abilio Santibáñez, un aristócrata reblandecido, materia de psicoanálisis, que se casa con Elena de Santa Eleusis –nombre que recuerda perrsonajes del teatro de Linares Rivas–, réplica moderna de Helena de Troya. A Paris lo presenta León Felipe como el símbolo planetario, pero por como se porta y comporta durante toda la obra, resulta en realidad el Paris mitológico, tercer ángulo del triángulo y natural amante de Helena en su hora soñada. Helena es célebre en la leyenda griega, principalmente, por haberla raptado Paris, hijo de Príamo, lo que fue causa de la guerra de Troya. Para los griegos Helena era de origen divino y se le rendía culto en muchas ciudades: hija de Zeus, transformado en cisne, y de Leda, la leyenda de Helena goza de muchas variaciones. Algunas de ellas presentan a Helena como mujer reincidente en el adulterio y la perversión, al contrario de la versión de Homero en La Iliada, que la hace aparecer más bien como víctima de la fatalidad predestinada al deshonor por su extraordinaria belleza. Esto confirma el rapto de Teseo y el de Paris. El primero la robó al verla bailar en el templo de Artemisa, y este suceso hizo que todos los héroes de Grecia se disputaran su mano. Entonces aparece Menelao, elegido por Helena.Y también Paris, que se consideró defraudado porque Afrodita le había prometido la mujer más hermosa del mundo y, lo que es el despecho en Grecia, en la mitología y en cualquier parte, Paris raptó a Helena, y entonces, los desairados, instigados por Menelao y dirigidos por Agamenón emprendieron la guerra de Troya. Pero –dice la leyenda– si Paris llegó a vencer la virtud de Helena fue porque Afrodita (Venus), hizo que aquél apareciera con la fisonomía de Menelao, con lo que Helena, engañada, se dejó rendir.

La leyenda de Menelao también tiene múltiples facetas como los diamantes maravillosos. No viene al caso recordar los antepasados de Menelao. Nos importa que aparezca a raíz del rapto de Helena por Paris provocando la guerra de Troya, a la que acudió Menelao con 60 navíos, lo que hizo ser uno de los principales héroes de La Iliada homérica. Las múltiples leyendas no llegan a afirmar que Menelao fuera cornudo; lo dicen únicamente cuando tratan de Helena.

De Paris cuenta la leyenda cosas extraordinarias. Dice que su madre, poco antes de dar a luz, soñó que había parido una antorcha que incendiaba la ciudad de Troya. Interpretóse este sueño en el sentido de que aquel niño sería la ruina de su patria, Troya, y por esto se le abandonó en el monte. Según la leyenda, le ocurren a Paris sucesos siempre extraordinarios, pero la primera vez que lo relaciona con la manzana es cuando a causa del matrimonio de Peleo y Tetis estalló la famosa disputa entre Juno, Minerva y Venus, cada una de las cuales deseaba la manzana que arrojó Eris para ser entregada a la más bella. Paris fue escogido como juez; las tres rivales mostraron sin velo sus divinas carnes al juez mortal en la cumbre del monte Ida. Cada una de ellas intentó sobornar al juez; Juno prometiéndole el poder, Minerva la sabiduría y Venus la mujer más hermosa del mundo –que había de ser, en otra leyenda, Helena–. Paris, adolescente hermoso y en estado de amar, se decidió por Venus, y por esto Juno y Minerva se convirtieron en terribles enemigas de su país. Todo esto lo cuentan Homero en La Iliada, y Eurípides en Troades, Andrómaca y Helena. Para lograr la mujer que Venus le había prometido Paris abandonó a su esposa y se aventuró por los mares a la vela. Fue recibido por Menelao y pagó este recibimiento persuadiendo a Helena a que abandonase a Menelao y huyendo con él a Troya. A esta invitación al adulterio siguió el sitio de Troya, en el cual murió Paris atravesado por una flecha que le arrojó Filóctetes. Homero le representa en La Iliada como un joven hermoso, afeminado y apasionado por la música, que no era extraño al arte de la guerra, pero por naturaleza indolente y enemigo de toda fatiga. Figuraos si habrán sido efectivos sus amores con Helena, que Homero asegura que le dejó cinco hijos. El arte griego especuló mucho con el tema del "juicio de Paris", y desde entonces casi siempre se representa a Paris como un joven imberbe, teniendo la manzana en la mano derecha, la manzana que este Adán griego invitó a Helena a morder, y ya sabemos por la propia leyenda con qué voracidad ambos la mordieron. Ticiano y Rubens, e infinidad de escultores griegos, presentan a Paris con la incitante manzana en la mano... Con estos tres personajes, y un tal Práxedes Santibáñez, sabio historiador o la historia misma, y con un don Sandalio, que viene a ser la poesía, tan vieja que las barbas le llegan a la rodilla, y que es también parte del coro que completan tres personajes mitad poéticos, mitad realistas, el poeta echa a andar su fábula y farsa, haciendo intervenir, dialogar entre sí, a los personajes realistas y a los mitológicos, para con ellos elevar un canto unánime a la manzana del amor: la manzana perdida y recuperada; la eternidad de la semilla en la manzana. El símbolo camina en un fosforecente juego de símbolos, en jérsey vivo de metáforas, todo un poco fuera del tiempo y del espacio, lo mismo cuando Helena pierde la inocencia y Paris la manzana, que cuando comienza en realidad la fábula poética con la manzana recobrada.

Todo esto hay que verlo para sentirlo, gozarlo, creerlo.

Ahora sólo resta decir cómo fue hecho realidad por actores, pintores y escenógrafos este juego poético y simbólico de hombres y mujeres nacidos de la manzana y esclavos de la manzana. Será otro día.