FICHA TÉCNICA



Título obra Siete años de... comezón

Notas de Título The seven year itch (título en el idioma original)

Autoría George Axelrod

Notas de autoría José Remírez / traducción

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Manolo Fábregas, Luz María Aguilar, Rita Macedo, Alma Margarita, Lupe Andrade, Lourdes Parga, Bárbara Sampeiro, José Pidal, Raúl Ramírez

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Sala 5 de diciembre

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno en México de The seven year itch, por Manolo Fábregas, en la sala 5 de Diciembre”, en Novedades, 3 marzo 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en México de The seven year itch, por Manolo Fábregas, en la sala 5 de Diciembre

Armando de Maria y Campos

Quienes siguen paso a paso, y libro a libro, el desarrollo del teatro comercial en los Estados Unidos, particularmente en Nueva York, conocieron a su tiempo el éxito que a partir del 20 de noviembre de 1952 alcanzó la comedia en tres actos de George Axelrod, The seven year itch, producida por Courtney Burr y Elliot Nugent para el Theatre Fulton, de Nueva York, regocijada pieza que al finalizar la temporada 1952-1953 alcanzaba la estimable suma doscientas veintiuna representaciones. John Chapman recogió escenas y publicó una síntesis de esta comedia en su libro: Theatre '53, y también Louis Kronemberger en su utilísimo The best plays1952-1953, fijó las características de este popular suceso. Como ocurre con las obras que alcanzan éxito en Broadway, The seven year itch fue publicada por distintas editorales, y Axelrod nombró representante para que administrara sus derechos de autor en Europa, Asia, las Américas y... Formosa, si la política imperialista de los Estados Unidos llega a imponerse en aquella infortunada isla. Naturalmente, The seven year itch empezó a representarse como ejemplo del teatro norteamericano contemporáneo, y con éxito vario, en todos los países donde se imponen los productos norteamericanos.

En uno de sus viajes a Nueva York, en los descansos que le permitía la larga temporada de Telecomedia que desarrolló sobre el Canal 4, de televisión, Manolo Fábregas conoció esta comedia y "se vio en el personaje central", aunque no tan maduro como el actor que con éxito de escándalo la estrenó y aún la interpreta, ahora fuera de Nueva York. Hizo arreglos con Dramatists Play Service, Inc., 14 East 38 St. Nueva York 16, etcétera, y se trajo la autorización para representarla en México, confiándole la traducción a don José Remírez, autor teatral, y de scripts para radio, como George Axelrod, que ha escrito más de quinientos guiones para radio y televisión y reducido novelas en sketches para ambos espectáculos de gran público, lo que le permitió darle a su exitosa comedia un tratamiento de comedia grande para televisión, con escenas que piensa el protagonista y que se realizan sobre el escenario, como en los "juegos escénicos" por televisión, que permiten el rápido cambio de escenarios confiados a distintas cámaras y con frecuentes sobreexposiciones.

Se explica el éxito en los Estados Unidos de The seven year itch –traducida no muy certeramente como Siete años de... comezón–, porque se trata de una pieza típicamente norteamericana para teatro comercial, cuya técnica de construcción y exposición está inspirada en la manera de hacer teatro original, pintoresca y absurda dentro de una convencional realidad, de Enrique Jardiel Poncela, y un poco más atrás en el astracán de Pedro Muñoz Seca o en el humorismo audaz y travieso de Enrique García Alvarez, tres ilustres autores cómicos y españoles, fenómeno literario que se explica cuando se tiene presente que George Axelrod, alumno de la Universidad de Columbia, debe haber frecuentado y conocido a los autores españoles contemporáneos. Lo que durante años hizo para sorpresa de unos y desesperación de otros Jardiel Poncela, creando un modo de hacer teatro original y divertido, es lo que supo realizar Axelrod en Siete años de... comezón. El público que gusta del teatro cómico y original, ya sabe a qué atenerse: George Axelrod es el Jardiel Poncela de Nueva York.

El tema es sencillo y simple si no fuera por la audacia de escenificar los pensamientos del protagonista. Ya siguieron en serio este procedimiento O'Neill, en Extraño interludio, y Benavente, en Vidas cruzadas. Un hombre casado, ya maduro, que en siete años de vida conyugal nunca fue infiel, se encuentra solo, en su departamento –un típico departamento norteamericano– y que, sin saber cómo, vive una aventura íntima con una vecina soltera y ansiosa de tenerla también. Eso es todo; la novedad, como en las piezas de Jardiel Poncela, radica en que el público ve lo que el personaje piensa sucedería si su mujer se diera cuenta de lo que pasaba en su departamento, de un atardecer a la media mañana siguiente. El personaje está en escena durante los tres actos, monologa largamente y dialoga a ratos, y se suceden las escenas en que intervienen la vecina alocada, un profesor al que le va a editar un libro árido sobre poemas de psicoanálisis y, como "fantasmas" reales, la esposa y una colección de "modelos" fáciles a la aventura. Excepcional oportunidad tiene el actor que interprete el Richard si es, como Manolo Fábregas, comediante de oficio, con recursos múltiples, con simpatía y temperamento. Él es toda la obra, y Fábregas está eminente en papel tan frívolo y superficial, y admítase este juicio un poco paradojal, como justo y merecido.

Las actrices que deben actuar con el protagonista no es preciso que sean actrices, y vuelve la paradoja a hacerse sitio en este comentario, puesto que bastará con contar con mujeres hermosas y que sepan vestirse bien... o vestirse muy a medias. Se hace excepción del personaje que el autor define vagamente como "the girl" –la chica–, que sí precisa ser una ingenua de lindo cuerpo entero. Intervienen dos personajes masculinos, y uno de ellos, el Dr. Brubaker, también requiere un actor profundo; el otro, un galán típicamente norteamericano, sólo precisa de un buen mozo.

Quienes han visto en Nueva York esta pieza reconocen la excelente calidad de Tom Ewell para el Richard Sherman y de Vanessa Brown para la "girl". Es justo reconocer la excelente versión, tal vez muy juvenil, que le da Manolo Fábregas al protagonista, y la graciosa, encantadora y primaveral que la incipiente y guapa Luz María Aguilar logra de "la chica", ya prometedor capullo de inminente, feliz realidad. Otras actrices, casi todas procedentes del cine llamado nacional, aparecen en la divertida comedieta, y todas lucen como mujeres cuidadosamente seleccionadas de acuerdo con la riqueza de sus juveniles encantos: Rita Macedo, Alma Margarita, Lupe Andrade, Lourdes Parga y Bárbara Sampeiro. El veterano actor español José Pidal está magnífico en el distraído Dr. Brubaker, y el galán Raúl Ramírez, de excelente presencia, no desentona.

La dirección de Fábregas, inspirada seguramente en la que vio en Nueva York, ajustada a las posibilidades materiales de un escenario que Julio Prieto vistió con mucho sabor neoyorquino. Colofón o resumen: un gran éxito de teatro comercial.