FICHA TÉCNICA



Título obra El juicio

Autoría Alfredo Pacheco Buenrostro

Dirección Alfredo Pacheco Buenrostro

Elenco Octavio Dávalos, Alejándro Yáñez, María Teresa Araque, Fausto Ledesma, Olivia Contreras, José González, Liberto Soler, José Olivares, Alvaro Burgos, María Farías, Prisciliano Zamora, José Calderón, Leonel López, Angelina Contreras, Armando Madrigal

Espacios teatrales Teatro La Rotonda

Notas Inauguración del Teatro La Rotonda

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno del teatro de La Rotonda con la obra El juicio de Alfredo Pacheco”, en Novedades, 27 febrero 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno del teatro de La Rotonda con la obra El juicio de Alfredo Pacheco

Armando de Maria y Campos

Al final de la avenida Cuauhtémoc, a unos cuantos metros de la plaza Etiopía, en pleno corazón de la colonia Narvarte, se levanta un nuevo teatro, de los llamados "de bolsillo", construido desde su primera piedra hasta su modesto telar para el destino que se le señala. Sobre un terreno de 25 x 35 metros cuadrados, cuyo valor es de $350,000.00, aproximadamente. Su construcción alcanzó un costo de $200,000.00. Su sala es cómoda, con capacidad para doscientas noventa y nueve butacas, y su escenario permitirá moverse a los actores con desenvoltura y acoger decorosas posturas escénicas; tiene doce metros de frente, por siete y medio de fondo –con amplitudes laterales que permiten el movimiento de los actores– y su embocadura cuatro metros de altura. Sus servicios están de acuerdo con los reglamentos respectivos –cuatro camerinos, sala para utilería, salidas y escaleras de emergencia, amplio hall de descanso, taquillas, etcétera–. Lo diseñó y construyó el ingeniero mexicano Enrique Contreras.

El teatro Rotonda se inauguró con dos fuciones de invitación que se celebraron el 22 y el 23 del actual, llevándose a escena la pieza dramática del autor mexicano Alfredo Pacheco Buenrostro, El juicio, que fue presentada en el Concurso para Grupos Experimentales convocado por el INBA y celebrado en nuestro coliseo de mármol en mayo de 1954. El autor Pacheco Buenrostro, actor y director al mismo tiempo de su producción, fue premiado con una mención honorífica por su labor como director.

El juicio es una pieza dramática en tres actos, que recoge una anécdota de la Revolución poco después de celebrada la Convención de Aguascalientes, de 1915, inspirada en un cuento breve de Ladislao López Negrete titulado Noche Buena, publicado, con ilustración, en una página del suplemento dominical de El Universal, muchos años después de la época cuya anécdota comenta. Pacheco Buenrostro, que durante muchos años escribió sketchs y "cuadros" para Roberto Soto, regalándoselos generosamente, compuso una especie de "pasillo" con la idea de este cuento, que llamó Deuda de guerra, y que duraba escasamente doce minutos. Después amplió este trabajo, le dio composición dramática a tres actos, y lo presentó en el Concurso de aficionados a que aludí antes. Un "pelón" federal, soldado raso de leva, deserta del ejército federal, y va a caer, pidiendo hospitalidad en una Noche Buena –sería la de 1915–, a la casa del prefecto municipal de un pueblo del interior, donde están reunidos en partida los revolucionarios del lugar nacidos en esas tierras. Un hijo del prefecto ha sido sacrificado por los "federales"; el capitán de la partida, que descubre que el recién llegado que se dice comerciante en semillas a un desertor de los "pelones", decide que debe ser sometido a "juicio sumario", porque "la revolución lo ordena". Se celebra el juicio, y en él, el prefecto defiende por humanidad al hombre al que ha dado hospitalidad en noche tan señalada; se celebra el juicio y el desertor resulta condenado a ser pasado por las armas al rayar el alba. El hijo del capitán de la partida –enamorado de la hija del prefecto– lo deja escapar, porque el desertor, soldado a la fuerza, es también hijo del pueblo, víctima de los tiranos, y "la revolución se ha hecho para salvar al pueblo". Pacheco Buenrostro escribió con este asunto una importante pieza dramática, dialogándola en lenguaje directo y preciso, construyéndola teatralmente con esa difícil facilidad de quien huye de los preceptos académicos y sólo quiere llegar al público.

Pacheco Buenrostro es un interesante hombre de teatro. Nacido en Querétaro en 1919, estudió lo preciso en su estado y en el Distrito Federal para ganarse la vida. Asistió a escuelas nocturnas, trabajando durante el día. En Querétaro fue movilista de títeres; en México formó un grupo teatral, en 1939, para dar funciones en pueblos y aldehuelas. Desde El pasado de Acuña, y La llorona de Neve, hasta El jorobado o Enrique de Lagardere, pasando por Los pantalones y Basta de suegros, dando preferencia a las piececillas mexicanas, como Idilio ranchero y Los amores de un ranchero. Actuaba como actor y director. Quiso abrirse paso y fue a la radio. En 1940 ganó un primer lugar en XEW, como actor cómico en el programa Academia Cinematográfica. En 1943 obtuvo otro primer lugar en XEOY Radio Mil, disputándoselo a Los Kíkaros. En 1944 triunfó en el concurso de dobles de Pardavé, en el Makakikus de la película México de mis recuerdos, y en 1946 otra vez logró un primer lugar en la W en el concurso Buscando el camino de México. En 1948, el Circo Atayde le contrató como clown mexicano, presentándose como Jilemón Metralla durante meses. Gusta de merodear por donde se hace teatro y se presta a ayudar como utilero, traspunte, mauillista. Así conoció al director Víctor Moya, cuando éste presentó Los de abajo, en el primer Concurso de Teatro de las Fiestas de Primavera. La amistad con el director Moya lo ligó con el empresario y traductor don Eleazar Canale, a quien un día, mitad en broma, le dijo: –Si en alguna ocasión llego a tener un teatro, lo presento como autor... Eleazar Canale llegó a tener teatro y pudo cumplir su promesa, inaugurando el que motiva estos comentarios, con la digna obra de este batallador hombre de teatro, autor, director y actor, a cuyo cargo debió estar la noche del estreno de su pieza la interpretación del profesor González, importante personaje que simboliza la conciencia del pueblo, y que por nervios lo cedió al actor aficionado Octavio Dávalos.

El juicio fue presentado con decoro, ambientándose la escena, con mucha propiedad, bajo la dirección del autor Pacheco Buenrostro. Fue interpretado por actores aficionados, algunos de la Academia Dramática de la ANDA. El joven Alejandro Yáñez que se encargó del mayor Ruiz posee magníficas condiciones de actor y también la señorita María Teresa Araque, a cuyo cargo estuvo el papel de Isabel. El resto de los entusiastas actores se desempeñó con afición, respeto al público y... nervios, que no se pueden dominar en noche de solemnidad. Es justo recoger sus nombres –por aparición en escena– Fausto Ledesma, Olivia Contreras, José González, Liberto Soler, José Olivares, Alvaro Burgos, María Farías, Prisciliano Zamora, José Calderón, Leonel López, Angelina Contreras y Armando Madrigal.

La concurrencia fue numerosa y se mostró benévola.