FICHA TÉCNICA



Notas Cita de la petición del corregidor Joseph Ignacio Ruiz Guerra para la construcción de un coliseo en Querétaro

Referencia Armando de Maria y Campos, “Sobre los orígenes de las representaciones teatrales en la ciudad de Querétaro”, en Novedades, 29 enero 1955.




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Novedades

Columna El Teatro

Sobre los orígenes de las representaciones teatrales en la ciudad de Querétaro

Armando de Maria y Campos

La ausencia total de espectáculos teatrales de importancia en lo que va del año y no debiendo utilizar esta columna como mentidero o chismógrafo, aprovecho la ocasión para referirme a sucesos importantes de nuestra historia teatral poco o nada conocidos, pero, desde luego, ignorados por las generaciones actuales que viven, puntualmente, al día.

La aparición del magnífico libro de Alberto Trueba Urbina con la historia del teatro queretano de Iturbide, después llamado teatro De la República, y a punto de ser declarado monumento nacional, me da ocasión para referirme a aspectos de los orígenes de las representaciones teatrales en aquel punto de la república, que por estar fuera del plan que se trazó Trueba Urbina, no se encuentran en su magnífico libro.

Año de 1796. El corregidor de Letras de la ciudad de Santiago de Querétaro y su partido, con jurisdicción en las Causas de Hacienda y Guerra, que lo era don Joseph Ignacio Ruiz Calado, abogado de la Real Audiencia de Nueva España, y alumno de su Ilustre y Real Colegio, se dirigió al virrey don Miguel de la Grua Talamanca y Branciforte, marqués de Branciforte, abogando por establecimiento de un coliseo en la ciudad que fuera más tarde el foco de la insurrección más importante de México. Este corregidor de Querétaro fue hombre que se preocupó vivamente por el engrandecimiento y progreso de la región que estaba bajo su mando. De una comunicación enviada por el corregidor al virrey tomo algunos párrafos que revelan el estado floreciente y la importancia que por aquel tiempo tenía Querétaro: "La opulencia de esta ciudad, situada en la garganta del reino, para el paso de tierra adentro; el vecindario noble, dócil y generoso de que se compone; el basto comercio que mantiene; la industriosa habilidad de sus artesanos; el tesón con que procura aumentar la agricultura en su fertilísima campiña que ofrece un suelo de lo mejor de esta Nueva España, está clamando a que se le mire con la mayor atención, y que se le discurran arbitrios y medios para darle el lleno a que es acreedora". Esta comunicación fue dirigida al virrey a propósito de que el corregidor había discurrido la formación de un "paseo y alameda, que, sirviendo de ornato a la ciudad, y de recreación a sus vecinos, contribuya a la unión de éstos, por la comunicación que facilita", etcétera. "Los paseos públicos –reforzó el fiscal de Querétaro– son recomendables y muy propios de las ciudades y lugares populosos. La de Querétaro es una de las principales de este reino; y careciendo totalmente de ellos, es justo que se contribuya a una obra conveniente y útil, pues con ella se evitan los perjuicios que son de temerse se originen de la concurrencia de gentes de otros parajes, y se les proporciona diversión y desahogo honesto, nada costoso y libre de consecuencias funestas".

A nadie extraña, pues, que el acucioso licenciado Ruiz Calado, celoso de la moral y buen orden de la intendencia encomendada a su gobierno, gestionara el establecimiento de un coliseo, "cuya idea ha padecido no pocas contradicciones". Sin embargo, hizo estas juiciosas reflexiones: "No se me ocultan los males que semejantes representaciones suelen ocasionar; pero tampoco se me esconden los beneficios que producen. En todas las naciones y aun en todas las ciudades civilizadas, se permiten y fomentan. Ellas sirven de distracción de otras ocasiones mucho más nocivas y perjudiciales al común, a la sociedad y al Estado. El mal que se recela, es contingente, y según la intención de los que concurren, de que no están libres los lugares más sagrados ni los actos más serios de la religión. Los que evitan, son positivos, constantes por experiencia, si por precaver que las representaciones teatrales causen escándalos en la juventud incauta se dan hueco a ésta y otras más ocasionadas diversiones que solicita, y en que claramente peligra, no es conforme a las reglas de prudencia abrazarlas y dejar aquéllas. Distan mucho de las sanas intenciones del gobierno, aceptar males ciertos, posponiendo los dudosos. No hemos de persuadirnos a que todo el mundo esté poseído de errores, y sólo en Querétaro hay celo para el acierto. Todo lo contrario comprendo, con el coliseo tendrán los comerciantes, los entretenidos en la fábrica y todos los habitadores donde pasar el rato de la noche, no buscando casas particulares en donde la murmuración, la censura y las juntas sirvan de trastornar el buen orden. El que no quiera, se abstendrá de ir; pero los que no piensen con esta rigidez, y den a todas las cosas el valor que en sí merecen, apetecerán divertirse sin ofensa, y tener la representación, la música y los alicientes que franquean los teatros".

Muchos años antes los queretanos habían gozado de las representaciones religiosas en que intervenían personajes bíblicos o alegóricos, y existe el dato de que en Santiago de Querétaro se representaban los autos en las plazas, en el atrio de algún templo, para celebrar acontecimientos notables, como el que se efectuó al lado de las Casas Reales el 11 de mayo de 1680. En esa fecha se representó el auto La aparición de nuestra señora de Guadalupe. Este es el dato más remoto sobre representaciones en Querétaro.

Antes del coliseo propuesto por Ruiz Calado sería el que menciona Trueba Urbina en su libro, inaugurado con motivo de las fiestas que en agradecimiento de la conducción de agua hizo la ciudad en honor de su benefactor don Juan Antonio de Urrutia y Arana, caballero de la Orden de Alcántara y marqués de la Villa del Villar del Aguila. Dice Trueba Urbina que aquel era un "hermoso y capaz coliseo, con aquel esmero y primor que supo idear el arte y el buen gusto, para que los oyentes defendidos del aire y del sol, lograsen una divertida comodidad". Trueba Urbina halló este precioso dato en la "Relación Peregrina del Agua Corriente, que para beber y vivir goza la muy noble, leal y florida Ciudad de Santiago de Querétaro, compuesta por el muy R. padre Mro. Francisco Antonio Navarrete, profesor de la Sagrada Compañía de Jesús. Descríbense las plausibles fiestas, que dicha nobilísima ciudad, como agradecida hizo, al ver logrado tan peregrino y perenne beneficio". Este libro fue impreso en México, por Joseph Bernardo del Hogal, en 1739. Es decir, 57 años antes de que Ruiz Calado pidiera al virrey Branciforte el establecimiento de un coliseo en Santiago de Querétaro.