FICHA TÉCNICA



Título obra Los desarraigados

Autoría Jorge Humberto Robles Arenas

Dirección Xavier Rojas

Elenco Judy Ponte, César Castro, Dolores Tinoco (Lola), Antonio Corona, Maria Eugenia Ríos, Carlos Navarro

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Eventos Temporada de Oro de Teatro Mexicano del INBA

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 4 marzo 1962, pp. 2 y 3.




Título obra Un espíritu travieso

Autoría Noël Coward

Notas de autoría Rafael Gutiérrez / traducción

Dirección Rafael Llamas

Elenco Lorenzo de Rodas, Maria Idalia, Carmelita González, Andrea Palma, Marina Marín, Mario Delmar, Regino Cardo

Escenografía Julio Prieto

Notas de escenografía Alberto Gironella / pintura y escultura

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 4 marzo 1962, pp. 2 y 3.




Título obra Yo no engaño a mi marido

Autoría Georges Feydeau

Dirección Raúl Zenteno

Elenco Celia D’Alarcón, Francisco Muller, Trosky, Mario Herrera, Pomponio, Pistache, Mary Ellen, Gloria Santa Cruz

Espacios teatrales Teatro D’Alarcón

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 4 marzo 1962, pp. 2 y 3.




Notas Recomendaciones teatrales

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 4 marzo 1962, pp. 2 y 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Los desarraigados, Un espíritu travieso, Yo no engaño a mi marido]

Mara Reyes

Los desarraigados. Teatro Fábregas. Autor, Humberto Robles Arenas. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, David Antón. Reparto: Judy Ponte, César Castro, Lola Tinoco, Antonio Corona, Maria Eugenia Ríos y Carlos Navarro.

La segunda obra de la Temporada de Oro del Teatro Mexicano, ha sido <Los desarraigados, de Humberto Robles Arena, obra con la cual su autor se colocó hace seis años en la fila primera de los jóvenes dramaturgos. En ella trata Robles el problema de desarraigo de los mexicanos que viven en los Estados Unidos, especialmente de aquellos que huyeron cuando la Revolución Mexicana, para salvar su vida y la de sus hijos; pero se encuentran al cabo del tiempo con que sus hijos no sienten cariño para México, y tampoco lo sienten para el país que les dio albergue pues en él son vistos como extranjeros y hasta como inferiores. Al mismo tiempo que el autor nos muestra el desarraigo de esos jóvenes, hace una crítica a la discriminación racial que ahí se observa, a la falta de valores de una juventud que crece confundiendo la 1ibertad con el egoísmo; el amor con el dinero; la necesidad de prosperar, con la negación de todo principio de dignidad. También denuncia la injusticia para el que trabaja con esmero, la aparente comodidad de quienes viven empeñados siempre con los “abonos” que se pagan de por vida por la compra de un coche o de una televisión, o de una casa que cuando ya se acabó de pagar hay que hipotecarla. Denuncia igualmente la inutilidad de dar la vida en la guerra y las lacras que deja ésta en aquellos que salvaron el cuerpo, pero cuyo espíritu no se restablece fácilmente.

La dirección de Xavier Rojas, menos brillante que la del estreno de la obra en 1956 –es el teatro circular la forma de expresión más lograda por este director y su estreno se verificó en el teatro circular El Granero– plasmó no obstante el conflicto con realismo dentro del marco bien ambientado que le proporcionó la escenografía de David Antón.

Judy Ponte y Lola Tinoco vuelven a lograr en sus respectivos papeles –los mismos que interpretaron en su estreno–, un excelente trabajo. Carlos Navarro supera en forma increíble su personificación de Augusto Soberón en Los signos del zodiaco, hay naturalidad en su actuación y verdad escénica. María Eugenia Ríos: bien; su papel, el más ingrato de la obra lo sobrelleva con limpieza dramática. César Castro, a pesar de su buen trabajo en Los signos…, aquí resultó artificioso, recargado; cayó en lo estereotipado.

Actividades teatrales

Teatro Xola: Juego de reinas. Teatro serio que debe verse.

Teatro de la UNAM: El periquillo sarniento. Magnífica adaptación de la clásica novela de Fernández de Lizardi, realizada con imaginación. Véala.

Teatro Arcos Caracol: Señoritas a disgusto. Farsa mexicana que le divertirá.

Teatro Ofelia: Muchacha de campo. Una buena comedia.

Teatro Insurgentes: <Irma la dulce. Una comedia musical acorrientada.

Teatro Milán: Sí, tío. Cómica.

Teatro Sullivan: El año del bachillerato. Pero… mejor no decimos nada. (En boca cerrada no entran moscas).

Un espíritu travieso. Sala Chopin. Autor, Noël Coward. Traducción, Rafael Gutiérrez. Dirección, Rafael Llamas. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Lorenzo de Rodas, María Idalia, [p. 3] Carmelita González, Andrea Palma, Marina Marín, MarioDelmar y Regino Cardo.

A Nöel Coward se le ha llegado a calificar como el Sacha Guitry inglés por el espíritu humorístico de sus comedias propias para teatro de boulevard, aun cuando entre su producción pueden encontrarse obras serias como Easy virtue (La fácil virtud) o The rat trap (La ratonera), pero predomina en ella la comedia de tono frívolo, de diálogo ingenioso en la que procura describir la sociedad acomodada de este siglo en Inglaterra.

Sobre Un espíritu travieso, comedia no de las más típicas de este autor, aparece en el programa de la Sala Chopin una cita –aunque no entrecomillada–, del prólogo escrito por Charles David Ley a esta obra, en el que afirma que en ella entran “dos elementos que no están en las otras comedias de Coward. El primero es lo fantástico –visto desde un ángulo humorístico–, que hace que el protagonista encuentre a su lado a su primera esposa muerta, pero vuelta temporalmente del otro mundo. El segundo elemento es una figura de farsa, una absurda espiritista que va en bicicleta a todos lados y habla como una institutriz deportista. Es posible también que, bajo la farsa aparente de las situaciones de esta obra, haya una idea oculta la muerte como continuación”.

Aun cuando desde la fecha en que esta obra se estrenó en Inglaterra –16 de junio de 1941 en el Opera House de Manchester–, en México ha sido vista tanto en teatro como en su versión cinematográfica, la comedia es susceptible de atraer público.

Desgraciadamente la puesta en escena no es ni ágil, ni cuidadosa. Los diálogos “de tres” con el fantasma están totalmente desaprovechados.

Las situaciones equívocas –que abundan en la comedia–, debido a la poca imaginación para resolverlas, acaban por cansar. Tal parece que al buen actor Rafael Llamas, no lo llama el teatro por el camino de la dirección.

Si la actuación de María Idalia y la de Carmelita González acaban por resultar monótonas, esto se debe sobre todo a la falta de recursos del director, quien además de los propiamente artísticos, necesitaba haber puesto en juego recursos de tipo técnico menos burdos, para la sesión espírita [sic] y para las salidas y entradas de los fantasmas.

Lorenzo de Rodas sale adelante en su interpretación, lo mismo que Mario Delmar y Regina Cardo. Marina Marín saca partido a sus breves intervenciones. Y Andrea Palma... todos sabemos que después de unos cuantos días de pasado el estreno estará estupenda; el papel le vendrá como guante al dedo, habrá en ella esa simpatía tan propia de Andrea... todo esto cuando se aprenda su papel, pues el día del estreno fue la mejor colaboradora que tuvo la comedia en su lentitud. Andrea hizo lagunas, equivocó los parlamentos, provocó el que el apuntador se escuchara hasta la última fila de butacas, además del nerviosismo de sus compañeros y en fin... que Andrea Palma debiera, por profesionalismo, estudiar sus papeles antes de presentarse al público.

De la escenografía de Julio Prieto, lo mejor fueron las pinturas y la escultura de Gironella que ornamentaban la estancia, porque el ambiente inglés apenas y estaba esbozado.

El vestuario de las mujeres –salvo el de Andrea Palma que es bastante bueno–, resultó pobre y de mal gusto.

A pesar de los errores, esta comedia tiene más aciertos que la anterior producción de esta compañía: Una mujer cualquiera. Ojalá que la próxima supere a ambas.

Yo no engaño a mi marido. Teatro [D’] Alarcón. Autor, George Feydeau. Dirección, Raúl Zenteno. Reparto: Celia D'Alarcón, Francisco Muller, Trosky, Mario Herrera, “Pomponio”, "Pistache", Mary Ellen, G. Santa Cruz.

En uno de los intermedios de la representación de Yo no engaño a mi marido, escuché este diálogo:

Señora X. ¡Es una vergüenza! A “esto” deberían quitarle el nombre de “teatro” y ponerle “carpa”.

Señor X. ¡De ninguna manera! También las carpas protestarían.

De lo que se deduce que es, pues, un problema de bautizo. Pero, ¿puede escribirse en una columna que se dedica a la crítica de TEATRO un comentario sobre un espectáculo que se propone desprestigiar al teatro? Mi conciencia me dicta que no se debe.