FICHA TÉCNICA



Título obra Vuelve, Lucerito

Notas de Título Come back, little Sheba (título en el idioma original)

Autoría William Inge

Notas de autoría Eleazar Canale / traducción

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Emperatriz Carvajal, Francisco Muller, Rebeca Iturbe

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro El Caracol

Productores Teatro Universitario

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno en México de Come back, little Sheba, con el título de Vuelve, Lucerito, en el Caracol”, en Novedades, 23 diciembre 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en México de Come back, little Sheba, con el título de Vuelve, Lucerito, en el Caracol

Armando de Maria y Campos

Es ya del dominio público –en nuetro mundillo teatral de bolsillo– que Emperatriz Carvajal, actriz de origen chileno, que vive y trabaja entre nosotros hace cerca de tres lustros, pidió a su actual director, José de J. Aceves, le diera oportunidad de interpretar la pieza dramática Come back, little Sheba de William Inge, para demostrar que ella –que vino a México como vedette– es esencialmente una actriz dramática, y una vez demostrado, alcanzar el premio simbólico que desde hace algunos años viene otorgando la a estas fechas casi disuelta Agrupación de Críticos de Teatro de México a "la mejor actriz del año". La interesante pieza de Inge ha sido puesta en El Caracol, con Emperatriz Carvajal y Francisco Müller en los papeles centrales, y ni Emperatriz ni Aceves han desmentido la versión a que aludo, lo que da por cierto su origen.

Come back, little Sheba tiene una historia interesante, y parece que da buena suerte a quienes la interpretan. Se estrenó, como saben los enterados, en Nueva York, en el Theatre Booth, el 15 de febrero de 1950, con Shirley Booth en el papel central, bajo la dirección de Daniel Mann, con éxito arrollador. Se revelaron una gran actriz y un notable director. Duró dos años representándose consecutivamente, y aunque luego se ha seguido representando, el éxito inicial de permanecer en cartel dos temporadas seguidas, fue lo que llevó a los productores de Hollywood a llevarla a la pantalla, con la misma protagonista y el propio director. El triunfo que en el ecrán alcanzó la obra y consecuentemente la protagonista, fue también excepcional. Se consagró a la película con dos Oscares, que correspondieron, claro, a la actriz protagonista y al director, con la circunstancia de que Mann dirigía en el cine por primera vez. En México se exhibió esta película con el título de Sin sombra del pasado, y gusto mucho, porque en verdad es excelente. Posteriormente William Inge estrenó otra obra: Pic-Nic –que interpretó Ralph Meker– y fue doblemente galardonada con el premio de la crítica teatral de Nueva York y con el famoso Pulitzer. Shirley Booth ha continuado cosechando triunfos, pero ninguno ha superado al que logró, en el teatro y en el cine, con la protagonista de Come back, little Sheba, que con el título de Vuelve, Lucerito, y según limpia y correcta traducción de Eleazar M. Canale, se representa en el teatro El Caracol.

Vuelve Lucerito es un melodrama norteamericano clásico, casi un melodramón, y así se explica que fuera llevado a la pantalla. Como película no fue "oscareado" por su argumento, lo que equivale a asegurar que el autor pasó inadvertido. Se premió a la gran actriz que interpretó la figura femenina central, y al director. Se pudo premiar, también, al actor de la película –Burt Lancaster–, pero con ser buena su interpretación no estuvo a la altura de la de la Booth. Vuelve Lucerito se ha venido a representar en México gracias al triunfo que Shirley Booth alcanzó con ella en la pantalla. Muchos de los lectores espectadores la recordarán en edad y tipo y temperamento norteamericano, porque Come back, little Sheba es una pieza típicamente norteamericana, y lo que en ella pasa sólo puede ocurrir en una familia característica de la clase media estadunidense; es amarga, deprimente, no sólo en el conflicto central del dipsómano y su mujer, entre más ajamonada más hueca; también en los amoríos de la joven huésped, que se besuquea con todos los galanes que la pasean de noche y la visitan durante el día, típica también de una generación frívola, superficial y amoral.

La técnica teatral de William Inge no va más allá de lo común y de lo corriente en Norteamérica; bien construida conforme a las recetas que se enseñan en el país del norte para hacer teatro, el autor no olvida personaje episódico recomendado para ligar escenas o darle nuevos matices a los protagonistas.

Triste destino el de nuestro teatro, siempre víctima del coloniaje. Se ha reprochado por los nuevos cronistas el largo coloniaje español, invadiendo nuestros escenarios con los "últimos éxitos de Madrid". Pero, ¿qué decir de éste que ahora sufrimos con los "últimos éxitos de Broadway"? Por lo menos las comedias españolas, aun las malas, nos decían algo nuestro o muy cercano a nosotros en costumbres, conflictos, personajes y, claro, el idioma era el vínculo más justificado.

Para interpretar Come back, little Sheba –o Vuelve Lucerito– no hacen falta actores trágicos, ni siquiera dramáticos. Un buen actor con oficio y, naturalmente, una buena actriz en iguales condiciones, pueden representar dignamente esta pieza. Y esto es lo que ocurre con Emperatriz Carvajal, que lleva muchos años de profesión y que ahora vive una espléndida madurez de actriz experimentada. No alcanza cimas trágicas, pero sí le imprime dramaticidad a muchas escenas, y como estudió con cariño y responsabilidad el personaje, lo matiza con seguridad y variedad de recursos, privilegio de quien posee oficio y, además, lo domina. Bella experiencia la suya: después de interpretar con agilidad y simpatía personajes frívolos, atreverse, y salir airosa, con uno antípoda. Para lograr mejor el tipo, se ajamonó artificialmente, rellenándose con postizos busto y caderas y prescindió del maquillaje, epatando con esto un poco al cronista joven, porque no siempre se ha de tratar de epatar al burgués...

Francisco Müller, con mucho menos oficio que la Carvajal, pero ya con su poquito de colmillo como actor que lleva cinco años de trabajar sin reposo, muy estudioso además, no se anda por las ramas, y con poco estirarse ha alcanzado el fruto de una buena interpretación melodramática, demostrando que ya está maduro para formarse un repertorio de amplia dimensión, no limitado, como antes, a los tipos cómicos o caricaturescos. Así es como se hace un buen actor: primero aprendiendo el oficio, luego usando de él con seguridad y discreción.

Fuera de la interpretación seria y responsable de Emperatriz y de Müller, lo demás es todavía aficionalidad, proceso natural para profesionalizarse. La señora Rebeca Iturbide luce joven y guapa, porque lo es sin disputa, pero le estorban muchos resabios del cine y una tendencia al besuqueo de peliculismo barato, no importa que la gran culpa pueda atribuirse al director. El resto del reparto cumple decorosamente.

La dirección de Aceves, director también con mucho oficio y afilado colmillo, excelente, cuidando del matiz en el detalle, que tanto sorprende a un sector del público y de la crónica entusiasta. Singular habilidad precisa para mover los personajes con soltura en tan breve escenario, convertido por necesidad de la acción en doble, casi triple. La escenografía de Prieto digna de él, gran maestro en el oficio escenográfico.