FICHA TÉCNICA



Título obra Señoritas garantizadas

Autoría Mario Améndola

Notas de autoría Rodolfo Sandoval / traducción

Dirección André Moreau

Elenco Alberto Sorrentino, Marcela Daviland, Jaime Fernández, Consuelo Monteagudo, Óscar Ortiz de Pinedo, Gloria Aguiar, Adelina Ramallo, Rosa María Montez, Carol Vernay, Armida Herrera, Felipe Segura

Coreografía Elza Ghezz

Música Vito Castorina y Ferrucio Martinelli

Espacios teatrales Nuevo Teatro Virginia Fábregas

Notas de espacios teatrales Ricardo Toledo / propietario

Eventos Inauguración de temporada de comedias musicales y revistas italianas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración de una temporada de comedias musicales y revistas italianas en el nuevo Fábregas”, en Novedades, 9 diciembre 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Inauguración de una temporada de comedias musicales y revistas italianas en el nuevo Fábregas

Armando de Maria y Campos

Accidentalmente pospuesta la inauguración de la temporada de comedias musicales y revistas italianas en el nuevo teatro Fábregas, al fin pudo realizarse la noche del miércoles 8, con el estreno de la comedia musical arrevistada que se asegura fue y aún es de éxito en Roma: Señoritas garantizadas, libreto de Mario Améndola, música de Vito Castorina y Ferruccio Martinelli, y con artistas dos de origen italiano, Alberto Sorrentino y Marcela Daviland, además de una coreógrafa que no da la cara, Elza Ghezzi, igual que los cinco nombrados contratada en Italia, como base, los seis, del conjunto formado aquí para desarrollar el segundo gran espectáculo lírico y frívolo que presenta en el teatro de su propiedad el señor Ricardo Toledo.

Parece que alguien, creo que el propio Toledo, vio este espectáculo en Italia, y tanto le entusiasmó, que lo contrató para México, importando también a los autores, a dos de los protagonistas y a una coreógrafa. Aquí fue traducido el libreto literalmente y entregado para su "adaptación" y reconstrucción de cantables, al autor mexicano de revistas Rodolfo Sandoval –de quien la voz de la calle asegura que le hace las "letras" para sus canciones a Agustín Lara–, veterano en fraguar "libretos" para el Lírico. Las peripecias a que obliga el libreto de Señoritas garantizadas exige un largo reparto, pero todos los elementos fueron hallados aquí, pepenándolos de donde se pudo. La coreógrafa ensayó largos meses con el magnífico material humano que para estos casos siempre hay en México, y para ambientar el espectáculo se recurrió al socorrido recurso de reclutar "modelos", nuevo e indispensable elemento para esta clase de representaciones, muy abundante por cierto porque para ser "modelo" teatral no hace falta hablar, ni bailar, ni cantar; basta con tener juventud y belleza, y ambas lucirlas sin melindres. La "modelo" es la "corista" de ahora, o, mejor dicho, para ser "modelo" no hace falta siquiera ser corista.

La comedia musical arrevistada Señoritas garantizadas tiene todo lo que es indispensable para ser una buena comedia musical o una excelente revista: mujeres jóvenes y bellas, actores experimentados, escenografía, luces, música frívola, un magnífico cuerpo de baile, un caricato, vestuario de fantasía muy colorido y original, y, sin embargo, no puede asegurarse que sea un gran espectáculo frívolo, lírico y bailable, como tantos que hemos visto en México, originados aquí o llegados de fuera (El país de las hadas o El carro del sol, de las hermanas Moriones; Música, luz y alegría o España de pandereta; La reina del carnaval, de Maurente; Las diosas modernas, de María Conesa; las revistas de Eugenio Velasco, Julián Santacruz y Manuel Sugrañes; tantas de Tirso Sáenz, Pepe Elizondo, Pablo Prida, Carlos Ortega y Manuel Castro Padilla; tantas de Roberto Soto; cualquiera de las de Manuel Penella con Blanquita Pozas, y ¿para qué seguir con evocaciones, si vendríamos a concluir con que fueron mejores que ésta, "estreno de moda en Roma", las que casi acabamos de verle a la compañía española de Muñoz Román?). Diremos brevemente por qué afirmamos que Señoritas garantizadas es un espectáculo frívolo que no entusiasma.

El libreto original, por lo que se adivina en la adaptación, carece de interés. Ese tema del "internado de señoritas" ya era viejo en el teatro español cuando el estreno de Enseñanza libre, a principios de siglo. El autor mexicano Sandoval lo rebajó con chistes vulgares y de mal gusto, incrustados en un diálogo sin ingenio.

La partitura carece de auténtica inspiración; los mejores números son aquéllos inspirados en aires vernáculos italianos. Falta el número que "se pega", melódico y popular.

Alberto Sorrentino es un magnífico exéntrico, caricato, de expresiva gesticulación y gráfico ademán. Canta poco, y como ignora el español y dijo sus partes "de memoria", todo lo mucho bueno que se puede decir de él como actor, resulta prematuro, como no sea que es un excelente cómico donde quiera que actúe.

La "vedette" Marcela Daviland, muy joven, es muy bella, y su fina silueta luce más cuando usa menos atavíos. Me recuerda un verso de Rubén: de desnuda que está, brilla la estrella...

Nadie se atreverá a negar que la coreógrafa que se trajo de Italia, Elsa Ghezzi, carece de fantasía, pero, ¿quién se atreve a dudar que México produce constantes camadas de excelentes bailarines? –Armida Herrera, Felipe Segura, encabezan ahora el magnífico conjunto–...

Para desarrollar la débil trama del libreto se hace necesaria la intervención de varios actores, y en esto sí que no hay reparo que poner –salvo uno, el galán Jaime Fernández, que, azorado, está perdido como actor–, y si elogiar merecidamente a los característicos Consuelo Monteagudo y Ortiz de Pinedo, muy sobrios en su contenida comicidad, auténticos triunfadores, con Sorrentino, de este espectáculo al que le dan categoría musical las tiples Gloria Aguiar, Adelina Ramallo y Rosa María Montes, y, en algún matiz frívolo, Carol Vernay.

El decorado –tal vez inspirado en el original italiano– no se pierde de vista, y el vestuario, varipinto, luce más porque todo es nuevo. La dirección escénica de André Moreau, ponderada, discreta.

Como priva cierta desorientación en materia de conceptos y definiciones teatrales, es ahora oportuno decir algo sobre lo que es o debe ser la revista teatral, género de los más modernos, emparentado, como descendiente, con la opereta, aunque a decir verdad cada país entiende la revista a su manera, pero todos coinciden en que, en ella, la sustancia está en la visualidad y en la musicalidad, y que es una pieza "de circunstancias", de carácter generalmente frívolo y humorístico, en el que alude –para el comentario burlesco o la sátira– acontecimientos, modas o modos del momento. Suele carecer de verdadero argumento. El hilo finísimo de un chascarrillo enhebra los distintos cuadros de que la revista se compone, mezclando los diálogos con los cantables, pero tiene en ella la música la parte más importante, pretexto siempre para bailables y couplés unipersonales, en duetos o coreados. De la música, más que del pretexto argumental, depende, en la mayoría de los casos, el éxito o el fracaso de la pieza. Es como una "donna" (o un buñuelo español) de pan comer, muy vacía por dentro, sin nada, como quien dice, pero muy bien recubierta con decorados, vestuario, juegos de luces, mujeres, y actores graciosos, graciosos...