FICHA TÉCNICA



Título obra La hidalga del valle

Autoría Pedro Calderón de la Barca

Notas Comentarios sobre las publicaciones y estudios de la obra La hidalga del valle

Referencia Armando de Maria y Campos, “Pasado y realidad del auto sacramental La hidalga del valle, próximo a representarse”, en Novedades, 14 octubre 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Pasado y realidad del auto sacramental La hidalga del valle, próximo a representarse

Armando de Maria y Campos

La hidalga del valle, único auto exclusivamente mariano de Calderón de la Barca, parece que fue escrito en 1634. Se ha comprobado que no se representó para las fiestas del Corpus, sino en un acto de desagravio a la Virgen de la ciudad de Granada, aunque estaba escrito antes. Había ocurrido, según relatan los historiadores que han rastreado la creación de don Pedro, que el jueves santo de 1640 en la ciudad citada apareció un libelo, en la puerta de la catedral, ofensivo para la pureza original de María, misterio que aunque entonces no estaba declarado como dogma de fe, era defendido con gran entusiasmo por la mayoría de los teólogos, especialmente en España, donde era sentido por todo el pueblo.

El padre Paracuellos, en sus Triunfales celebraciones –Granada, 1640–, dice que entre los actos de honor de la Inmaculada Concepción, se representó esta obra de Pedro Calderón de la Barca. La rica referencia se halla establecida de esta forma: "Hablen los teatros de España, testificando sus escritos y acredite esta verdad don Pedro Calderón en su auto La hidalga, hecho en diferente ocasión a la Concepción de Nuestra Señora, que por venir tan a propósito se representó, excudándose del embarazo de escribir otro nuevo. Más claro, ni la misma pureza de la Virgen. Por tanto, estaba escrito antes de 1640 y, según este testimonio, era un "auto de Nuestra Señora", que probablemente sería escrito para ser representado en algunas fiestas escolares para el día de la Purísima, el 8 de diciembre.

Se le considera uno de los más antiguos por la frescura de inspiración, ausencia de trama y predominio del aliento lírico. Sin embargo, nadie se atreve aún a precisar la fecha, y no hemos de caer nosotros, líbrenos Dios, en la tentación de aventurar hipótesis en asunto tan lejano, y tan eruditamente estudiado. Durante la celebración en España del segundo centenario de su muerte –1881–, se reavivó la vida y la obra de don Pedro, y no se logró aportar dato nuevo respecto a la fecha exacta en la que fuera representado el auto La hidalga del valle. Don Pedro Alcántara García publicó un breve y muy enjundioso tomo: Calderón de la Barca. Su vida y su teatro (Madrid, Gras y Compañía Editores. Hortaleza 85, bajo. 1881) –que es rarísimo en España y más aún en América; yo poseo uno de estos raros ejemplares– ¡y no lo menciona! Y apenas si lo cita don Francisco de Paulas Canalejas en su discurso sobre "Los autos sacramentales de D. Pedro Calderón de la Barca", leído en la Academia Española, en la sesión inaugural de 1871. Poco se ha avanzado desde entonces, y aún no se sabe que sea del mismo Calderón la loa de que se habla en el libelo infamatorio de Granada, y en que brevemente dialogan Furor, Alegría y Contento, con acompañamientos de músicos. Por lo que de la loa se saca en limpio, debió el libelo no sólo atacar la Concepción Inmaculada de María, sino a la misma virginidad en el misterio de la encarnación. Esta loa figura al frente del auto La hidalga del valle, en la edición completa hecha por Aguilar, dándose por hecho que es de Calderón. Merece ser de él, y no vamos a ser nosotros los que ahora lo discutamos. ¿No le parece, lector?

Si resulta exacto el dato de Ernesto Merimée, en su Spectácles et comédiens à Valencia –Tolous, 1913–, La hidalga del valle se había representado en Valencia en 1634. Por su parte Cotarelo, en su riquísimo Ensayo sobre la vida y obras de don Pedro Calderón de la Barca –Madrid, 1924–, dice que "los dos autos (La hidalga y El veneno y la triarca) pueden ser anteriores. Valbuena Prat, en el prólogo al tomo de los Autos, publicado por Aguilar, piensa que tal vez –fue escrito– para el Colegio Imperial de la Compañía, en donde de joven había estudiado nuestro poeta".

¿Deben representarse los autos únicamente en las plazas, en sitios abiertos, como antes, o está bien que lo sea en locales cerrados, en teatros, y aun en locales con aparencia de teatros, como el de Seguro Social, pongamos por ejemplo más reciente? ¡Claro que sí! ¡Peor es nada...!

No se opinaba así antes, y por eso se habrán perdido de excelentes versiones teatrales. Paula y Canalejas decía, en 1871: "El drama católico no podía tener más vida que la que le prestaron el ingenio de Calderón y el vasto escenario de la plaza pública; porque el vínculo entre el poeta, el asunto y el pueblo era tan estrecho e íntimo, que el asunto se representaba a la vez en la plaza y en el espíritu. El alma lo veía, como lo veían los ojos. Falto de este escenario, que era la fe universal del pueblo, el drama no podía vivir... No se concilian estos dos conceptos: drama teológico y fábrica teatral. Un auto sacramental entre bastidores y bambalinas sería un anacronismo, como si calzaran coturno y ajustaran máscara a su rostro los actores que representaran La bolsa, La dama de las camelias y El amor y el dinero. Esquilo y Calderón necesitan el vasto escenario griego, o la amplitud de la plaza pública, para que las pasiones y creencias de la muchedumbre formaran el grandioso coro que completa sus creaciones. Hoy... faltarían espectadores, porque faltan creyentes. Los pueblos y las edades sin fe no pueden pedir creaciones a la fe, que es llama y luz y vida y deben contentarse con las lívidas y enlutadas que atraviesan las sombras y penumbras de su espíritu de un modo informe."