FICHA TÉCNICA



Título obra Susana y los jóvenes

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Pedro Oliver, Tara Parra, María Teresa Rivas, Jorge Landeta, Héctor Gómez, Luis Ballardo

Notas Obra finalista de la Cuarta Temporada de la Unión Nacional de Autores

Referencia Armando de Maria y Campos, “Termina la cuarta temporada de la Unión Nacional de Autores, con una pieza de autor novel”, en Novedades, 29 septiembre 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Termina la cuarta temporada de la Unión Nacional de Autores, con una pieza de autor novel

Armando de Maria y Campos

Con el estreno de una pieza de autor novel, recomendada por los jurados de un concurso de obras teatrales, termina la cuarta temporada de teatro mexicano, que organiza la Unión Nacional de Autores. Esta y las anteriores han sido organizadas contando con el patrocinio de altas dependencias del Ejecutivo de la república, de instituciones bancarias, de empresas industriales privadas o con conexiones estatales, de generosos mecenas, etc., en previsión de que el público no respondiera para financiar su sostenimiento, o a que su respuesta no fuera demasiado elocuente. La persistencia en mencionar al Patronato de estas temporadas, hace suponer que la colaboración ha sido efectiva, y que de este modo, además que de hacerse pública para que en justicia no se ignore, se agradece.

El público lector no debe ignorar que tres secretarías de Estado –Educación Pública, Hacienda y Crédito Público y Economía Nacional–; el Instituto Nacional de Bellas Artes; ocho instituciones bancarias –Banco de México, Banco Nacional de Crédito Ejidal, Banco Nacional de Fomento Cooperativo, Banco Nacional de Crédito Agrícola, Nacional Financiera, Financiera Industrial Azucarera–; Petróleos Mexicanos; CEIMSA; Bonos del Ahorro Nacional; Comisión Federal de Electricidad; Asociación Nacional de Fabricantes de Cerveza; Cía. Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey; D.M. Nacional; El Palacio de Hierro; El Instituto Mexicano del Seguro Social; el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana; el Comité Nacional del STIC y varios caballeros notoriamente ricos, patrocinan, es decir, subvencionan, estas temporadas, particularmente la cuarta, organizada, como las anteriores, para estrenar obras de nuevos autores del país. ¿Supone esta ayuda que la "papeleta" está cubierta –o ha cubierto–, despierten o no interés las temporadas teatrales a base de obras de autores mexicanos? Debe entenderse así, y que sea por muchos años, en beneficio de autores que ven representar sus obras y de actores que tienen la nómina asegurada. La participación en el Patronato de la Federación Teatral, robustece el clima de tranquilidad económica que debe respirarse en las temporadas de la Unión Nacional de Autores.

Sin embargo, creo que a mayor ayuda –o subvención, o patrocinio–, menor rendimiento efectivo como espectáculo de divulgación, de oferta y demanda, de público numeroso y espontáneo, en fin. Creo que una empresa teatral es –fundamentalmente– una industria. Y creo que el método de las subvenciones no puede asegurar la prosperidad de una profesión, porque sólo hay verdadera profesión, si puede vivir por sí misma. Si una temporada teatral no puede sostenerse, vivir, absolutamente sin "subvenciones", sin patronatos, es que no cuenta con el favor del público. Y el teatro, amigos míos, sin público, carece de sentido... ¡Que no se hable en serio de un auge teatral, si una modesta temporada teatral, a base de obras de autores mexicanos, no puede sostenerse sin la ayuda de siete bancos, tres secretarías de Estado, etcétera, etcétera Habrá que ajustarse a la realidad o volver a empezar!...

Un excepcional hombre de teatro, Jean-Louis Barrault, actor, empresario, autor también, es de la misma opinión, y cree que entre más sean las entradas que no provengan del público, más se descuida el delicado y apasionante suceso del escenario. "Sé que en ciertos teatros –dice en Reflexiones sur le theatre–, el único rendimiento de las concesiones (telón de avisos, vitrinas, limonadas, programas, guardarropas, y otras pequeñas actividades más o menos privadas), hace vivir al director y ese director acaba por interesarse sólo en la explotación de esas concesiones y deja de interesarse de una manera alarmante en lo que se relaciona con el escenario". Esto no lo recuerdo a propósito de las temporadas de la UNA, pero, acaso la seguridad de contar con un patronato redentor, lleve a olvidar un poco lo que se debe dar al público. En verdad que la elección de piezas de autores nuestros, estas últimas temporadas, no ha sido afortunada que digamos –recuérdese Sinfonía doméstica y ahora Susana y los jóvenes.

¿Hasta qué punto es aceptable presentar como concertista a quien anda en las primeras lecciones de solfeo? Este es el caso del joven estudiante de Filosofía y Letras Jorge Ibargüengoitia, que se encuentra en el ABC de la difícil carrera autoral, cuya balbuceante comedia Susana y los jóvenes, ha sido presentada como remate de una temporada de autores nacionales, inmediatamente después de una reposición de Xavier Villaurrutia y de un estreno de Luis G. Basurto. La piecesilla del joven alumno de la clase de composición dramática de la Facultad de Filosofía y Letras, además de ser un simpático ensayo de estudiante aprovechado, es totalmente intrascendente, pueril, escolar, en una palabra, no importa que haya merecido una recomendación en reciente concurso. Reescrita tres o cuatro veces, puesta a madurar con el tiempo, tal vez fuera digna de considerarse propia para alternar mano a mano en temporadas en que han subido piezas de Usigli, Lazo, Villaurrutia, Basurto, Solana. Por ahora es un producto crudo, ajeno a todo análisis responsable, porque fue presentado fuera de su ambiente, que podría ser el de una representación escolar.

La obrita del joven Ibargüengoitia no tiene argumento, no tiene personajes, está escrito en un estilo tan llano y pueril, sin chispazos de ingenio, y en general, es tan poca y bien intencionada cosa, que con ella no se podría lograr una interpretación que la salvara. Y nada la salva. Sus intérpretes, todos jóvenes e incipientes actores, no tienen nada que hacer. Bla, bla, bla y nada de nada. Los personajes mayores –el padre, la madre– tampoco tienen nada que decir, y si tuvieran que hacerlo, los encargados de ello no podrían decirlo tampoco, porque son modestos, decorosamente modestos. Don Pedro Oliver, como primer actor genérico, no ha podido llegar a más, ni la UNA a... bueno, esperemos la quinta temporada de la Unión de Autores, con menos patronato, en beneficio de la iniciativa personal, más público y más suerte para autores e intérpretes.

La noche del estreno de Susana y los jóvenes hubo aplausos para todos, Jorge Ibargüengoitia, el autor, salió a saludar y también los principales intérpretes: Tara Parra (Mac Nair), la madre María Teresa Rivas, Jorge Landeta, Héctor Gómez y Luis Bayardo. También salió a agradecer tibios aplausos el director Luis G. Basurto.