FICHA TÉCNICA



Título obra El corazón arrebatado

Notas de Título The hasty heart Título en el idioma original

Autoría John Patrick

Dirección Xavier Rojas

Elenco Xavier Loya, Bruno Márquez, Gerardo de Alba, Jorge Maunier, Julio Alemán, Carlos Freymann, Federico Cárdenas, Alejandro Guerrero, Gloria García, Francisco Paz Parrodi

Espacios teatrales Salón de la Sociedad de Arquitectos de México, No. 24 Avenida Veracruz

Notas Comentarios del autor sobre el teatro en círculo

Referencia Armando de Maria y Campos, “El corazón arrebatado, de John Patrick, en la escena circular de la Sociedad de Arquitectos de México”, en Novedades, 26 septiembre 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El corazón arrebatado, de John Patrick, en la escena circular de la Sociedad de Arquitectos de México

Armando de Maria y Campos

Un personaje de la novela Main Street o Calle Mayor, de Sinclair Lewis, dice a propósito del teatro en Norteamérica: Lo que queremos en una comedia es humorismo y sal. En eso es en lo que los comediógrafos americanos superan a todos esos viejos melancólicos europeos. Confieso que no he dado con otra definición del teatro del país del norte, más simple, sencilla, sincera y legítima. Humorismo y sal. Magnífica fórmula para hacer teatro fácil, divertido y que hasta dé un poco en qué pensar.

Humorismo y sal caracterizan la primera obra de John Patrick que es presentada en México: The hasty heart (El corazón arrebatado), que desde hace dos semanas se ofrece a la curiosidad ingenua de nuestro público en un salón de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos (y bajo los auspicios del Colegio Nacional de Arquitectos), en el número 24 de la Avenida Veracruz, convertido en novísimo escenario de forma ovoidal –y no en círculo, como se anuncia–, por el cómodo sistema de colocar sillas alrededor de improvisada escena, que queda a la misma altura que los espectadores, cercada por una cerca –y no es redundancia–, porque esta fórmula de representar que tiene por fondo de las cuatro paredes grupos de espectadores, obliga a "decorados" o escenografía en general transparentes o que permitan ver a través de ellos. Los espectadores están tan cerca de la escena, que si alguien cruza la pierna, la punta del calzado ya está dentro del escenario, y basta con extender la mano para tocar cualquiera de los trastos que forman la utilería de la escena. En realidad, esta forma de interpretar el "teatro círculo" o "teatro en círculo", tiene mucho de humorismo y de sal...

Los norteamericanos, que como los rusos en otro sentido, son pueblo joven y descubren el Mediterráneo cada cuarto de hora, turistas impenitentes en todas las manifestaciones de la sorpresa, se alborozan como niños con juguete flamante, con el teatro en círculo. La verdad es que esta forma de representar, instalando el escenario como isla rodeada de espectadores, es tan vieja como el propio teatro –y en México ya lo habíamos experimentado, hace unos seis o siete años, en representaciones ofrecidas en inglés por un grupo de aficionados de la colonia norteamericana–. Tengo a la vista un periódico italiano de hace un par de meses, que habla del teatro arena o circular. Se refiere al de San Erasmo, de Milán. "A propósito de este nuevo tipo de teatro, nuevo y antiguo al mismo tiempo, ya que la gradería en anfiteatro existió en la época de los griegos, y más cerca de nosotros en el año 1600. Se declara que debía existir un teatro circular en cada ciudad italiana, a fin de que no sólo los milaneses puedan disfrutar de un espectáculo en una pista o arena, en el cual los autores se presentan en toda su integridad física al juicio completo del espectador". En la misma información, se dice finalmente: "Deseamos que la iniciativa tomada por los milaneses encuentre imitadores no sólo en Italia, sino también fuera de Italia, sobre todo cuando existen teatros ya de ese tipo en Francia y en algunas otras naciones europeas". Y en la Casa del Arquitecto, de México, digo yo, para cerrar el comentario. ¿Recuerda algún lector los recitales de Berta Singerman, en 1920, en el patio central de la Secretaría de Educación, sobre un tabladillo o isleta de madera, rodeado de público por todas partes, incluyendo los cuatro corredores?

The hasty heart tuvo éxito resonante en Nueva York, porque fue estrenada a poco de haber concluido oficialmente la guerra, el 3 de enero de 1945, en el Hudson Theatre, de la ciudad de hierro. Su autor –John Patrick– regresaba a la vida ciudadana después de haber servido a su patria en el Octavo Ejército, a las órdenes del general Montgomery. La acción ocurre en el pabellón de emergencia del ejército de las Naciones Unidas en algún lugar del sudoeste de Asia, y desarrolla una anécdota seguramente de aquella vida real, o muerte atormentada, entre soldados de diversas naciones que hablan inglés –el yanqui es el bueno de la comedia–, menos uno. Un soldado escocés, gran tipo si lo hay en cualquier pueblo, sufre un mal que lo llevará a la muerte sin que él lo sepa, y sus compañeros de reclusión le quieren hacer dulces y alegres sus últimos días, y no falta enfermera –hada buena en la guerra y en la comedia– que alienta el flirt de quien ya no podrá tener hogar, esposa e hijos. Eso es todo, en tres actos, cinco "cuadros" en total, bien expuestos e hilvanados, con su suspense melancólico y su final excepcionalmente no feliz. Humorismo y sal, en suma. John Patrick es relativamente joven; nació en Carmel, California, en 1907, y está preparado intelectualmente, porque estudió en varias universidades. Entró a la vida del escritor como confeccionador de scripts para radio, y cuando sintió que dominaba el diálogo y la construcción teatral, escribió comedias: Hell freezes over (1935), The willow and I (1942), The story de Mary Surrat (1946).

Xavier Rojas, poblano, que hace teatro en México con renovado entusiasmo desde 1939, ha probado con El corazón arrebatado sus grandes dotes de director, ingenioso, hábil, seguro y audaz. Se ve con gusto e interés este "teatro círculo" por él dirigido, y que por su novedad –humorismo y sal– debe conocer todo el México que gusta del teatro bien presentado, bien hecho. Como el teatro en círculo es una sorpresa, más vale no anticiparle nada al futuro y curioso espectador, pero sí aconsejarle que vaya a conocerlo.

La interpretación de El corazón arrebatado fue confiada a actores todavía no francamente profesionales. Están en la raya, a punto de dejar de ser primerizos, algunos de ellos. Xavier Loya, en soldado yanqui, se "roba" la obra; está cordial, simpático, humano y, sobre todo, buen actor. En seguida, Bruno Márquez, en un personaje muy atractivo y cómodo, al que matiza y en general hace con cariño. Fue presentado –¡presentación estelar! (sic)– el joven y empeñoso actor Gerardo de Alba, y aunque demuestra que está avanzado en su carrera, no satisface plenamente en plan de figura, porque su dicción, muy defectuosa aún, le traiciona... y un actor que no habla claro, no es, en rigor, un buen actor, y defrauda en partes estelares. La cabeza en el cartel se gana paso a paso, y el arte de representar es larga, fatigosa aventura. Jorge Maunier, Julio Alemán, Carlos Freymann, Federico Cárdenas –que no habla– y Alejandro Guerrero, contribuyen con su afición y estudio al buen resultado de la comedia, y Gloria García se muestra llena de ternura en la abnegada enfermera. Un elogio merecido para el escenografista Francisco Paz Parrodi, pionero en sencillas escenografías para teatro en círculo, humor y sal.