FICHA TÉCNICA



Notas Semblanza de Ángel Pericet y Mercedes y Albano de Zúñiga, bailarines españoles con motivo de su presentación con Imperio Argentina en el Follies Bergere

Referencia Armando de Maria y Campos, “Ángel Pericet, Mercedes y Albano, en el corazón de la barriada”, en Novedades, 29 agosto 1954.




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Novedades

Columna El Teatro

Ángel Pericet, Mercedes y Albano, en el corazón de la barriada

Armando de Maria y Campos

Hace ocho años se habló por primera vez en esta columna de Ángel Pericet, y de Mercedes y Albano de Zúñiga, los eminentes bailarines españoles que acompañan a Imperio Argentina en su gira americana. Nadie antes había mencionado a estos grandes creadores del baile español. Ahora empiezan a ser conocidos en México, porque noche a noche bailan en el mexicanísimo teatro –Follies Bergere, en el mero corazón de la barriada. Debutó el cuadro español de Imperio Argentina el viernes 20, pero todavía nuestro gran público no acaba de descubrir a Angel Pericet, a Mercedes León, a Albano de Zúñiga. Y no se diga de nuestros cronistas y columnistas...

Diré en cuatro palabras quiénes son Ángel Pericet, Albano de Zúñiga y Mercedes León.

Aunque siempre actúa en pareja, en magnífica pareja, tal vez una de las mejores que hoy existen en el baile español, y muy justificada esta existencia, es Mercedes León una extraordinaria bailarina que promete llegar a un más alto puesto, dada su gran vocación, su herencia paterna y materna, su vibrante temperamento y las buenas fuentes en que bebe. Hija del malogrado y gran bailarín Frasquillo y de la buena bailadora La Quica, desde los 9 años actuaba ya Mercedes León en los cuadros flamencos de su padre, que era, además, un magnífico maestro cuyos conocimientos –las primeras letras del baile– acusa maravillosamente esta discípula, que es ya una maestra. El repertorio de Mercedes León y de su parteneire Albano de Zúñiga, es extensísimo. Todo el baile antiguo español ejecutado con la más absoluta pureza: panaderos, boleros, jotas y graciosos bailes de escuela como La malagueña y el Torero, y las danzas de La vida breve de Falla, dan a sus actuaciones tanto éxito como categoría ascendente. Ella sola "borda" un zapateado que ni antes ni ahora se puede bailar mejor. Mercedes León, ejemplo de autenticidad en el baile, es un consuelo para quienes propugnamos las falsas coreografías y las mistificaciones.

Albano de Zúñiga, parteneire de Mercedes León, es digno de ella y tan conjuntados ambos, que el verlos bailar llega a producir el efecto mágico de que aquéllo no ha podido ser fruto del estudio. Tal es la perfecta armonía, unida al brío y al acoplamiento con que ella y él se entregan al dúo de la danza. Su repertorio, extenso y perfectamente documentado en cuanto a estilo, pasos y "poses"; el cuidado del vestuario y el goce del baile, que ellos sienten y comunican, hacen de Mercedes y Albano una de las mejores parejas del baile actual, y su baile, de una autenticidad en la que deben mirarse –las y los– audaces y descabellados coreógrafos ineptos. (Contrasta la pureza y transparencia del baile de Mercedes y Albano con el fondo, o coro, del cuerpo de baile del Follies; parece que si bailaran delante de una película norteamericana en tecnicolor).

Pero la más reciente revelación, la realidad de una gran figura del baile, lo constituye Ángel Pericet. De gran abolengo, desciende de una dinastía de maestros de baile que tuvieron –en España– academias muy acreditadas, y su abuelo, llamado como él, era considerado como un perfecto conocedor de toda la tradición de baile y un sabio transmisor de los secretos de él. Alambicado por tantas destilaciones antiguas, como esas dinastías taurinas que, al cabo de dos o tres generaciones, dan un Joselito o un Luis Miguel, niños sabios dotados de todas las gracias y conocimientos de su arte, como por ciencia infusa, cuajó este joven bailarín, y pasó su infancia arrullado por el repiqueteo ensordecedor de varias docenas de palillos que, de la mañana a la noche, pulsaban las discípulas de la academia paterna. Allí estaba él, habituado, pero sin practicar, casi sin mirar las evoluciones de los aprendices, hasta que un día surgió el bailarín extraordinario que habían formado el ambiente y la sangre. Surgía sin amaneramiento ni enrarecido por la rutina, que hubiera sido lógico, sino como un archivo de sabiduría unido a una aurora de danza. Figura esbelta, andrógina, nacido para la danza y cuando ella le posee, no acusa en él ningún atributo masculino –y desde luego, en absoluto femenino–, sino que es la danza misma, el vuelo, con la misma condición asexuada de las teorías arcangélicas. Ni las necesarias, postizas patillas –cuando se las aplica–, de contrabandista novato de Sierra Morena, consiguen desangelarlo, ni con el goce que se le manifiesta bailar en pareja, de galán que sabe arrullar a su hembra, le quitan, sino que le añaden éxtasis. Garbo, técnica, sabiduría, figura, instinto musical, brío, poder, pero, todo ello, perfecto, sumido en esa aureola luminosa que es el don del baile. Como sucede en las faenas inspiradas de los toreros en tardes de triunfo, que, además y por encima de cada pase de muleta eficaz y sabio, está el color, sabor y "olor" de la faena, la gracia que no se puede analizar, ni describir. Nadie ha bailado como él el bolero –y que conste que en el documental cinematográfico Flamenco, que ahora se exhibe en el cine Palacio, alguien que es mucho en el baile español ejecuta un bolero de prodigio–. Lo bailó la noche de su presentación, y lo suspendió días después por... nuestra asesina altura. Además de la técnica, de la fuerza, de la elevación, de la gracia, de la colocación de los brazos, tiene una aptitud que no se le ha visto a nadie. Ya es bastante cuando el bolero, además de los pies y de los difíciles saltos, consigue buena colocación de brazos; son muy pocos los que lo logran, pero darle, además, vuelo en la cara, en la frente, en la actitud gallarda de toda la cabeza, sólo a él se le ha visto. La verdad es que aún no se le ha visto en México, porque nadie sabe que este extraordinario bailarín hace arte coreográfico, del más puro, en el teatro Follies Bergere –Gabriel Leiva 41–, como figura de suprema calidad en el conjunto español que encabeza la notable cancionista Imperio Argentina. Apresuráos, mexicanos y españoles, apresuráos –que mañana puede ser tarde, y cada noche que se pierden de no verlo es una verdadera lástima–, a admirar a Angel Pericet, bailarín español extraordinario.